Equilibrar la tecnología en la enseñanza

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Equilibrar la tecnología en la enseñanza

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Hacer un uso real, flexible y eficiente de las TICs para apoyar el aprendizaje no solo depende de las condiciones tecnológicas del instrumento, sino también de los planteamientos pedagógicos que lo fundamentan. Sobre esta base se sustenta el artículo “Uso de cuestionarios online con feedback automático para la e-innovación en el alumnado universitario”, del número 51 de la Revista Comunicar, escrito por Ana Remesal, Rosa M. Colomina, Teresa Mauri y M. José Rochera, todas ellas perteneciente al Departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación de la Universidad de Barcelona.

La finalidad de este trabajo es compartir con la comunidad docente la reflexión sobre la eficacia de un proyecto de innovación que toma como objetivo promover y fomentar el aprendizaje autónomo en los Grados de Educación Infantil y Primaria mediante la técnica de cuestionarios online con feedback automático.

Una de las principales conclusiones a las que ha llegado este estudio es que “la e-innovación puede (y debe) poner en el centro al estudiante pero con apoyos pedagógicos que se ajusten a las necesidades de su proceso de aprendizaje. No todo lo «realizable» con la tecnología contribuye de igual modo a este objetivo. Las actuaciones docentes y los procesos de mejora del desarrollo profesional resultan imprescindibles.” (p.59).

Leer el artículo completo aquí

Cómo citar: Remensal, A., Colomina, R. M., Mauri, T. & Rochera, M. J. (2017). Uso de cuestionarios online con feedback automático para la e-innovación en el alumnado universitario. [Online Questionnaires Use with Automatic Feedback for e-Innovation in
University Students]. Comunicar, 51, 51-60.   https://doi.org/10.3916/C51-2017-05

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Resiliencia infantil para afrontar la adolescencia»

 

Según la autora Ana Roa, no es posible proteger a los hijos de todos sus altibajos, pero sí criarles con la capacidad de hacer frente a las adversidades y transformarlas en experiencias positivas. Laura Peraita 06/11/2017 Cada vez más, la palabra resiliencia ocupa un lugar importante en muchas conversaciones de empresarios, docentes, padres… Se trata de la […]

a través de «La resiliencia ofrece a los niños las herramientas para afrontar los retos de la adolescencia» Colaboración con ABC familia — Roaeducación

Inteligencia Colectiva en el aula

Un hormiguero tiene inteligencia colectiva y la utiliza de forma eficaz para resolver problemas puntuales. Teniendo en cuenta que cada hormiga tiene 250.000 neuronas, se podría plantear que una clase (con su profesorado y alumnado) podría tener inteligencia colectiva, ya que cada persona tiene 86.000 millones de neuronas. ¿Qué elementos se podrían utilizar para generar […]

a través de Inteligencia Colectiva en el aula: Un paradigma cooperativo. — Innovación Educativa

Cuestionar la educación

juandon Cuando hace mucho comenté que empece a trabajar con las Universidades Finlandesas, allá por el año 2000 ya empezamos a diseñar un escenario sin aulas ni asignaturas (posteriormente si por algo se ha hecho famosa Finlandia ha sido por quitarlas de sus sistema educativo) , por tanto las afirmaciones de mi amigo Roger […]

a través de Cuestionar la educación y escribir una de nueva (Juan Domingo Farnós): Sin aulas ni asignaturas (Roger Schank)… — juandon. Innovación y conocimiento

Gamificación: experiencias cautivantes a través del juego — El Aula Virtual

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Estilos de aprendizaje

La innecesaria pero creciente investigación sobre estilos de aprendizajes

Escribe Raidell Avello Martínez, Universidad de Cienfuegos (especial para el blog CUED)

http://blogcued.blogspot.com.es/2017/10/la-innecesaria-pero-creciente.html

 

