El buen ejemplo del mal profesorado

Origen: El buen ejemplo del mal profesorado

 

El buen ejemplo del mal profesorado

En educación existe un común acuerdo sobre el aprendizaje a partir de los errores. Pero siempre asociamos ese error al aprendiz. Pero ¿qué ocurre cuando el error lo comete el “maestro”? ¿es una catástrofe o también se puede aprender?

Hace unos días, durante un curso sobre innovación educativa, una participante decía que los malos profesores le habían servido de inspiración “para saber qué no hacer”

Siempre hablamos de la huella que deja el buen profesor, esa persona de la que siempre recuerdas alguna anécdota, que te guío en tu vida académica e incluso que te marco en tu camino profesional.

Pero también el mal profesor deja huella, has odiado su asignatura, hizo que no te gustara aprender o comprobaste que era mejor opción preparar la asignatura por tu cuenta en vez de asistir a sus clases. Desgraciadamente, como ocurre con el buen profesorado, tampoco lo olvidarás en toda tu vida.

Todas aquellas personas que van a ser futuros docentes deben aprender del buen profesorado y del mal profesorado. El buen profesorado ayudará a recorrer el camino y siempre con ánimo de mejorar. El mal profesorado indicará el camino por el que nunca se debería transitar.

Es cierto que sufriremos al mal profesorado, pero si sacamos lecciones aprendidas estas nos ayudarán a mitigar ese sufrimiento, nos servirá para mejorar como docente y nuestro alumnado nos lo agradecerá infinitamente.

Bienvenido sea el mal profesorado, su ejemplo nos servirá de guía.

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Taxonomía de Bloom

Taxonomía de Bloom para la era digital

La taxonomía cognitiva de Bloom, clasifica las operaciones cognitivas en seis niveles de complejidad crecientes (recordar, entender, aplicar, analizar, evaluar y crear). Esta teoría permite conocer y desarrollar diferentes procesos educativos para llegar a lo más alto de la pirámide (crear). Con la taxonomía podemos saber las capacidades adquiridas por nuestros alumnos (por ejemplo, para que un alumno sea capaz de aplicar conceptos, ha de poseer las habilidades inferiores: recordar y entender).

Los verbos empleados en muchas de las actividades, acciones, procesos y objetivos que llevamos a cabo en nuestras prácticas diarias de aula. Pero no atienden los nuevos objetivos, procesos y acciones que, debido a la emergencia e integración de las TIC, hacen presencia tanto en nuestras vidas y en las de los estudiantes, como en las clases e, incrementalmente, en casi todas las actividades que a diario acometemos.

Por las razones anteriores, debemos subsanar este déficit y revisar nuevamente la taxonomía para “digitalizarla”, de allí nace esta Taxonomía de Bloom para la era digital.

bloomdigital

PODEMOS AÑADIR la Pirámide de Bloom de Samantha Penney

Fuente: http://www.xarxatic.com

B2

 

fuente: http://www.eduteka.org/TaxonomiaBloomDigital.php

¿Quieres ser un profesor así?

¿Quieres ser un profesor así?

Escribe Javier Tourón.


Hace unos meses, por razones que no son del caso ahora, prologué un libro de homenaje que su familia hacía a una profesora excepcional. Lo escribí de corrido, lo he leído varias veces y he pensado, otras tantas, que a mí me gustaría ser un profesor así, que fuese recordado por sus alumnos como esta profesora lo es. Entiendo que compartirlo con todos vosotros es una idea magnífica. A ella no le parece mal, a mí tampoco.

Elogio al profesor que, seguro, todos quisiéramos ser

“Se dice, me parece que con acierto, que se educa más por lo que se es que por lo que se dice; se educa sobre todo si lo que se es y lo que se dice conviven en razonable armonía.

Un profesor no es una persona que dicta lecciones, es una persona que educa con su presencia, con su porte, con su talante, con su modo de estar y de conducirse ante sus alumnos.

