cómo cambian las cosas…


cómo cambian las cosas…

| ´Frankenstein va a la escuela´, Gregorio Luri
Gregorio LuriDoctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y Premio Extraordinario de Doctorado, es profesor de Filosofía en la UNED de Barcelona y en la Escuela Superior de Diseño de Sabadell. Coordinador del volumen La razón del mito (2000), es autor entre otros textos de: El proceso de Sócrates (1998), Prometeos. Biografías de un mito (2001) y Guía para no entender a Sócrates (2004) Ésta es su bitácora y éste su mail: gregorioluri@telefonica.net
18-XI-09, Gregorio Luri, lavanguardia
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| Mary Shelley tituló su novela Frankenstein o el moderno Prometeo,porque el protagonista era el doctor Victor Frankenstein. Hoy el protagonismo absoluto ha recaído sobre el monstruo, que ha usurpado hasta el nombre de su creador. Victor Frankenstein era un joven inteligente y audaz movido por una síntesis explosiva de filantropía, conocimientos técnicos, entrega absoluta a su ideal y prisa por anticipar el futuro. No tuvo ni la más mínima duda sobre la bondad de su empresa. Por eso cuando se enfrenta con la obra surgida de sus manos es incapaz de reconocer en ella su autoría. “Aparta de mis ojos tu inmunda vista”, le dice. Y de este rechazo se nutre la “maldad” de la criatura. Pongo la palabra “maldad” entre comillas porque, aunque es cierto que el monstruo nos da miedo, nos negamos a considerarlo malo. Preferimos pensar que está mal diseñado. La primera edición de la novela se abría con esta cita del Paraíso perdido de Milton: “¿Acaso te pedí, creador, que transformases en hombre el barro del que vengo? ¿Alguna vez te rogué que me sacaras de la oscuridad?”. Si la respuesta a estos interrogantes es negativa, entonces la criatura es irresponsable de los fallos de su diseño. Si hay algún mal en sus obras, la culpa precede a su voluntad.
Cuando el monstruo se enfrenta a su creador, ya con las manos manchadas de sangre, lo hace con esta exigencia: “Dadme la felicidad y seré virtuoso”. No le pide que le enseñe el camino de la virtud, sino que exige la felicidad para poder considerarse a sí mismo un ser moral. En este sentido Frankenstein o el moderno Prometeo prefigura la actual sociedad terapéutica y, de manera muy especial, nuestra escuela. Hoy nadie parece ser realmente responsable de su drogadicción, su obesidad o su fracaso escolar. La culpa de lo que nos ocurre precede y condiciona nuestra voluntad. Nuestros alumnos, por ejemplo, ya no se distraen a clase, sino que padecen el “síndrome de déficit de atención”. La responsabilidad sobre nuestros vicios se ha esfumado porque no tenemos vicios de los que poder responsabilizarnos, sino enfermedades que padecemos inocentemente y reclaman la piedad de un terapeuta. Algo tiene que ver con esto el hecho de que la vieja pretensión liberal de conceder a todos las mismas condiciones de acceso al saber esté siendo sustituida por la moderna pretensión de equidad, que quiere garantizar para todos el mismo saber. 18-XI-09, Gregorio Luri, lavanguardia |
No sé quién ha escrito esto, pero yo os lo pongo porque razón no le falta.
No me gustan las cadenas de correos electrónicos (suelo romperlas todas)
pero, por una vez, os propongo que paséis el mensaje a vuestros amigos y
conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes
semovientes (no “ignorantas semovientas”, aunque ocupen carteras
ministeriales).
CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA, UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA
Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 45 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es “preescolar”, mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de “araña”, la E de “elefante”, la I de ”iglesia” (sí, sí, de IGLESIA, ¿qué pasa? ¿Se va a molestar algún árabe?), la O de “ojo” y la U de “uña”. Luego, cuando eras un poco más mayor,
llegaba “El Parvulito”, un librito con poco más de 100 páginas y un montón
de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que
apenas traen texto. Eso sí, en el Parvulito, no había que colorear ninguna
página, que para eso teníamos cuadernos.
En EGB estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos “matracas”), Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión (¡!) y Educación Física. En 8º de EGB, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de “b en vez de v” o cinco faltas de acentos, te suspendían.
En BUP, aunque yo era de Ciencias, estudié Historia de España (en 1º),
Latín y Literatura (en 2º) y Filosofía (en 3º y en COU). Todavía me acuerdo
de las declinaciones y de los verbos (poto, potas, potare, potabi, potatum, el verbo beber), de algunas traducciones (“lupus et agni in fluvi ripa aqua potaban; superior erat lupus longeque agni”: el lobo y el cordero bebían agua en el rio; el lobo estaba arriba, lejos del cordero. Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda…
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a
amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Aprendí que se
dice “Presidente” y no Presidenta, aunque sea una mujer la que desempeñe el
cargo. Y… vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos
verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “el ente”, que significa “el que tiene entidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “-nte”.
Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del sexo (masculino o femenino) del que realiza la acción. De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice ”estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no “dirigenta”; “residente”, o “residenta”.
Y ahora, la pregunta del millón: nuestros políticos y muchos periodistas
(hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son
“periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por
ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos
razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones
ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos
los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el violinisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompestisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!, o como
diría la ministra, la “Miembra”…
SI ESTE ASUNTO NO TE “DA IGUAL”, PÁSALO POR AHÍ, A VER SI LE TERMINA LLEGANDO A LA MINISTRA DE “IGUAL-DA”.
Los números del curriculum oficial
Una aproximación cuantitativa de los documentos oficiales en los que se muestran las enseñanzas mínimas revela las prioridades de lo que se considera esencial para educar a los niños y las niñas.
La palabra “tecnología” aparece 183 veces mientras que la palabra “planeta” aparece 19, la palabra “digital” es mencionada 126 veces sin embargo la palabra “árbol” aparece 5 veces, la palabra “madre” no aparece.
“Río” se muestra 4 veces, “aves” 2, “sexualidad” 5, “reciclaje” 2, “aire” 13, “mente” 1, “bosque” 1, “alimentación” 14, “reducción” 2, “ecología” 4, sin embargo “medios de comunicación” 86, “internet” 28.
No aparecen las palabras “felicidad”, “sindicato”, “pájaro”, “multinacional” o “transnacional”, “montaña”, “caricia” o “colapso”.
| Libros de texto para rematar el planeta |
| Comisión de Educación Ecológica y Participación de Ecologistas en Acción de Madrid | ||||||||||||||||||||||||
| Interesante visión sobre el currículum oculto antiecológico de los libros del sistema educativo formal, donde se recogen textos que nada tienen que ver con la grave crisis ecológica que nos envuelve. Algunas apreciaciones son estas: “Los coches eléctricos serán los coches del futuro. Utilizan un combustible barato y poco contaminante. El único problema es que las baterías no duran mucho” “El debate no es sobre comercio internacional (que puede ser muy positivo para todos) o sobre nuevas tecnologías (que son fuente posible de creatividad y de calidad de vida) sino cómo se hace la transición a la era de la información y a la economía global” Según estos dos párrafos entresacados de un libro de 6º de Primaria y otro de 1º de bachillerato pueden servir como ejemplo de lo ajenos que permanecen los textos del sistema educativo formal a la grave crisis ecológica en la que se encuentra el planeta y a la inviabilidad del modelo de desarrollo actual. Habitualmente también en los textos se destaca la exaltación de la tecnología, son ignoradas las mujeres y las culturas tradicionales . Una propuesta interesante es comentada, La Biblioteca de Aula, donde se proponer establecer una cuota escolar con la que comprar libros y material para el aula, quedando estos en el centro para os cursos posteriores. En definitiva, excesivo consumo de recursos, probada ineficacia de muchos textos, olvidos dela realidad ambiental y social en los textos de los ciudadanos adultos del futuro cercano, algo hay que retocar para comenzar a construir desde la escuela, esa sociedad sostenible tan deseada y necesaria.
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Niños en peligro
Unicef, el organismo de la ONU para la infancia, ha denunciado en su último informe la falta de progresos en la protección de los niños, marcada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluso en los países más desarrollados.

R.M. (NOTICIAS DE NAVARRA Mundo /argijokin)
1.000 millones · Conflictos
Unicef señala que hay más de 1.000 millones de niños que viven en zonas afectados por los conflictos armados (300 millones tienen menos de cinco años). En 2006 había 18,1 millones de niños entre la población que vivían con los efectos del desplazamiento, incluidos 5,8 millones de refugiados y 8,8 millones de desplazados.
70 millones· Mutilación genital femenina
La mutilación genital femenina, “una forma de violencia contra las mujeres”, se ha practicado a más de 70 millones de mujeres entre los 15 y los 49 años en 28 países de África, una cifra que aumentaría si se contabilizara el resto del mundo.
150 millones · Trabajo infantil
Unos 150 millones de niños entre los cinco y los 14 años en todo el mundo sufren el trabajo infantil. El trabajo infantil es más común en el África subsahariana, donde más de un tercio de niños trabajan, sobre todo en el sector agrícola. Los menores, y las niñas en particular, comienzan a trabajar entre los cinco y los siete años.