Es innegable el crecimiento de las investigaciones sobre estilos de aprendizaje que se puede percibir en las principales revistas de educación, tanto en entornos presenciales como online. Muchos autores defienden los estilos de aprendizaje como “aquellos rasgos cognitivos, afectivos y fisiológicos, que sirven como indicadores relativamente estables de cómo los estudiantes perciben, interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje”.
De igual manera, otros investigadores relacionan los estilos de aprendizaje a las aptitudes del ser humano, su talento, medios, instrumentos personales con los que cuentan para interactuar con la realidad, de forma efectiva según su propia característica; lo cual, indudablemente tiene un gran valor para los educadores y psicopedagogos en el importante objetivo de mejorar y personalizar el aprendizaje de sus estudiantes.
Los seguidores de esta teoría proponen que las personas se dividen según su estilo de aprendizaje, por ejemplo, en visuales, auditivas o cinestética, entre otras muchas clasificaciones, algunas bien complejas y con más de 20 estilos, algunos ejemplo argumentan: “las personas visuales aprenden mejor con gráficos y diagramas”, “las auditivas aprenden mejor escuchando”, y “las cinestéticas aprenden mejor a través del movimiento y la experiencia”.
Como resultado de estas investigaciones, a muchos estudiantes, padres, profesores e investigadores, les parece adecuado decir que como las personas prefieren aprender de forma visual, auditiva, cinestética, u otras, deberíamos adaptar la enseñanza, las situaciones y los recursos educativos a estas preferencias. Sin embargo, la teoría de los estilos de aprendizaje ha recibido numerosas críticas. La principal crítica es que no hay una base científica real que sustente, en primer lugar, que los alumnos tienen realmente un cierto estilo de aprendizaje óptimo, y en segundo lugar, que estos son conscientes de cuál es su estilo de aprendizaje personal y/o si hay una manera confiable y válida para determinar este estilo (An y Carr, 2017).
Unos de los principales críticos son Kirschner y van Merriënboer, (2013), quienes plantean que los estilos de aprendizaje clasifican mal (en realidad encasillan) a los estudiantes. Recientemente, Kirschner (2017), plantea que el primer problema es que la gente no puede simplemente agruparse en grupos específicos y distintos como muestran varios estudios (Druckman & Porter, 1991, citado por Kirschner, 2017). La mayoría de las diferencias entre personas en cualquier dimensión que uno pueda imaginar son graduales y no nominales. Los partidarios del uso de estilos de aprendizaje tienden a desconocer esto y usan criterios arbitrarios, como una mediana o una media en una cierta escala para asociar a una persona con un estilo específico.
El segundo problema que plantea Kirschner tiene que ver con la validez, confiabilidad y poder predictivo de las pruebas de estilos de aprendizaje que se están utilizando. Por ejemplo, Stahl (1999) reportó inconsistencias y baja confiabilidad en la medición de estilos de aprendizaje cuando los individuos realizan una prueba específica en dos momentos diferentes.
De igual forma, Coffield y colaboradores (2004), seleccionaron 13 de los 71 modelos de evaluación de estilos de aprendizaje, y evaluaron sus propiedades psicométricas: seis no cumplieron con criterios psicométricos, tres “se acercaron a cumplir” con los criterios psicométricos, otros tres cumplieron la mitad. Sólo uno de los modelos cumplió con los requisitos mínimos psicométricos (y el que cumplió con los requisitos no está dirigido a estudiantes sino más bien a docentes). Asimismo, Massa y Mayer (2006), en una serie de tres experimentos donde evaluaron si seguir la modalidad preferida del alumno (visual o verbal), generaba diferencias en el aprendizaje.  Lo que encontraron es la modalidad de presentación no tiene impacto en términos de resultados. Digamos, si un alumno “visual” recibe un contenido de forma visual o verbal da lo mismo.
Otro problema que se critica con respecto a la medición de los estilos de aprendizaje es la poca idoneidad de los cuestionarios de auto-informe para su evaluación. La razón es que los estudiantes no son capaces, o no están dispuestos, de informar lo que en realidad hacen, o lo que creen que hacen. En correspondencia, Massa y Mayer (2006), encontraron que cuando los estudiantes informaban su preferencia por la información verbal en lugar de la información visual, esta preferencia solo estaba débilmente relacionada con sus habilidades reales medidas objetivamente (es decir, su capacidad espacial).
En resumen, cabe preguntarse si verdaderamente los estudiantes saben lo que es mejor para ellos. Muchos de estos estudios demuestran que estudiantes que expresaron preferir una forma particular de aprender, en la mayoría de los casos no tuvieron mejores resultados usando dicha forma, o incluso mostraron peores resultados. Ciertamente, no parece prometedor la hipótesis de los estilos de aprendizaje si se tiene en cuenta que ha estado dando vueltas durante 40 años, y no hay suficiente evidencia como para justificar el tremendo gasto de recursos que significa evaluar a todos los estudiantes y tener varias versiones de un mismo contenido según el estilo de los alumnos.
Teniendo en cuenta estos elementos coincido con las conclusiones del estudio de Massa y Mayer: “añadir ayudas visuales a una lección online que tenía mucho texto tendió a ser de utilidad tanto a visualizadores como a verbalizadores”, es decir, enriquecer el material sirvió a todos por igual, más allá del estilo de aprendizaje asociado. En fin, no creo que sea de mucha ayuda hacerle creer a un estudiante que tienen un estilo de aprendizaje, sino, lo que necesita es un repertorio flexible del que escoger dependiendo del contexto.
Referencias

An, D., & Carr, M. (2017, in press). Learning styles theory fails to explain learning and achievement: Recommendations for alternative approaches. Personality and Individual Differences.

