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La influencia del entorno familiar

Artículo de:


José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

Visto en  SOLO HIJOS

El ambiente familiar influye de manera decisiva en nuestra personalidad. Las relaciones entre los miembros de la casa determinan valores, afectos, actitudes y modos de ser que el niño va asimilando desde que nace. Por eso, la vida en familia es un eficaz medio educativo al que debemos dedicar tiempo y esfuerzo. La escuela complementará la tarea, pero en ningún caso sustituirá a los padres.

El ambiente familiar es el conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la familia que comparten el mismo espacio. Cada familia vive y participa en estas relaciones de una manera particular, de ahí que cada una desarrolle unas peculiaridades propias que le diferencian de otras familias. Pero el ambiente familiar, sea como sea la familia, tiene unas funciones educativas y afectivas muy importantes, ya que partimos de la base de que los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos y que este comportamiento es aprendido en el seno de la familia. Lo que difiere a unas familias de otras es que unas tienen un ambiente familiar positivo y constructivo que propicia el desarrollo adecuado y feliz del niño, y en cambio otras familias, no viven correctamente las relaciones interpersonales de manera amorosa, lo que provoca que el niño no adquiera de sus padres el mejor modelo de conducta o que tenga carencias afectivas importantes.

 

El ambiente familiar no es fruto de la casualidad ni de la suerte. Es consecuencia de las aportaciones de todos los que forman la familia y especialmente de los padres. Los que integran la familia crean el ambiente y pueden modificarlo y de la misma manera, el ambiente familiar debe tener la capacidad de modificar las conductas erróneas de nuestros hijos y de potenciar al máximo aquellas que se consideran correctas.

Para que el ambiente familiar pueda influir correctamente a los niños que viven en su seno, es fundamental que los siguientes elementos tengan una presencia importante y que puedan disfrutar del suficiente espacio:

  1. AMOR
  2. AUTORIDAD PARTICIPATIVA
  3. INTENCIÓN DE SERVICIO
  4. TRATO POSITIVO
  5. TIEMPO DE CONVIVENCIA
1. Amor

Que los padres queremos a nuestros hijos es un hecho evidente. Pero que lo manifestemos con suficiente claridad ya no resulta tan evidente. Lo importante es que el niño se sienta amado. Para ello, además de decírselo con palabras, tenemos que demostrar que nos gusta como es, que queremos su felicidad, que sienta la seguridad que le damos, el apoyo y el reconocimiento y ayudarle en todo lo que necesite. Y esto se consigue mediante los pequeños detalles de cada día: mostrando interés por sus cosas, preguntando, felicitando, sabiendo lo que le gusta e interesa, y mostrándonos comprensivos y pacientes.

2. Autoridad participativa

Tiene que ver con la manera de ejercer la autoridad. Considero indiscutible que los padres deben saber cómo ejercer la autoridad. La autoridad es un derecho y una obligación que parte de nuestra responsabilidad como padres en la educación de nuestros hijos. Pero la autoridad sólo tendrá una función educativa correcta si se ejerce de manera persuasiva cuando los hijos son pequeños, y de manera participativa cuando ya sean mayores. Difícilmente serán educativos aquellos mandatos que no vayan precedidos de razones o que no hayan tenido en cuenta las opiniones y las circunstancias de los hijos.

3. Intención de servicio

La intención del servicio que brindamos los padres a los hijos tiene que ver con la intencionalidad o la finalidad de nuestra autoridad y de nuestras relaciones en general. Los padres debemos buscar la felicidad de nuestros hijos y ayudarles para que su vida sea más agradable y más plena. Nunca debemos utilizar nuestra autoridad para aprovecharnos de nuestros hijos ni vivirla como un privilegio o una ventaja que tenemos sobre ellos.

4. Trato positivo

El trato que brindamos a nuestros hijos y a nuestra pareja debe ser de calidad y positivo, es decir, agradable en las formas y constructivo en el contenido. Es frecuente que nuestros hijos escuchen de nuestros labios más críticas que halagos. No debería ser así. Debemos comentar todo lo bueno que tienen las personas que conviven con nosotros y todo lo positivo de sus acciones. También podemos y debemos comentar las cosas negativas, pero no debemos permitir que nuestro afán perfeccionista nos haga ver sólo los defectos que hay que mejorar. Pensemos que con ello podríamos lesionar gravemente uno de sus mejores recursos: su autoestima.