2 millones · Niños sin hogar
Hay más de dos millones de niños bajo cuidado de algún tipo de institución en todo el mundo, más de 800.000 en Europa del Este y Central. La cifra global podría ser mayor, puesto que muchas instituciones no se registran.
64 millones· Matrimonios jóvenes
Hay registrados unos 64 millones de mujeres que se han casado antes de los 18 años, pero la cifra real puede triplicarse. Además, unos 51 millones de niños no tienen registrado su nacimiento (la mitad en Asia meridional).
A pesar de la gran atención internacional que se concede en la actualidad a la protección de los menores, hay niños que están siendo maltratados en todos los países del mundo, que trabajan en condiciones peligrosas o son reclutados por las fuerzas armadas o grupos armados, que sufren la explotación sexual en las calles, que son obligados a contraer matrimonio demasiado pronto u obligados a vivir sin cuidado parental, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
También señala que la magnitud del problema deja claro que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) no podrán lograrse a no ser que se realice un progreso más rápido y decidido hacia la protección de los niños, y destaca que la cifra de menores expuestos a estas violaciones es profundamente inquietante.
Millones de menores aún están sujetos al tráfico de personas o no son registrados al nacer, por lo que carecen de la documentación necesaria para asistir a la escuela y acceder al sistema sanitario. Millones más se enfrentan a la violencia o al abuso en su hogar, en su escuela o en su comunidad, a menudo por parte de los adultos encargados de su cuidado, denuncia en su informe sobre protección infantil.
“Una sociedad no puede crecer si sus miembros más jóvenes se ven forzados a contraer matrimonio siendo niños, si se abusa de ellos como trabajadores sexuales o si se les niegan derechos básicos”, afirma la directora ejecutiva de Unicef, Ann Veneman. “Entender hasta dónde llegan los abusos de los derechos de los niños es el primer paso para construir un ambiente donde los menores puedan estar protegidos y tener la oportunidad de alcanzar su potencial”, añade.
El informe recopila por primera vez datos de diferentes cuestiones que impactan en los niños, como el abuso sexual y el tráfico, el matrimonio infantil, el castigo físico y el trabajo infantil, entre otros, aunque Unicef subraya que algunos de los abusos, como la explotación sexual y el tráfico, se llevan a cabo en condiciones secretas por su ilegalidad, por lo que recopilar datos supone un desafío. Esta agencia de la ONU también indica que 150 millones de niños entre los cinco y los 14 años en todo el mundo sufren el trabajo infantil, según los datos de 102 países.
“El trabajo infantil es causa y consecuencia de la pobreza, y perpetúa el empobrecimiento ya que compromete gravemente la educación de los niños. Al entrar a una edad temprana en el mercado laboral, la mayoría de ellos retrasan su entrada en la escuela y no completan su educación o no asisten nunca”, dice el informe.
Inmigración
También afirma que, cuando las niñas que trabajan también van a la escuela, soportan una triple carga, la de las tareas domésticas, los trabajos escolares y el trabajo fuera de casa, ya sea pagado o sin pagar, por lo que, “inevitablemente, se reducen sus logros educacionales”.
Respecto a la inmigración, el Banco Mundial (BM) estima que un tercio de los emigrantes en vías de desarrollo son jóvenes entre los doce y los 24 años. Un estudio reciente ha subrayado la vulnerabilidad de todos estos jóvenes durante todas las etapas de la migración. En las comunidades de origen, los niños que son dejados atrás por sus padres, que son quienes emigran, deben afrontar el impacto psicológico de estar separados, y crecen los riesgos de abuso sexual y físico. Aunque los hijos de los emigrantes que tienen éxito se benefician en términos materiales, los menores que son separados de sus padres debido a la migración tienen el doble de probabilidades de experimentar estrés emocional.
En las comunidades de destino, los menores normalmente carecen de documentación, por lo que se enfrentan a la discriminación, la falta de acceso a la educación y a los servicios médicos. También debilita sus mecanismos de supervivencia el hecho de estar fuera de su red familiar.
El informe subraya igualmente que establecer datos fiables de los niños y adolescentes que han sufrido el abuso y la explotación sexual ha sido uno de los principales desafíos. “Es probable que las cifras abarquen millones, y que los menores de todas las edades y lugares de cada región del mundo puedan ser víctimas de la explotación y abuso sexual”, señala.