Coffield, F., Moseley, D., Hall, E., & Ecclestone, K. (2004). Learning styles and pedagogy in post-16 learning A systematic and critical review. Learning and Skills Research Centre, 84.

Kirschner, P. A. (2017). Dejad de Propagar el Mito de los Estilos de Aprendizaje. [Traducido y adaptado por: Héctor Pijeira Diaz y Raidell Avello Martínez] https://onderzoekonderwijs.net/2017/02/26/dejad-de-propagar-el-mito-de-los-estilos-de-aprendizaje/

Kirschner, P. A. (2017). Stop propagating the learning styles myth. Computers & Education, 106, 166-171. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0360131516302482

Kirschner, P. A., & van Merriënboer, J. J. G. (2013). Do learners really know best? Urban legends in education. Educational Psychologist, 48(3), 169e183. http://dx.doi.org/10.1080/00461520.2013.804395.

Massa, L. J., & Mayer, R. E. (2006). Testing the ATI hypothesis: Should multimedia instruction accommodate verbalizer-visualizer cognitive style? Learning and Individual Differences, 16, 321–335. http://doi.org/10.1016/j.lindif.2006.10.001

Rawson, Stahovich, & Mayer. (2016). Homework and achievement: Using smartpen technology to find the connection. Journal of Educational Psychology.

Riener, C., & Willingham, D. (2010). The Myth of Learning Styles. Change: The Magazine of Higher Learning, 42(5), 32–35. http://doi.org/10.1080/00091383.2010.503139

Stahl, S. A. (1999). Different strokes for different folks? A critique of learning styles. American Educator, 23(3), 27-31.
Raidel  Avello ravello@ucf. edu.cu

Guía de Internet para familias

Guía básica de Internet y móviles para padres desorientados

visto en http://www.vozpopuli.com/altavoz/redes/Guia-Internet-Padres-moviles_0_1069693327.html

 

 

Educar a los hijos en las nuevas tecnologías es una carrera de obstáculos e incertidumbres, un camino de aprendizaje también para los padres, por muy formados que estén en la materia. Compartir tu experiencia para que otros no tropiecen en tus mismos errores es la clave para que más gente pueda llegar antes a la meta.

Me he pasado 10 años aprendiendo, rectificando y modelando la manera en que mis tres hijos debían acceder a Internet y a las nuevas tecnologías. Desde sus inicios hasta que son autosuficientes. Desde su primer móvil o tablet hasta su primer puesto de trabajo y estudio. He cambiado varias veces de criterio, he recopilado mis éxitos, los trucos, las decepciones, las pruebas y los errores que han construido esta experiencia.

La idea es pasar del control total y la gestión paterna al autocontrol y la autogestión independiente. De la supervisión del niño a la independencia del adolescente

La única idea fundamental de esta carrera incierta era lograr pasar del control total y la gestión paterna al autocontrol y la autogestión independiente del niño. De la supervisión del niño a la independencia del adolescente. Que el niño se sienta madurar conforme va accediendo a más aplicaciones o contenidos de la red. Que las herramientas que les aportemos no sean solo un juguete sino un instrumento de aprendizaje e introducción a un medio maravilloso pero que alguna vez puede llegar a ser hostil o peligroso (como la vida misma). Que el propio niño pueda aprender a filtrar y a reconocer de manera natural los contenidos peligrosos o los caminos por donde no puede explorar y que en caso de duda siempre acabe preguntando al padre en vez de arriesgarse. Porque el objetivo es que sepa que en Internet nunca se deja de aprender.

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Móvil y tablet

  Mucho se discute sobre cuando debe el niño tener su primer contacto con un móvil o tablet. Entrar en la discusión creo es parte del problema. El hecho debe producirse de una forma natural aunque al principio sea y deba ser siempre controlada. Nunca compararse con el vecino ni con los compañeros del cole. El móvil no es un arma por sí mismo, la tablet no es una bomba. Hay que dejar que el niño descubra sus posibilidades, juegue, se le rompa,… pasar de la primera aplicación de dibujo con dedos a su primer piano, de su primer juego al primer vídeo que te dará dolor de cabeza.