5. Tiempo de convivencia

La quinta condición para un buen ambiente familiar es que tengamos suficiente tiempo para compartir con los hijos y con la pareja. Seguramente es una condición que muchas veces no depende de nosotros y que a veces resulta difícil de conseguir. Pero es necesario que exista tiempo libre para disfrutar en familia y que permita conocernos los unos a los otros, explicarnos lo que hacemos, lo que nos gusta y lo que nos preocupa, y que podamos ayudarnos y pasarlo bien juntos. Muchas veces no es necesario disponer de mucho tiempo, sino que el tiempo que tengamos sepamos utilizarlo correctamente. Algunos padres disponen de mucho tiempo para pasar con los hijos pero están con ellos mientras está la tele encendida, hacen la cena, hablan por teléfono y otras mil cosas a la vez, sin prestar demasiada atención a «estar» realmente con su hijo. Quizás es mejor para el niño que sólo dispongas de un par de horas pero que estés con él dibujando, yendo en bicicleta o explicándole un cuento. Ese es un tiempo de convivencia de calidad, porque tu atención está centrada en tu hijo y eso él lo nota y lo agradece.

Cuanto mejor se cumplan estos 5 requisitos y más atención pongamos en ellos, mejor será la educación que recibirá vuestro hijo de su entorno familiar, y gracias a ella él conseguirá:

  • Recibir la información adecuada sobre aquellas actitudes y valores sociales y personales que se consideran correctos, gracias al buen ejemplo de sus padres.
  • Recibir información sobre sí mismos, sobre cómo son, a través de nuestras opiniones, reacciones y juicios de valor y de la calidad del trato que les otorgamos.
  • Desarrollar la confianza en sí mismo y la autoestima gracias a las manifestaciones de amor y de reconocimiento que colman sus necesidades afectivas básicas: necesidad de afecto, necesidad de aceptación y necesidad de seguridad.

Me gustaría acabar este artículo con una anécdota que se quedó conmigo como una imagen entre mis ideas revueltas y que hace referencia a la importancia de poder y saber dedicar tiempo a las cosas que son realmente importantes. En cierta ocasión, un viajero que esperaba el tren, se acercó al jefe de la estación que, habiendo acabado su turno, seguía en la estación cuidando unas flores que adornaban un parterre de la estación.

¿Cuántas horas trabaja cada día? – Le preguntó con una sonrisa amable.
Ocho horas justas – le respondió dejando la regadera y mirando complacido las flores.
¿Nunca más o menos?
Nunca menos porque, si no, no podría comprar mis flores y nunca más porque, si no, no podría disfrutarlas.

 

Alumnos ayudates

Os dejo dos estudios sobre el modelo de ALUMNO AYUDANTE

EL TRATAMIENTO DE LOS CONFLICTOS A TRAVÉS DE LOS IGUALES: LA MEDIACIÓN ESCOLAR Y EL ALUMNO AYUDANTE
Isabel Fernández García
Catedrática educación secundaria
Directora I.E.S. Pradolongo

El modelo del alumno ayudante a discusión: la opinión de los alumnos participantes y sus benificiarios.

Sol Andrés: Departamento de Psicopedagogía y Educación Física. Universidad de Alcalá.

Ángela Barrios: Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Universidad Autónoma de Madrid

 

 

El principio de Peter

El principio de Peter y su aplicación al colectivo docente

Posted by on feb 14, 2012

l Principio de Peter, también conocido como el principio de la incompetencia de Peter afirma que “las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia”.