También en los países industrializados los menores sufren violencia, tienen que trabajar de manera forzosa y sufren el tráfico de personas, a lo que se unen las prácticas dañinas en las comunidades inmigrantes. Una reciente revisión de los estudios que miden el maltrato infantil encontró que se abusa físicamente de al menos un cuatro por ciento de los menores en los países desarrollados, y uno de cada diez sufre negligencia o abusos físicos (por parte de sus padres o de cuidadores en al menos un 80% de los casos). En gran parte de los países industrializados, la mayoría de los padres considera el castigo corporal de los menores como aceptable, se afirma en el informe de Unicef. Otro de los aspectos destacables que recoge el informe de la agencia de las Naciones Unidas (ONU) para la infancia es el de los menores que carecen de cuidado parental, un hecho que define como “todos los niños que no viven con al menos uno de sus padres sea cual sea la razón y bajo cualquier circunstancia”. El sida es uno de los factores, así como el abuso, la explotación y la negligencia.
NDN Mundo 01-11-2009
DISEÑO y RECOPILACIÓN © argijokin<•>
Textos de lectura fácil
(Visto en Eroski)
La adaptación de ciertos contenidos facilita su comprensión por parte de personas mayores, con discapacidad o inmigrantes
Al menos un 30% de la población tiene problemas para leer. Es el caso de algunas personas con discapacidad, mayores o inmigrantes con un conocimiento insuficiente del idioma. Para estos grupos, se ha ideado un sistema de lectura fácil. Los escritos se redactan de acuerdo a unas normas que facilitan la comprensión y la accesibilidad, con palabras sencillas y de cuerpo grande.
Los documentos plagados de tecnicismos o con una sintaxis compleja dificultan la lectura. Son factores que desaniman a quienes, por alguna razón, tienen problemas para entender un escrito. No obstante, estos contenidos han propiciado un nuevo modelo de redacción: los textos de lectura fácil. Son libros, documentos, incluso páginas web, que se elaboran “con especial cuidado para ser leídos y entendidos por personas con dificultades lectoras”, detalla la Asociación Lectura Fácil (ALF). Siguen las directrices de la International Federation of Library Associations (IFLA) respecto a contenido, lenguaje y forma.
Se calcula que al menos tres de cada diez ciudadanos tienen problemas para leer. Son personas discapacitadas, mayores o inmigrantes con un conocimiento insuficiente del idioma, entre otros. La citada asociación es una de las entidades pioneras, que trabaja en este ámbito desde 2003. Integrada por profesionales del mundo educativo y bibliotecario, colabora con organizaciones nacionales destacadas y forma parte de la International Easy-to-Read Network (Red Internacional de Lectura Fácil).
Normas de adaptación
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La clave de estos nuevos textos está en el lenguaje. Con frecuencia, los escritos legales u oficiales se redactan con un vocabulario complejo o expresiones farragosas. La lectura fácil recurre a un lenguaje sencillo que evita términos abstractos o simbólicos. El contenido describe los acontecimientos en orden cronológico. “Narran historias con una sola línea argumental, dan continuidad lógica a la acción y relatan acciones directas y simples, sin excesivos personajes”, precisa ALF.
Otros factores que distinguen a estos textos son visuales. El cuerpo de las letras es grande, se dejan márgenes e interlineados amplios y la longitud de cada línea es limitada. Las frases se adaptan al habla y se cortan en el mismo punto en el que la voz se para al pronunciarlas. Los contenidos, además, se acompañan de imágenes que facilitan la comprensión.
Un escrito de lectura fácil transmite la información esencial, sin detalles superfluos; evita los conceptos complicados y los explica cuando sean inevitables; recurre a palabras sencillas y frases cortas, con una media de diez términos; no emplea la forma pasiva; y aprovecha las ilustraciones para completar el argumento.
Logotipo europeo de identificación
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Para saber si un texto se adapta a estas directrices, la Asociación Lectura Fácil identifica los libros adaptados con el logotipo LF. No obstante, hay varios distintivos. La organización Inclusion Europe, de la que forma parte FEAPS, cuenta con su propio diseño. En su caso, los contenidos se adaptan a las necesidades y habilidades de las personas con discapacidad intelectual.
El objetivo es facilitar el acceso a la información, por lo que el pictograma indica que el contenido es el mismo que el del texto original, pero con frasess cortas que expresan una idea. Es un sistema que se utiliza en varios lugares de Europa, de forma que los escritos se reconocen con un único dibujo en diversos países del continente.
Clubes de lectura fácil
En su afán por fomentar la lectura, la ALF impulsa la creación de clubes de lectura fácil, en colaboración con la Red de Bibliotecas Públicas. Cada club está formado por un grupo de personas con distintas capacidades lectoras, que leen un mismo libro guiados por un monitor.
La Fundación Ciudadanía también ha puesto en marcha esta iniciativa. En su caso, se dirige a personas que leen poco y tienen dificultades para mantener la atención. Cada sesión dura una hora y media. Durante este tiempo, los participantes leen en voz alta un texto, de manera individual, mientras el coordinador realiza preguntas relacionadas con el escrito.