Un profesor es alguien que transmite humanidad, que trasluce una concepción de cómo entender el mundo y la existencia. Por eso nunca puede ser reemplazado por una máquina digital, ni por una realidad virtual, porque a la postre la educación se resuelve en un encuentro entre personas.

Cuando un profesor tiene un don, como el caso que nos ocupa, se produce una suerte de magnetismo entre él y sus educandos, una especie de simbiosis que enseña sin enseñar, muestra sin mostrar, enamora sin imponer.

Un profesor así es una rara avis que deja una huella indeleble en quienes han compartido juntos la aventura de aprender, que no se desvanece con el tiempo, no se borra; quizá se matiza y adquiere nuevos destellos a medida que el educando va creciendo y madurando en su propia educación.

Se educa por lo que se es, en particular en la enseñanza, cuando se es buen profesional, es decir, cuando se es competente en lo que se hace, cuando se tieneauctoritas. Pero es preciso algo más que la competencia profesional, condición primera, pero en modo alguno única. Hace falta algo más que un saber técnico bien administrado para promover una auténtica educación.

Es preciso el don de sí mismo en la tarea compartida entre el educador y el educando. Es necesario que el educando se sienta amado por quien le educa.

Pero, ¿es posible un profesor así? Las páginas que siguen [los escritos de los alumnos sobre este profesor que aquí, naturalmente, se omiten] son un testimonio y una demostración libre y espontánea de que sí, de que es posible, si bien excepcional, que el magnetismo que es necesario para que la educación brote, como si de un milagro se tratase, se da en algunas personas.

Este es el caso de [nuestro profesor homenajeado] , una de esas personas que hacen que la aventura de aprender se convierta en la aventura de vivir, en la aventura de ser mejor cada día, porque enseñó a muchos alumnos, con autenticidad, que vivir y aprender son una aventura que merecen la pena.

Yo he querido, como a hurtadillas, promover el pequeño testimonio de estas páginas, para que sean ejemplo de bien hacer y de bien vivir para los que tenemos la suerte de (…) conocer profesores así.

[Dedicatoria]

Cizur Menor, 31 de Enero de 2015, fiesta de San Juan Bosco.

¡Yo quisiera ser un profesor así!


Tomado de Javier Tourón “Talento, educación y tecnología”