Por tanto y, aplicando dicha máxima a la situación de los funcionarios docentes, nos encontramos con situaciones que hacen tambalear el propio sistema educativo. Docentes que, base a méritos más o menos objetivables, ascienden a determinados cargos educativos (considerar el de los cargos unipersonales de Dirección de los centros educativos puede ser cuestionable, a excepción que consideremos los mismos como perennes e indefinidos a efectos de la máxima del principio -cosa que sucede “de forma encubierta” en muchas CC.AA. y “de forma pseudolegal” en Cataluña mediante unas acreditaciones que les permitirán ocupar el cargo sine die-) y, se encuentran sujetos a los siguientes corolarios del propio principio:

  • Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones
  • El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su sistema de incompetencia

Nos encontraríamos así, con la teorización de los comportamientos que se observan en muchos docentes que, promovidos a diferentes cargos educativos y, en los cuales llevan un largo período de tiempo, donde se percibe una cierta pérdida de la realidad de las aulas. ¿Ello es bueno para el propio sistema? ¿El alejamiento de, en otra época docentes de aula, durante largos periodos de tiempo promovidos a diferentes cargos es positivo? Me genera mis dudas el afirmarlo ya que, por motivos de la experiencia adquirida en los mismos, hace que su facilidad de manejo a la nueva realidad laboral pueda realizarse de forma más efectiva y sencilla. Aunque, quizás sería lógico tener en cuenta el aforismo de Ortega y Gasset cuando, en referencia a los empleados públicos comentó que “todos los empleados públicos debían descender a su grado inmediatamente inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”.

¿Qué hacemos? ¿Mantenemos los ascensos o realizamos un vaivén del sistema? ¿Devolvemos a los docentes que estaban ocupando cargos de responsabilidad al aula, con la experiencia adquirida en esos años, antes que, según el propio Principio se vuelvan indolentes e incapaces, o ninguneamos la aplicabilidad del mismo al sector docente considerando que la incapacidad, en caso de producirse, sea transitoria?

Este Principio tiene una connotación interesante (más allá de la creencia o no en el mismo): la necesidad de establecer un sistema de promoción profesional docente, por escalones y, en condiciones. Que primen más las capacidades y méritos objetivos que cualquier elemento externo y, que permitan ser subidos o bajados los escalones de dicha profesión de forma flexible y sencilla. Si alguien no sirve en escalones superiores, y ha demostrado su incapacidad de una forma manifiesta, que baje hasta donde sea útil para el sistema. Si alguien promociona y es válido en su nuevo estado, mantenerlo. Es algo a analizar, más allá de utilizar este principio de forma totalmente demagógica en uno u otro sentido.

Si se ha de establecer un sistema de promoción, que el mismo se abra a todos. Que todos los docentes de este país puedan acceder en igualdad de condiciones y que se primen los sistemas de objetividad y equidad en esas promociones. No es lógico ni razonable, en un sistema como el actual, donde una parte de la culpa del fracaso escolar recae en una mala gestión de sus recursos humanos, que se puedan blindar plazas de promoción a docentes por motivos extraprofesionales.

Aparte de lo anterior, quizás sería bueno establecer, tal como se nos comenta en algunas revisiones neoliberales del propio Principio, que he ido leyendo en diferentes lugares, la posibilidad de realizar un intercambio de estadios de promoción nominales por cantidades económicas. Podría ser que alguien no quiera ascender porque en ese estadio nuevo de promoción iría ligado el mismo a un desligamiento progresivo del aula. Por tanto, ¿por qué no “vender” ese ascenso a la propia Administración a cambio de algún tipo de prebendas? ¿Sería posible establecer ascensos sin necesidad de abandonar el aula y manteniendo las retribuciones económicas que supondrían los mismos? ¿Sería factible renunciar a esas retribuciones económicas con el fin de ascender? Mucho que hablar para, en base a un Principio más o menos creíble, establecer una carrera profesional docente en condiciones.

Diez reglas para desarrollar la voluntad

Diez reglas de oro para desarrollar la voluntad en niños y adolescentes:

Visto el 14 febrero, 2012 por Psicólogos Bonnet

La voluntad es un proceso psicológico que exige una serie de pequeños ensayos y esfuerzos, hasta que, una vez educada y desarrollada, se afianza y produce sus frutos. No se nace con ella sino que hay que ir desarrollándola desde la infancia, siendo el papel de los padres determinante.