El programa se centra en quienes leen poco, con dificultades para mantener la atención y necesidades de apoyo, como personas con parálisis cerebral, autismo o trastornos de la comunicación (disfasia), además de inmigrantes y mayores. Entre las obras adaptadas destacan ‘Don Quijote de la Mancha’, ‘Robinson Crusoe’ y ‘El Lazarillo de Tormes’, o cuentos infantiles como ‘La ratita presumida’ y ‘El patito feo’.
visto en El mundo.es
MADRID.- Cuando usted haya empezado a leer este artículo pensará que se trata de una historia ya contada y sabida, pero no es cierto. A diferencia de documentos anteriores, basados en estudios científicos que han demostrado una relación entre la exposición directa a la televisión y el aumento del riesgo de comportamientos agresivos en los niños, éste que usted está leyendo ahora aporta datos nuevos y sorprendentes.
El más importante es que la ‘caja tonta’ tiene la capacidad de ejercer su mala influencia sobre los menores aunque no la estén viendo.
Jennifer Manganello, de la Universidad de Albany en Nueva York (EEUU), y autora principal de la nueva investigación asegura a elmundo.es que “que una posible explicación podría ser que cuando un padre pone un programa de televisión específicamente para su hijo, puede elegir los programas que sabe que no contienen violencia. Pero si el niño pasa a estar en un lugar del hogar donde otros miembros la están viendo puede acabar observando una programación con violencia”.
Esta especialista reconoce que a diferencia de los estudios anteriores en este campo ha incluido en su análisis otras variables que se asocian a una mayor agresividad en los menores de tres años para no alterar los resultados del estudio. Así, y además de valorar el tiempo que pasan frente al televisor, examinó las horas diarias que la ‘tele’ permanece encendida en sus hogares.
También se tuvieron en cuenta “las enfermedades de la madre durante el embarazo, así como el padecimiento de depresión, dado que ambos factores están relacionados con un aumento del riesgo de comportamiento agresivo en los pequeños. Lo mismo sucede si los padres tienen actitudes negativas u hostiles hacia ellos o si, por el contrario, mantienen actividades familiares, como leerles cuentos”, reza la investigación que ha visto la luz en el último ‘Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine’.
Tanto esta científica como su equipo examinaron asimismo si las madres o sus hijos estaban expuestos a violencia intrafamiliar y cómo eran las características sociodemográficas de los participantes. “Tanto un estatus socioeconómico bajo como un menor nivel educativo de los progenitores se relaciona con un aumento de las posibilidades de que los descendientes exhiban comportamientos violentos”.
Todas estas variables fueron analizadas en una muestra de 3.120 madres cuyos hijos tenían una edad media de entre 30 y 50 meses en el momento de realizar el estudio. Las participantes formaban parte de la investigación ‘Estudio de la fragilidad familiar y bienestar de los niños’ llevado a cabo con menores nacidos entre 1998 y 2000 en 20 ciudades estadounidenses.
“Los padres fueron interrogados sobre el tiempo que sus hijos veían la tele, así como por el resto de factores a través de cuestionarios. Como resultado encontramos que un 65% de los pequeños ve la televisión más de dos horas al día [la recomendación de la Academia de Pediatría Americana que los pequeños de 3 años o mayores no vean la tele más de dos horas al día. No hay recomendación para los menores de 36 meses]. “, aclara la autora principal.
Pero, además, los datos revelan una exposición no directa al televisor de cinco horas al día, como media. “Tras tener en cuenta las variables familiares (violencia), sociodemográficas o las enfermedades mentales maternas nos encontramos que los pequeños expuestos directa o indirectamente a la televisión eran más agresivos”, destaca la investigación.
Otra explicación posible de por qué la ‘tele’ aumenta el comportamiento violento de los infantes aunque éstos ni siquiera la estén viendo podría estar en el ambiente familiar que genera la necesidad de encender tanto este aparato.
“Los padres que admiten que sus hijos la ven mucho reconocen que usan la ‘caja tonta’ como ‘canguro’. Además, el aumento de horas que permanece encendida en un hogar se relaciona con otro tipo de rutinas, como falta de disciplina, poca comunicación entre padres e hijos, el menor tiempo dedicado a otras actividades o mayores posibilidades de que los pequeños escuchen o vean programas con contenidos de adulto”, agrega el artículo.
A este hecho se debe añadir que “estudios previos han encontrado contenidos violentos en los anuncios de publicidad de películas y en dibujos animados de la televisión, de ahí el riesgo para el pequeño aunque no la esté viendo directamente”, insiste la doctora Manganello.