LOS MALOS ALUMNOS NO EXISTEN; LAS MALAS ESCUELAS, SÍ

LOS MALOS ALUMNOS NO EXISTEN; LAS MALAS ESCUELAS, SÍ

400 GOLPES 14

Siempre he sentido predilección por los “malos alumnos”. Algunos eran mucho más creativos e inteligentes que sus compañeros, con notas más brillantes y actitudes más previsibles. Conservo un recuerdo particularmente afectuoso de Damián. Era un chico delgado, más bien bajito, con el pelo rizado y un corrector dental. Se pasaba las clases escribiendo cuentos, que ilustraba con unos dibujos originales y creativos. No le preocupaba suspender. Era educado y respetuoso, pero se aburría y prefería dar rienda suelta a su imaginación. Sus relatos reflejaban sus lecturas: Poe, Tolkien, Lovecraft. Hablar con él resultaba agradable, pues era apasionado, reflexivo y soñador. Vivía en un mundo diferente al de los demás. Sus compañeros le consideraban un bicho raro y le hacían el vacío. Suspendía cinco o seis materias cada trimestre, pero aprobaba las recuperaciones y, a duras penas, pasaba de curso. Los profesores lamentaban su escasa motivación. Le consideraban un vago y un irresponsable. Por supuesto, ninguno se planteaba que el problema no era Damián, sino el sistema educativo, cuyo objetivo real no es enseñar, sino vigilar, clasificar y castigar. Pienso que los alumnos como Damián inspiran miedo, pues rompen o cuestionan el discurso de la enseñanza tradicional. Son chicos con inquietudes, con un temperamento artístico y una curiosidad inagotable. No se adaptan a la rutina de escuchar pasivamente, memorizar y aprobar mediante exámenes que sólo miden el grado de adaptación al sistema. Muchos escritores han sido pésimos estudiantes. En Memorias de un loco, Gustave Flaubert escribe: “Llevado a un colegio desde la edad de diez años, pronto fui ofendido en todas mis inclinaciones: en clase, por mis ideas; en el recreo, por mi tendencia a una recelosa soledad. Viví solo y aburrido, atormentado por mis maestros y escarnecido por mis compañeros. Tenía un carácter mordaz e independiente y mi cínica ironía no perdonaba ni los caprichos de uno solo ni el despotismo de todos”.
Tal vez Flaubert emplea un tono excesivamente airado, que refleja resentimiento, pero nos es fácil mostrarse templado cuando has sufrido el autoritarismo de los profesores y la incomprensión de tus compañeros. Muchas veces, Damián y yo hablábamos en el patio, sin disimular nuestro entusiasmo por Los crímenes de la calle Morgue o Los mitos de Cthulhu. Creo que me sentía identificado con él. Yo fui un estudiante de características similares, pero en un colegio de los Sagrados Corazones, donde al tedio de las clases magistrales se sumaban los castigos físicos y las vejaciones. Yo era profundamente desdichado en la escuela, pero entonces se consideraba que la felicidad no era un objetivo pedagógico. Los que hoy hablan de “cultura del esfuerzo” reproducen la visión pedagógica de mis curas. Ya no se dice que “la letra con sangre entra”, pero se presupone que el estudio se basa en la abnegación, el sacrificio y la disciplina. ¿Cuándo ha sido divertido estudiar gramática o aprender la física de Newton? Fui tan mal alumno como Damián, pero aprobé las oposiciones de profesor de filosofía de la Comunidad de Madrid con el número uno. ¿Sacrificio, esfuerzo, abnegación? No. Infinitas horas de lectura que me enseñaron a amar las distintas formas de conocimiento. Con dieciséis años, leí Crimen y Castigo, de Dostoievski. Me fascinó la historia, a medio camino entre la novela policíaca y el ensayo filosófico. De inmediato, quise saber más, conocer la filosofía nietzscheana del superhombre, coartada teórica de Raskólnikov para hundirle un hacha en la cabeza a una usurera. No me resultaba menos atractiva la figura del autor, confinado en Siberia y sometido a un simulacro de fusilamiento por conspirar contra el zar Nicolás I. Seguí tirando del hilo y acabé leyendo sobre el nihilismo, las utopías, las revoluciones, el pacifismo, las crisis de fe y la historia de Rusia. Incluso investigué un poco sobre la epilepsia y la ludopatía, dos graves patologías que complicaron la vida de Dostoievski, causándole infinidad de disgustos. Sin darme cuenta, había demolido las asignaturas convencionales, estableciendo un diálogo interdisciplinar entre el todo y las partes. Ese fue mi punto de partida para una “segunda navegación”, que me ha permitido mantener despierto mi afán de aprender hasta hoy. Por supuesto que es divertido aprender, pero hace falta una motivación que encienda el deseo de saber más.