A continuación se describirán diez reglas a tener en cuenta a la hora de desarrollar la voluntad en los niños y adolescentes:

  1. La voluntad necesita un aprendizaje gradual, que se consigue con la repetición de actos en donde uno se vence, lucha y cae, y vuelve a empezar. A esto le llamamos: hábito. Dicho de otro modo: hay que adquirir hábitos positivos mediante la repetición de conductas, de manera que nos va acercando hacia comportamientos mejores, más maduros sabiendo que, en las primeras etapas cuestan mucho trabajo, puesto que la voluntad está aún en estado primario, sin dominar.
  2. Para tener voluntad hay que empezar por negarse a dejarse vencer por los deseos, los estímulos, los gustos y las necesidades inmediatas. Esto es lo realmente difícil. La labor de los padres en esta tarea es decisiva: deben –con mucha habilidad – hacer que sus hijos vean atractiva la responsabilidad, el deber, el sacrifico y las obligaciones concretas que se les piden. Estar educado para buscar el placer inmediato es la mejor manera de sentirse uno atraído, llevado y tiranizado por la satisfacción y el placer inmediato. Por ese camino, la persona no llega a desarrollar su voluntad, al contrario, está desentrenado, porque se siente constantemente vencido cuando no satisface el deseo inmediatamente. Con esa urgencia típica de los que no saben decir no con alguna frecuencia, la persona con una voluntad débil se acostumbra a caminar siempre por el camino más fácil: el de la satisfacción de lo inmediato. La voluntad conduce al más alto grado de progreso personal cuando se ha conseguido el hábito de hacer, no lo que sugiere el deseo, sino lo que es mejor, lo más conveniente, aunque, de entrada, sea lo más difícil o requiera el mayor esfuerzo y tiempo. Una voluntad fuerte facilita el proceso hacia la autorrealización personal y hacia la felicidad. La vida humana es un asunto que se mueve entre dos dimensiones: adecuar los deseos a la realidad. Por eso la felicidad no consiste en vivir bien y tener un excelente nivel de vida, sino en saber vivir Liberación no es hacer lo que uno quiere o seguir los dictados inmediatos de lo que deseamos, sino vencerse en pequeñas luchas notables para alcanzar las mejores cimas del propio desarrollo personal.
  3. Cualquier aprendizaje se adquiere con más facilidad a medida que la motivación es mayor. El ejercicio de luchar por nuestros objetivos se desarrolla más gracias a la fuerza de los contenidos que los mueven. Es decir, el que no sabe lo que quiere, el que no tiene la ilusión de alcanzar algo, difícilmente tendrá la voluntad preparada para la lucha. Por tanto, no hay que proporcionarle todo a los niños, incluso sin que ellos lo pidan, sino enseñarles a que deseen y que se muevan, luchen y se sacrifiquen por conseguirlo y, no obstante, cuando no sea posible lograrlo aprender a soportar la frustración.
  4. Tener objetivos claros, precisos, bien delimitados y estables. Cuando esto es así y se ponen todas las fuerzas en ir hacia adelante, los resultados positivos están a la vuelta de la esquina, y no tiene cabida la dispersión de objetivos, ni tampoco querer abarcar más de lo que uno puede. Querer es pretender algo concreto y renunciar a todo lo que distraiga y desvíe los objetivos trazados.
  5. Toda educación de la voluntad tiene un fondo ascético, especialmente en sus comienzos. Hay que saber conducir las ansias juveniles hacia una meta que merezca realmente la pena; aquí es donde resulta decisiva la tarea de los padres. Debemos recordar que las grandes ambiciones brotan de algo pequeño que crece y se hace caudaloso a medida que la lucha personal no cede, no baja la guardia, insistiendo una y otra vez.
  6. A medida que se tiene más voluntad, uno se gobierna mejor a sí mismo, no dejándose llevar por el deseo inmediato. El dominio personal es uno de los más extraordinarios retos, que nos eleva por encima de las circunstancias. Con una voluntad bien estructurada, uno no hace lo que le apetece, ni escoge lo más fácil y llevadero, sino que se dirige hacia lo que es mejor y más adecuado.
  7. Una persona con voluntad alcanza las metas que se había propuesto con constancia. La constancia constituye uno de los grandes pilares de la voluntad, por cuanto es a través de ella como se desarrolla.
  8. Es importante llegar a una buena relación entre los objetivos y los instrumentos que utilicemos para obtenerlos; es decir, buscar la armonía entre fines y medios. Hay que intentar una ecuación adecuada entre capacidades y limitaciones, pretendiendo sacar lo mejor que hay en nosotros mismos, poniendo en marcha la motivación, el orden, la constancia, la alegría y la autodisciplina sobre nosotros mismos, para no desfallecer ni ceder en lo que nos hemos propuesto.
  9. Un buen y suficiente desarrollo de la voluntad es un indicador de la madurez de la personalidad. La voluntad se acrecienta con su uso. y se hace más eficaz a medida que se incorpora con firmeza en el patrimonio psicológico de cada uno de nosotros.
  10. El desarrollo de la voluntad no tiene fin. Esto significa que podemos estar ampliándola mientras exista en nosotros el deseo de mejorar y superarnos.