La agresividad precoz infantil es “problemática para los padres, los profesores y los compañeros de clase. Y en algunos casos es un predictor de problemas futuros serios, como delincuencia juvenil… Los pediatras deberían asesorar a los padres sobre la necesidad de no sólo reducir la exposición directa al televisor, si no también la indirecta” para mejorar el comportamiento de sus hijos y su relación con ellos, concluyen los científicos de EEUU.
Y no sólo, para la investigadora de la Universidad de Albany “todos los profesionales que trabajan con o hablar con los padres sobre temas de educación debe ayudarles a ser conscientes de los aspectos positivos y negativos de los medios de comunicación, como la televisión, y qué medidas se pueden tomar para reducir las malas consecuencias”.
Elinor Ostrom: un Nobel de Economía bien ganado
(Por Mario Bunge: rio Bunge es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democrático y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlacanista”.
La Nación, 14 octubre 2009)
Felicitaciones a los señores directores del Banco de Suecia y de la Academia Sueca de Ciencias. Esta vez acertaron al darle el premio 2009 a Elinor Ostrom. Ya era tiempo que se lo dieran a una socioeconomista progresista, en lugar de regalárselo a algún ideólogo cavernícola, como han acostumbrado hacerlo.
También era tiempo de que galardonaran a una mujer, la primera desde 1982, año en que premiaron a la socióloga Alva Myrdal, esposa y colaboradora de Gunnar Myrdal, premiado en 1974, y uno de los arquitectos del Estado sueco moderno.
¿Cuál es el principal mérito académico de la doctora Ostrom, profesora en Indiana University? Que estudió y propició la autogestión del bien común, tal como lo viene haciendo todos los jueves a mediodía el Tribunal de Aguas de Valencia, desde que lo instalaron los moros en el año 960.
¿Por qué importa este aspecto de la obra de Ostrom? Porque ha sido ignorado por casi todos los economistas políticos, no sólo los viejos conocidos de la derecha, sino también los marxistas, siempre enemigos de las cooperativas.
En efecto, casi todos los economistas reconocen sólo dos regímenes de propiedad: la privada y la estatal. No les interesa el tertium quid , la propiedad colectiva autogestionada, la que escapa tanto a la garra del gran capital como a la del Estado autoritario.
La economía política estándar propone los postulados siguientes:
1- Todos los bienes deberían ser de propiedad de particulares o corporaciones. (¿Por qué? Porque lo digo yo.)
2- El ojo del amo engorda al ganado: la propiedad sin dueño se deteriora, como lo demuestra la tragedia del bien común, tal como el ejido o el pastizal de la aldea. (¿Por qué? Porque lo dijo Garrett Hardin.)
3- El Estado debería ser mínimo: su única función debería ser garantizar el funcionamiento del mercado libre, o sea, el capitalismo sin reglas (Friedrich Hayek, premio Nobel 1974 y Milton Friedman, premio Nobel 1976).
Si hubiera popperianos de izquierda, acaso dirían que la contribución de Ostrom fue refutar el segundo postulado. Pero cualquiera podría argüir que refutar una proposición es lo mismo que confirmar su negación. No importa, sigamos.
En 1968 la prestigiosa revista Science publicó el artículo The tragedy of the commons , o sea, “La tragedia del bien común”. Este hizo famoso a su autor, el ecólogo tejano Garrett Hardin, quien ya se había destacado por su defensa del principio sistémico “no puedes hacer una sola cosa” y su principio de exclusión competitiva (que discutimos en mi seminario de filosofía de la biología, en 1962, en la Universidad de Buenos Aires).
¿En qué consiste la tragedia de marras? Si todos los habitantes de una aldea tienen libre acceso a un pastizal común, todos pondrán a pastar tantos animales como puedan. De esta manera, el pasto no tendrá tiempo de volver a crecer, y el pastizal se acabará para mal de todos. La moraleja que sacó Hardin es que la propiedad sin propietario se deteriora hasta destruirse.
En su libro Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action (1990), Elinor Ostrom refuta a Hardin. Lo hace recurriendo a ejemplos históricos de autogobierno de bienes comunes, tales como tierras comunales (como los ejidos mexicanos), bosques (como muchos en la India), acequias (como las del río Turia), pesquerías (como la del Maine) y tambos (como los del Gujurat).
El resultado neto es que lo que importa para preservar un bien no es la propiedad sino la administración. Tanto es así, que una empresa privada mal administrada no beneficia siquiera a sus propietarios. La economía experimental y la psicología social contemporáneas nos dan datos para explicar por qué tiene razón Elinor Ostrom y, por el mismo motivo, por qué no la tuvo Garrett Hardin.