Durante dos décadas he trabajado como profesor de filosofía en institutos de enseñanza pública de la Comunidad de Madrid. Nunca he creído en las clases magistrales, los libros de texto y los exámenes. De hecho, son los tres pilares de una filosofía autoritaria y profundamente antipedagógica. Durante mucho tiempo, la escuela ha desempeñado un papel semejante al de los manicomios y las cárceles. Su función era adocenar, reprimir, normalizar. O dicho de otro modo: imponer un modelo de sociedad basado en la desigualdad y el principio de autoridad. Este propósito era evidente en las escuelas decimonónicas, donde los pupitres copiaban la organización del trabajo en las fábricas, con sus oficiales supervisando la producción en cadena. En Alemania, se llamaba a los profesores “apaleadores”, pues se consideraba que su atributo distintivo no era un libro, sino una vara dura y flexible. La tarima, que aún existe en muchas aulas, dejaba muy clara la asimetría entre el maestro y los alumnos. Mientras estudiaba filosofía en la universidad, conocí las ideas de Rousseau sobre la educación, la pedagogía libertaria de Tólstoi y Ferrer Guardia, el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, el método Montessori, la Educación en el Hogar teorizada por John Holt, la antipedagogía de Alice Miller, el carácter asambleario y horizontal de la Escuela de Summerhill. Por supuesto, no adquirí esos conocimientos en las aulas universitarias, sino en los libros. Sólo dos o tres profesores se apartaban de la enseñanza tradicional, evaluando por trabajos y proyectos. En los años noventa, empecé a dar clases en institutos de la periferia de Madrid. En esa época, se intentaba implantar la LOGSE, con la oposición de la mayoría de los docentes, que no aceptaban la idea de ser educadores y reivindicaban su condición de especialistas de una materia. Por primera vez, se hablaba de integración, materias transversales, diversificación y adaptaciones curriculares. Sin una financiación adecuada, la reforma fracasó y no tardó en aparecer la contrarreforma, con sus controles de calidad y sus criterios excluyentes.
Aunque se afirme retóricamente que el sentido de la escuela es formar hombres y mujeres libres, con las herramientas necesarias para desarrollar su potencial humano e intelectual, la realidad es que la enseñanza tradicional mata la curiosidad y la creatividad, suprimiendo la diversidad entre los alumnos y fomentando su uniformidad, de acuerdo con un patrón cultural apolillado y que ni siquiera se corresponde con las necesidades del siglo XXI, donde el saber no es un adorno social, sino una fuente de riqueza y prosperidad. La escuela decimonónica es un atavismo inútil en una sociedad cuya economía ya no descansa sobre las grandes fábricas, sino en la capacidad de innovación y en la flexibilidad para adaptarse a los cambios. El profesor no puede estar maniatado por programaciones oficiales y criterios fijos de evaluación, pues cada clase es un grupo con una personalidad propia. Nunca olvidaré la experiencia de un compañero de instituto, un profesor de dibujo que se enfrentó a un grupo de 1º de ESO con una motivación inexistente y escasa autoestima. Eran chicos y chicas de doce años con un bajísimo rendimiento y una sensación generalizada de fracaso personal. Casi todos habían pasado por Primaria cosechando calificaciones mediocres. Desanimado, mi compañero me contaba que no atendían, que le entregaban los ejercicios en blanco, que respondían con desgana a sus preguntas. De acuerdo con el programa, les enseñaba los trazados geométricos básicos, los polígonos, la simetría, el color, el espacio, la luz, la forma humana. “Lo más desesperante”, me confesó, “es que dibujan garabatos mientras explico”. Después de un primer trimestre catastrófico, cambió de estrategia. Se olvidó de los apuntes y el libro de texto, encargándoles que dibujaran un cómic. No sería un trabajo individual, sino por grupos y supervisaría sus avances y dudas, ayudándoles a terminar el proyecto. Al principio, los alumnos se desconcertaron, pero