El primer error es que el contacto con las nuevas tecnologías no se haga acompañado y que sea una excusa para librarnos del niño

El primer gran error es que este contacto con las nuevas tecnologías no lo haga acompañado y que sea una excusa para librarnos del niño, el móvil ‘aparcabebés’ como con el mando de la tele… en un restaurante para que el niño calle, después de la cena para que el niño no moleste. No existen los nativos digitales, los niños aprenden a base de prueba y error y al principio necesitan siempre el concurso de los padres.

Mis tres hijos han tenido móvil propio pronto. Es la consecuencia de tener unos padres early-adopters. Los terminales de segunda mano rulan como las piezas de fruta. La experiencia me ha enseñado que es un gran error no adjudicar lo antes posible un terminal al niño. La idea es que empiece a ser responsable de su propio aparato, que es una herramienta, no un juguete. Aunque tenga 6 años. Que aprenda a cuidarlo y a darle valor (si se rompe la pantalla hay que dejarla rota), que lo ponga a cargar, que lo limpie,… la edad para que pase todo esto la decide él mismo cuando empieza a preocuparse por enchufarlo para tener batería en su tiempo de juego. Ahí merece tener su propio aparato.

Las tres reglas fundamentales del primer móvil en mi casa son:

  • El primer móvil nunca sale de casa y solo se usa junto a papá o mamá.
  • El primer móvil no tiene tarjeta SIM ni Wifi.
  • El primer móvil solo tiene una o dos aplicaciones o juegos.

Para cumplir las dos primeras no hay grandes problemas pero para la tercera necesitamos una aplicación que nos ayude a gestionar, limitar y capar algunas funciones adultas del móvil. Hay que dejarlo claro: sin ayuda de software la pedagogía es imposible. Los mecanismos de control parental son imprescindibles para las primeras fases de supervisión.

Un móvil con control parental es la mejor herramienta de juego y aprendizaje, sin él es como una pistola

Durante todos estos años de experiencia me he ido fijando como la mayoría de padres no configura ningún tipo control parental en los terminales de sus hijos, dejando la responsabilidad a Dora la Exploradora o a una voluntad de seguimiento que, por supuesto, desaparece pronto. Las quejas y miedos vienen siempre del uso inapropiado. Un móvil con control parental es la mejor herramienta de juego y aprendizaje, sin él es un arma bastante peligrosa.

Android tiene un control parental básico por defecto desde la versión 5 LolliPop aunque no está implementada en todos los fabricantes. iOS también tiene mecanismos de vigilancia básicas por defecto y puedes configurar el tiempo máximo de uso del móvil. Hay otras opciones tanto en el market de Android como en el de Apple que ofrecen más posibilidades.

Incluso en ambas plataformas. Sistemas que te permiten controlar, gestionar y bloquear desde un terminal adulto el resto de terminales asociados.

¿Qué puedes hacer con la mayoría de estas aplicaciones? La respuesta corta es todo lo que un padre tipo Goebbels pudiera desear. Los matices, para todos los gustos. Puedes, por ejemplo, bloquear Snapchat en horario de estudio. Puedes censurar todo Internet o solo el porno, hacer un seguimiento de ubicación con botón de pánico, ver a quien llama y escribe tu hijo, leer el contenido de sus mensajes o bloquear números no deseados. Puedes bloquear con Dinner Time [Android – iOS] en cualquier momento su terminal desde el tuyo para la cena o el estudio. Las opciones son tantas que la opción dictatorial es tentadora. El exceso es casi más pernicioso que el defecto.

El único sistema de control con el que he tenido malas experiencias ha sido el seguimiento y localización por GPS. Life360 Family Locator es una aplicación que te permite saber donde está, en cualquier momento, cualquier miembro de tu familia. Vale más para crear una falsa tranquilidad paterna que para mejorar la seguridad de los hijos. Saberse controlado en todo momento, si no es estrictamente necesario, mina siempre la confianza con tu hijo. Sentirse espiado hace más pequeño un espacio de independencia del que hemos disfrutado siempre todos. No es justo.

La prueba de que, en general, las aplicaciones de control parental son una maravilla es la cantidad de votos negativos que tienen en los ‘markets’. Jóvenes absolutamente indignados y desubicados por el control ejercido sobre sus terminales.