Me gustaría terminar con la siguiente frase:

El querer lo es todo en la vida. Si queréis ser felices lo seréis. Es la voluntad la que transporta las montañas.

                       

Alfred Victor de Vigny (1797-1863) Escritor francés.

 

Saludos,

Maite

 

www.psicologosbonnet.es

 

Consejos para Familias: Enuresis y Encopresis

ACTUACIONES PARA EL CONTROL DE ENURESIS Y ENCOPRESIS

* En casa: buscar algún momento en el que no se le agobie y ponerle para que lo haga:

  • Podría ser al levantarse, antes de irse al cole, cuando llega del colegio, etc… Siempre respetando los mismos intervalos horarios (cada 2 ó 3 horas…)
  • A los niños con problemas de pis (enuresis) y/o caca (encopresis) se les entrena en estos hábitos e, igualmente, debe ser el niño quien se quite la ropa, y la lleve a la lavadora, busque su ropa limpia y se cambie.
  • Otro ejercicio es dejar que el niño permanezca solo en su habitación tranquilamente sentado durante 10 minutos. Después, repetir el ejercicio en el retrete, de modo que permanezca sentado otros 10 minutos y, finalmente, repetir la secuencia en los mismos horarios, coincidiendo con las horas de comida para que vaya adquiriendo los hábitos adecuados y sea capaz de reconocer las señales de su intestino.
  • Recordar que cada niño/a tiene su propio ritmo y avanza de forma diferente en su desarrollo . Lo mejor es estimularlo positivamente y enseñarle, no exigirle.
  • Resulta muy útil anotar en papel las horas en las que el niño/a orina o hace caca durante la semana, para conocer cuál es el punto de partida.
  • El niño/a debe tener previamente unos conocimientos. Es conveniente que tenga algunas nociones básicas del esquema corporal (como arriba, abajo, delante, detrás) para poder seguir instrucciones, sea capaz de imitar y obedecer instrucciones simples como subirse y bajarse el pantalón.
  • El niño/a debe conocer las palabras clave necesarias para aprender el hábito concreto. Para ello, es importante emplear las palabras adecuadas: pis, orina, caca, heces, mojado, sucio, limpio, pañal, water, retrete, orinal,…
  • El niño/a debe entender lo que es la “caca” o el “pis” (en muchas familias se utilizan palabras o expresiones muy diferentes) y debe poder verbalizarlas.
  • Debe darse cuenta de las sensaciones que ocurren después de orinar o defecar estar “mojado”, “sucio”,… Un poco más adelante, el niño será consciente de lo que se siente antes de: las “ganas” de hacer pipi (contracciones de la vejiga) o de defecar (movimientos del intestino).
  • Importancia de que el niño/a vea cómo hacen los mayores (niños o adultos) como modelos directos de conducta. Además se pueden emplear libros de cuentos que traten sobre ello.
  • Observa si el niño/a tiene algún movimiento especial antes de defecar (se pone rojo, se encoge,…) u orinar (se mueve, cruza las piernas, se lleva las manos al pubis,…). Cuando lo inicie, hay que decir: “me parece que tienes ganas de hacer caca ahora ¿verdad?”.
  • Proponerle un primer intento: “¿Quieres sentarte un rato en el water a ver si sale?” Si el niño/a tiene éxito, celébrelo con una alabanza, una frase sencilla y reforzante. Si no, no pasa nada y se puede añadir “otro día” o “la próxima vez” hará caca en el water como los niños/as mayores.
  • Explicarle la conexión entre los pantalones secos y el hecho de utilizar el water. El niño/a debe saber que los pantalones secos significan una sensación agradable y que puede mantenerlos así utilizando el water.
  • Haga lo que haga hay que darles una valoración positiva, nunca castigar ni ridiculizar