enseguida cambiaron de actitud, entusiasmándose con la idea. En menos de dos semanas, la desidia se convirtió en frenética actividad. Se elaboraron guiones y se distribuyeron las viñetas. Casi todas las historias se ambientaron en zonas urbanas. Otros escogieron escenarios fantásticos, como fortalezas, castillos o aldeas medievales. Eso les obligó a realizar trazados geométricos, cuidar la simetría, dibujar polígonos, distribuir el espacio, manejar la luz, emplear el color y dibujar la figura humana desde distintos ángulos y perspectivas. El resultado fue increíble. Mi compañero me enseñó los cómics, donde se notaba su talento para inspirar, coordinar y motivar. Todos los grupos se habían esmerado, sin descuidar ningún detalle. Pude comprobarlo, pues hice varias guardias en el aula y aprecié el cambio, que tampoco pasó desapercibido para el resto de los profesores. Incluso se produjeron progresos en otras asignaturas, pues los alumnos habían mejorado su autoestima y confiaban más en sus posibilidades para afrontar cualquier reto. Le sugerí a mi compañero que presentara su experiencia a algún certamen educativo, pero me dijo que no quería problemas, pues había actuado a su aire, sin consultar con la inspección y no quería exponerse a una sanción.
Se considera que Emilio, o de la educación, publicado por Jean-Jacques Rousseau en 1762, es el primer tratado sobre filosofía de la educación en la cultura occidental. Quemado en París y Ginebra, inspiró el nuevo sistema educativo propuesto por la Revolución francesa. Rousseau señaló que la curiosidad es un impulso natural del niño y que el aprendizaje es tan inevitable como la respiración. El conocimiento se adquiere mediante el juego, el contacto físico, la especulación sin trabas. Si el niño se limita a escuchar a un adulto, perderá su capacidad innata de razonar. Y de disfrutar. Como libro de referencia, Rousseau no recomienda un tratado filosófico, sino el Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Las autoridades educativos no le ha hecho mucho caso a Rousseau, pero su influencia nunca se ha extinguido. A principios del siglo XX, María Montessori afirma que “el niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros”. Los niños son esponjas con una capacidad de absorción infinita. Su inconsciente asimila las lecciones del entorno. El profesor debe estar a su servicio, creando espacios luminosos y acogedores, que propicien el encuentro con el lenguaje, la música, las matemáticas, las plantas y el arte. En los años 60, John Holt cuestiona la escolarización forzosa, afirmando que afecta negativamente al aprendizaje, pues en un ambiente de competitividad y ansiedad por las notas muchos niños se retraen, temiendo ser castigados y humillados. Holt se hace eco de la pedagogía anarquista de Lev Tolstói, que creó una escuela libre, popular y abierta en Yásnia Poliana, una propiedad situada al suroeste de Tula, Rusia. Tolstói rechaza los exámenes, la asistencia obligatoria y cualquier idea preconcebida, pues el papel del profesor no es imponer, sino adaptarse al alumno, avivando su curiosidad por las artes y las ciencias. La Escuela de Summerhill, fundada en 1923 por Alexander Sutherland Neill en el sur de Inglaterra, sigue las mismas pautas, combatiendo la represión sexual que inhibe en el niño una relación espontánea y natural con su propio cuerpo y el de los demás.
En nuestro país, cada vez hay más escuelas libres y algunos centros educativos oficiales han relajado su metodología, permitiendo ciertas innovaciones. No soy optimista, pues la escuela es el reflejo de la sociedad y nuestra sociedad es competitiva, insolidaria e individualista. Sin embargo, algo se mueve. Muchos padres quieren una educación diferente para sus hijos y se rebelan contra las evaluaciones externas, que sólo miden el cumplimiento de los objetivos establecidos por las programaciones oficiales. Los “malos alumnos” como Damián encarnan la rebeldía del ser humano, que opone su creatividad a la productividad, el ingenio a la repetición, la evocación a la memorización, el sentido lúdico a la rutina. Sin “malos alumnos”, el mundo se parecería a Un mundo feliz, 1984 o Farenheit 451. Quizás el primer paso para conjurar ese riesgo sea reconocer que no hay “malos alumnos”, sino malas escuelas.