En efecto, esas ciencias han demostrado que solamente una minoría procura siempre maximizar sus utilidades esperadas, sin importarle si perjudica al prójimo. La mayoría de los seres humanos somos considerados y cooperativos. Basta consultar el volumen colectivo Moral Sentiments and Material Interests: The Foundations of Cooperation in Economic Life , publicado en 2005 por los economistas Herbert Gintis, Robert Boyd, y Ernst Fehr.
En mi libro Filosofía política (2009) cito muchas veces la obra de Ostrom, que sintoniza con una parva de documentos sobre el funcionamiento de cooperativas de todo tipo dispersas por el mundo, en particular, los anuarios de la Alianza Internacional de Cooperativas y de la Oficina Internacional del Trabajo, que mantiene la ONU en Ginebra.
En resumen, profesora Ostrom: enhorabuena por haber contribuido a resaltar el lado angélico de la bestia humana, y por haber desprestigiado a la economía y la filosofía políticas que dan por sentado que todos somos rapiñadores y carroñeros. Era tiempo de que el Premio Nobel lo ganase quien cree que la economía y la política pueden ser beneficiosas para la mayoría si reemplazan el pesimismo de Hobbes por el optimismo de Rousseau, y la incompetencia del asesor financiero por la competencia del almacenero de la otra cuadra.
Ma
Se trata de una anécdota real que se repite con cierta frecuencia en nuestra sociedad, donde los comportamientos corteses y la atención para con los demás no son ya la regla sino la excepción. El sociólogo Javier Elzo entiende que se trata de un tema recurrente que se manifiesta en las más diversas situaciones. Una de las más frecuentes es la del uso del «tú»: “hemos llegado a un mal tuteo: no se trata del tuteo sueco, sino de una falta de respeto a los mayores. Y eso se nota especialmente con los profesores de primaria y de secundaria, a los que los alumnos tratan como si fueran un amiguete más”.
Vivimos, pues, ante una pérdida de los códigos de respeto intergeneracionales que Aquilino Polaino, catedrático de psicopatología del CEU, vincula muy directamente con una sociedad cada vez más individualista en la que “el compromiso entre personas es moneda de poca circulación, la palabra empeñada sirve de muy poco, hay una tendencia al hedonismo generalizada y donde se reclaman los derechos y se olvidan los deberes”.
Elzo abunda en ese sentido al señalar cómo ese individualismo exacerbado ha fragilizado enormemente los lazos sociales. Y sin ellos, estas actitudes que desprecian las normas de educación acaban generalizándose. Elzo entiende que la primera responsabilidad, en este sentido, es de los medios de comunicación. “Cuando uno ve los programas que ocupan gran parte del horario televisivo, como son los de corazón, y se da cuenta lo de horteras y ordinarios que son, no puedes pretender que la gente se comporte de manera cortés en la vida cotidiana: simplemente están imitando lo que ven”.
Pero más allá de quiénes sean los causantes, y de que los programas televisivos influyan decisivamente o no en las prácticas sociales, lo cierto es que estamos inmersos, dicen los expertos, en una epidemia de preocupante individualismo que se caracteriza por su completo desinterés por los demás. Como dice Elzo, “la gente va a su bola (por utilizar los términos que ellos emplean) y le da igual quién tenga al lado”. Y, al final, el otro sólo es importante cuando nos sirve de algo. Así, asegura la psicóloga clínica y escritora Lola López Mondéjar “no vemos al otro como un semejante sino como alguien meramente funcional. El otro nos interesa en la medida en que nos es útil. En ese sentido, nos comportamos como si hubiéramos sustituido las normas éticas por las leyes mercantiles. Si vales algo, te respetan; si no, te conviertes en invisible”.
Polaino coincide en esta utilización instrumental de los demás como comportamiento en alza de de nuestra sociedad. “O se pasa de los demás o se les manipula para conseguir algo de ellos”. Y eso, que para el catedrático constituye la esencia del individualismo, da como resultado una comunidad “donde la relación entre las personas es cada día más liviana, y donde cada uno se blinda en su yo. Estamos en un mundo lleno de narcisismo, y así no hay manera de hacer sociedad”.
“O se pasa de los demás o se les manipula para conseguir algo de ellos. La relación entre las personas es cada día más liviana, y donde cada uno se blinda en su yo. Estamos en un mundo lleno de narcisismo, y así no hay manera de hacer sociedad” .