RAFAEL NARBONA

Publicado en Mente Sana, nº 118, octubre 2015. pp. 66-69

7 principios para pensar como Leonardo Da Vinci

7 principios para pensar como Leonardo Da Vinci

Leonardo Da Vinci es considerado como uno de los más grandes genios creativos de la historia. Incursionó y sobresalió en diversas áreas como la pintura, la arquitectura, las matemáticas, la poesía, la ingeniería, la botánica, la poesía y la filosofía.

Durante su vida creó obras tan conocidas como la Gioconda (Mona Lisa)  y La Última Cena,  y se le atribuyen cientos de inventos, de los cuales solo unos pocos fueron construidos, ya que no existían los medios para hacerlo, porque eran muy adelantados para su época.

Michael Gelb, reconocido consultor de múltiples empresas alrededor del mundo, revela en su su libro “How to think like Leonardo Da Vinci” los trabajos y la leyenda de este verdadero genio. Sobre la base de cuadernos, inventos y obras de arte legendarias de Da Vinci, Gelb menciona los siete principios que le permitían llevar su creatividad a lugares extraordinarios.

Los principios para pensar como un genio son:

1.- Curiosita (Curiosidad)

El enfrentar la vida como una aventura por el conocimiento continúo. Todo gran maestro es por principio un gran estudiante. Las personas más talentosas cuentan con la innata curiosidad de saber más sobre su alrededor. Están dispuestos a preguntarse y a investigar más allá de los conceptos preestablecidos y aceptados.

Leonardo practicó este principio toda su vida, y lo llevó a plantearse cuestionamientos que lo llevaron a crear inventos adelantados a su época, un ejemplo de ello, el primer diseño del submarino.

2.- Dimostrazione (Demostración)

Un compromiso constante por llevar las ideas a la acción, aprender sobre la experiencia, ser persistente y estar dispuesto a aprender de los errores.

DaVinci sabía que en su aventura por el conocimiento y la experimentación, los errores eran necesarios, y que para llegar a crear grandes cosas, tenía que equivocarse no una, sino muchas veces. Sabía que utilizaría los aprendizajes de sus errores para construir sus éxitos, que al final, son los que trascendieron y han sido recordados.

Pocas personas saben de los fracasos de Leonardo, como los fallidos intentos por construir una máquina voladora y las inundaciones causadas por sus intentos de cambiar la dirección de un rio.

3.- Sensazione (Sensación)

El permanente refinamiento de los cinco sentidos para enriquecer la experiencia de la experimentación. Leonardo trabajó en el refinamiento de sus sentidos durante toda su vida, tratando de capturar con ellos los detalles más “insignificantes” de la naturaleza, los cuales pasarían desapercibidos para la persona promedio. Fue este refinamiento lo que le permitió capturar detalles tan profundos y plasmarlos en sus obras, como en el caso de La Mona Lisa.

4.- Sfumato (Matiz)

La disposición de abrazar la ambigüedad, la paradoja y la incertidumbre. Leonardo entendía que la vida está llena de paradojas y lo aceptaba con gran asombro. De hecho, plasmó esta realidad de manera especial en su obra La Mona Lisa. Si has tenido la oportunidad de estar frente a ella, puedes observar en su sonrisa una ligera chispa de compasión y crueldad al mismo tiempo, seducción e inocencia. Su creador representó la ambigüedad, la paradoja y la incertidumbre es su obra.

5.- Arte/Scienza (Arte/Ciencia)

Para Leonardo DaVinci, el arte y la ciencia eran indivisibles. Para entender una, tenías que entender la otra, tener un equilibrio entre los dos hemisferios cerebrales, la creatividad y la lógica. Leonardo manejaba este sistema de “pensamiento completo” en todas sus tareas, lo que le permitía estimular y utilizar su cerebro completamente. Fue uno de los precursores de los “mapas mentales” tan utilizados en la actualidad para intentar recrear la misma experiencia, los cuales se pueden utilizar para la estimulación de la creatividad diaria en el ámbito personal y profesional.

6.- Corporalita (Cultivar el Cuerpo)

El cultivar la gracia, la ejercitación, la pose y la utilización de ambas partes del cuerpo (ambidiestrismo). Leonardo Da Vinci complementó sus habilidades artísticas y de genio con la ejercitación y las habilidades atléticas. Las largas caminatas, montar a caballo, la natación y el esgrima estaban entre sus deportes favoritos. Él sabía que en un cuerpo sano y balanceado era esencial para desarrollar su creatividad y productividad.