Una situación que sufren especialmente, avisa López Mondéjar, quienes no tienen nada que ofrecer en ese juego utilitario. Es decir, aquellos que están en situación de necesidad. “Este ideal igualitario que pretende hacernos tratarnos a todos del mismo modo es algo que no se puede consentir porque el débil siempre necesita más apoyo. Esa falta de cuidado que hoy percibimos con los ancianos, las mujeres etc., es señal de que hemos perdido importantes valores sociales”. Algo que se deja sentir especialmente en contextos, como el de los negocios o el del trabajo, donde ayudar a alguien que está pasando una mala época o que ha caído en desgracia es visto como un notable signo de debilidad. “Estamos en el mercado y tenemos que ser fuertes y competitivos, porque nadie quiere un producto defectuoso. Por eso, como se nos exige que tengamos la apariencia de un producto óptimo, alejamos de nosotros la debilidad: la negamos siempre que podemos”.
Y los jóvenes son el colectivo que más ha interiorizado esta ilusión de fortaleza. Como cuenta López Mondéjar, es muy llamativo que los jóvenes no sólo traten de aparentar rudeza y que, por tanto, no se atrevan a mostrarse en situaciones en las que quedan expuestos, sino que “ni siquiera se permiten hablar entre ellos de debilidad. El que lo hace es visto como un bicho raro”.
Para Polaino, estas actitudes de los jóvenes tienen que ver con la imitación de los comportamientos que ven en su vida cotidiana, pero avisa de que no es infrecuente que estos fenómenos circulen en doble dirección y que los adultos acaben por copiar actitudes adolescentes: “también los mayores imitan a los jóvenes y tratan de seguir su mismo itinerario. Del mismo modo que cada vez vemos más cuarentañeros que tienen su movida los viernes por la noche (solteros, casados, de todo), también vemos más adultos que no toman en cuenta las normas de educación. Cuando la insolidaridad se hace carne termina por afectar a todo el mundo”. Con consecuencias en todos los estratos sociales y en todas las capas de edad, por tanto: “hoy no se atiende a las personas de la tercera edad con la misma educación con que se las trataba en buena parte del siglo XX pero tampoco los mayores saben dar a los jóvenes lo que necesitan. Cuando a un joven se le concede tiempo y se le enseña, responde muy bien. Porque los jóvenes también tienen ganas de ser generosos de apoyarse en los demás y de crecer, y es algo que esta sociedad individualista no puede bloquear”.

Por lo menos eso es lo que promete Approbo, una nueva aplicación gratuita a través de la red pensada para encontrar plagios de cualquier documento en el ciberespacio. O mejor dicho, si un mismo texto se encuentra repetido en alguna página web, ya sea total o parcialmente, y además mostrar claramente dónde se encuentra repetido el informe en cuestión.
Su funcionamiento es sencillo. Únicamente se ha de cargar un archivo en la página de la herramienta y con un click en pocos segundos se sabe si el texto contenido en el documento de cualquiera de los formatos que cargan Microsoft Office, Adobe Reader u OpenOffice- está en Internet y dónde.
Incluso permite comprobar en qué grado se ha realizado la copia mediante una pantalla que muestra al mismo tiempo ambos textos, el original y el acusado de copia. De esta forma se puede ver qué contenidos han sido utilizados y de qué forma.
“Hemos intentado desarrollar una herramienta sencilla, intuitiva y que pueda usar cualquiera”, señala el director general de Symmetric, Josep Lluís Manso, la empresa barcelonesa que ha desarrollado la aplicación.
Se trata de un software totalmente gratuito al haber sido financiado por Citilab, un portal de educación online participado por varias administraciones públicas, y poder alojarse en sus servidores.
La herramienta utiliza los motores de búsqueda para encontrar dónde se encuentran coincidencias con el texto original que se sube a la web. A partir de ese punto, comprueba palabra por palabra todo el archivo y lo visualiza de manera gráfica. Únicamente tarda unos segundos en mostrar si hay coincidencias, y para mostrarlas en pantalla otros más. En el caso de grandes documentos, de unas 200 páginas o más, se puede demorar como mucho dos minutos.
“No es lo mismo que hace, por ejemplo, Google. Un buscador te da la información en bruto, nuestro programa es capaz de validar que hay una copia, busca la información y te la muestra”, justifica Manso.
Ideal para la comunidad docente
Principalmente se ha creado con la intención de convertirse en la pesadilla de la legión de alumnos holgazanes que, tras navegar unos minutos, ‘copian y pegan’ un texto dejando al profesor con la duda de si se trata de un trabajo hecho a conciencia o mediante unos cuantos clicks en la red.
“Lo hemos desarrollado sobre todo para el entorno educativo”, explica Manso, quien estima que “con Internet nos enfrentamos al ‘corta y pega’ y, para ello, necesitamos herramientas”.
Sin embargo, desde Symmetric afirman no estar en contra de la copia. “Estamos a favor de que los documentos, cuando son buenos, se copien y se extiendan; lo único que reafirmamos es que se cite a las fuentes”, explican.