7.- Connessione (Conexión)

El reconocer y apreciar que todas las cosas y los fenómenos están interconectados. El principio del pensamiento de sistemas y la teoría del caos. En donde no se puede entender correctamente un fenómeno sin estudiar y entender la influencia que el sistema tiene sobre ello. El cómo, por ejemplo, el aleteo de una pequeña mariposa en una parte del mundo, puede crear una tormenta a kilómetros de distancia (teoría del caos). Leonardo utilizó este tipo de análisis y pensamiento para crear muchos de sus inventos, en los cuales combinaba diferentes formas de la naturaleza en una interacción armoniosa. Todo está interconectado y el abrazar esta noción abrió un mundo de infinitas posibilidades al genio.

visto en: INNOVACIÓN

Verdaderos cambios en Educación

MIentras aquí se cambia el sistema educativo a golpe de ley orgánica y por meros motivos ideológicos, seguimos mirando con cierta envidia cómo lo hacen nuestros vecinos.

Sí, otra vez Finlandia.

Visto en : CREA CON LAURA

Finlandia: Más madera para un necesario cambio educativo

Estamos asistiendo a transformaciones en el campo educativo institucional. Primero apareció una información relativa al cuestionamiento del sistema educativo francés y las calificaciones: “Francia quiere quitar las notas para evaluar a los alumnos“. Le siguió, información referente a la transformación que estaban planteando los jesuitas en tres centros de Cataluña: “Los jesuitas eliminan las asignaturas, exámenes y horarios de sus colegios“.
 
Ahora, parece que le ha tocado el turno al modelo finlandés que, lejos de conformarse, se presenta en continua reflexión y renovación. En concreto, Finlandia está a punto de embarcarse en uno de los programas de reforma de la educación más radicales jamás emprendidos por un estado planteándose terminar con las asignaturas, haciendo girar toda su organización en torno a proyectos de investigación: Finland schools: Subjects scrapped and replaced with ‘topics’ as country reforms its education system”.
 
En Finlandia, piensan que el mundo se ha vuelto tecnológico y las profesiones han evolucionado en este sentido y la educación no se puede quedar al margen de estos cambios. Pretenden organizar la enseñanza en torno a lo que denominan “phenomenon teaching” o enseñanza por proyectos en torno a un tema.
También  se plantean otros cambios, entre otras  cosas, del formato tradicional que se organiza en torno a alumnos sentados pasivamente frente a su maestro, escuchando lecciones o en espera de ser preguntaods y examinados. En su lugar, se organizarán en torino a un enfoque de mayor colaboración, con los alumnos trabajando en grupos más pequeños para resolver problemas, mientras que mejoran sus habilidades de comunicación.
Entienden que necesitamos un replanteamiento de la educación y un rediseño de su sistema, para preparar a sus hijos para el futuro con las nuevas habilidades que se necesitan hoy y mañana.
Defendienden un enfoque de “co-enseñanza” para la planificación de clases, con la participación de más de un especialista en distintas materias. Los maestros que abracen este nuevo sistema puede recibir un pequeño plus en su sueldo.
Alrededor del 70 por ciento de los profesores de escuelas secundarias de Helsinki se han capacitado en la adopción del nuevo enfoque.
Han cambiado la forma de pensar. Es muy difícil conseguir profesores para iniciar y dar el primer paso … pero los profesores que se han unido al nuevo enfoque dicen que no pueden volver atrás.
Los primeros datos muestran que los estudiantes se están beneficiando también. En los dos años desde que los nuevos métodos de enseñanza comenzaron a ser introducidas, los alumnos que prefieren estos cambios han aumentado.
Las escuelas finlandesas están obligadas a introducir un período de “phenomenon-based teaching” al menos una vez al año. 
El anteproyecto de la Sra Kyllonen, que se publicará a finales de marzo, contempla las reformas que incluirán todas las escuelas finlandesas en 2020.
Mientras tanto, el sector de pre-escolar también está abrazando el cambio a través de un proyecto innovador, el Playful Learning Centre, que se dedica a conversaciones con la industria de los juegos de ordenador sobre cómo podría ayudar a introducir un enfoque de aprendizaje más “ganificado y lúdico” para los niños más pequeños.
Les gustaría hacer de Finlandia, el país líder en términos de soluciones lúdicas para el aprendizaje de los niños.
Fuentes

Ocho reglas fundamentales a la hora de estudiar en casa

Ocho reglas fundamentales a la hora de estudiar en casa

Publicado pororientacionandujar

Hoy os presentamos una nueva colaboración de nuestros amigos de aulaplaneta y superpadres, realizan un trabajo impresionante, innovador y a partir de ahora los tendrás en exclusiva en orientación andujar. No os olvidéis de visitar su fanpage y darle a me gusta para estar al día de sus novedades.

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Unos buenos hábitos de estudio son esenciales para consolidar el aprendizaje y afrontar con éxito las evaluaciones. Sin embargo, desarrollarlos no es fácil. Requiere constancia y disciplina. El apoyo de los padres es también fundamental, ya que sobre ellos recae la responsabilidad de supervisar el estudio y ayudar a los hijos en todo lo que puedan. Por eso, te ofrecemos ocho reglas básicas para enseñarles a estudiar a diario de manera correcta.
INFOGRAFÍA

8_Reglas fundamentales para estudiar en casa

OCHO REGLAS BÁSICAS PARA CONSOLIDAR LOS HÁBITOS DE ESTUDIO

1. Estudiar siempre a la misma hora y en el mismo lugar. Fijar una hora determinada para estudiar ayudará a tus hijos a consolidar su hábito, mientras que hacerlo en el mismo lugar, favorecerá su concentración. El sitio de estudio, además, debe estar bien iluminado y ventilado, mantenerse alejado de distracciones y contar con una silla y una mesa adecuadas, donde el alumno pueda estudiar correctamente.
2. Estudiar todos los días. Es importante dedicar un tiempo al estudio cada día entre semana. Este hábito ayudará a tus hijos a fijar sus conocimientos, y evitará situaciones como el atracón del día después antes de un examen.
3. Planificarse. Antes de comenzar a estudiar, es importante que revisen las tareas que hay que hacer y los contenidos que van a repasar, y que pongan orden. ¿Qué van a hacer primero? ¿Qué dejarán para el final?
4. Establecer una hora. Ellos mismos deben fijarse una hora para ponerse a estudiar, y no esperar a que tú se lo digas. Lo habitual es hacerlo después de la merienda y antes de jugar o ver la televisión. No obstante, lo mejor es ser flexible y dejarles que ellos elijan cuál es el momento que más se ajusta a sus necesidades y preferencias.
5. Dedicar en torno a una hora al estudio. Si tus hijos están en Primaria, no deben dedicar más de 50 minutos a realizar sus tareas y estudiar. En cambio, si están en Secundaria, lo habitual es que dediquen entre media hora y una hora a las tareas, y de tres cuartos a una hora para estudiar.
6. Hacer más de una actividad. Realizar ejercicios y actividades ayudará a tus hijos a comprobar y consolidar lo estudiado. Especialmente a la hora de repasar antes de un examen.
7. Hacer una pequeña pausa entre actividad y actividad. Sobre todo en las más complejas. En cambio, durante el tiempo dedicado al estudio, deben perseverar al menos durante 45 minutos sentados para no perder la concentración.
8. Comenzar a estudiar por lo difícil, y acabar por lo fácil. Lo ideal es abordar primero las actividades o contenidos de dificultad media. Después, cuando su nivel de concentración esté en su punto más álgido, pasar a lo más difícil, y dejar lo más fácil para el final, cuando ya están cansados.