La Pirámide de Maslow al revés

La pirámide de Maslow al revés

By LUCA FRANCESCHI on resiliencia

La Pirámide de Maslow es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en su obra: Una teoría sobre la motivación humana (en inglés, A Theory of Human Motivation) de 1943, que posteriormente amplió. Maslow formula en su teoría una jerarquía de necesidades humanas y defiende que, conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide). (Fuente Wikipedia).

La Pirámide de Maslow describe la jerarquía de necesidades humanas, desde las más básicas a las más elevadas. (Imagen: Wikipedia).

Creo que esta teoría nos puede venir bien para reflexionar sobre nuestros estados colectivos en estos primeros años del siglo XXI que podríamos también llamar el siglo de la facturación. ¿Quién nos pasa facturas? Aparentemente todos. ¿Quién tiene que pagarlas? Aquí la respuesta es más complicada.

Las facturas a pagar serían, a título de ejemplo no exhaustivo, las siguientes y derivarían directamente de la palabra que llena completamente nuestro celebro: ¡CRISIS! La de los excesos del mercado financiero, la del cambio climático, la de la explosión demográfica, la del agotamiento de muchas materias primas -en primer lugar el petróleo-, la de la mundialización y su desregulación, el desempleo, la del fin de las ideologías, y podríamos seguir así durante un buen rato. Todas estas amenazas influyen mucho sobre nuestra manera de vivir y nuestra capacidad de proyectarnos en el futuro, y a nivel emocional son seguramente generadoras de ansiedad.

Volviendo a la Pirámide de Maslow y siguiendo su lógica, parecería difícil hoy en el contexto Crisis/Facturas a pagar, poder llegar a lo que él define como Autorrealización. Sin embargo, hay muchos ejemplos de personas que poseen rasgos de autorrealización y no han tenido sus necesidades básicas satisfechas. Muchos de los mejores artistas sufrieron pobreza, deficiente crianza, neurosis y depresión. Otros como Victor Frankl nos han descrito cómo han podido sobrevivir física y moralmente en un campo de concentración nazi; otros nos enseñan todos los días cómo convivir con enfermedades físicas…

En definitiva, los humanos tenemos esa gran capacidad de adaptación llamada resiliencia, que a menudo nos permite construir un sentido, cruzar el río, para después hacer el puente o simplemente dar una explicación a lo que nos ocurre. Tenemos la capacidad de reinventarnos, de volver al juego sin ser ni demasiado optimistas o pesimistas, esta forma de trascendencia es nuestra mejor aliada.

Como personas tenemos que hacer como las organizaciones: establecer una visión de nosotros mismos a veinte años, nuestro propio proyecto y luego pelear por ello, adaptándonos, cambiando estrategias si es necesario, y ayudando a los demás, que es otra forma de trascendencia empática, una aliada indispensable. Gandhi decía: “La diferencia entre lo que hacemos y lo que seríamos capaces de hacer bastaría para resolver la mayor parte de los problemas de el mundo”.

Lo que escribo es más una necesidad de compartir y probablemente reconfortar y reconfortarme, sobre algo que intuyo y no sé explicar; la capacidad de entrever en estas crisis la oportunidad de dar los primeros pasos hacia una manera de vivir y convivir diferente. Una red de seres empáticos capaces; con la risa y el buen humor, de los que saben trasformar los dramas en molestias, conscientes del planeta en el que vivimos, de los miles de años de historia que le ha costado a la humanidad llegar hasta aquí, producir la primera evolución planetaria hecha sin necesidad de ningún monopolio, porque ya no tendrá razón de ser.

Entonces, puede ser que en las próximas décadas los científicos escriban sobre una generación que contribuyó a poner: “La pirámide de Maslow al revés”.

* Comments

¿Cúando comienza la filosofía?

¿Cuándo comienza la filosofía?

Por: Eduardo Robredo Zugasti

Daniel Lord Smail es un profesor de Harvard que ha propuesto revisar la tradición historiográfica desde la idea de una “historia profunda” consiliente con las neurociencias: no podemos enseñar historia como si ésta empezara repentinamente hace unos 6.000 años en Mesopotamia, una “narrativa básica” que a fín de cuentas supone la secularización de la cronología judeocristiana, pero no representa a toda la humanidad.

En este sentido profundo, la historia humana comienza en África y tiene -al menos- 60.000 años de antiguedad como especie independiente capaz de explotar su propio “nicho cognitivo” basado en la evolución de la cultura y la neuroplasticidad. Desde esta perspectiva profunda, no eurocéntrica, el ser humano es también un filósofo natural: “Sócrates fue negro“.

Gonzalo Puente Ojea especula en su último libro sobre las características de estos primeros filósofos naturales, vinculados con los inicios de una crítica religiosa, del humanismo:

¿Cómo y cuándo comenzó el ser humano a poner en tela de juicio la ideología animista y sus implicaciones mítico-religiosas? Esto debió de ocurrir, sin duda, en la mente precoz de sujetos especialmente dotados para la observación y la reflexión, de modo inicialmente imperceptible en la noche de los tiempos; para cuando pasó a ser una especulación pública y documentable mediante testimonios históricos habrían transcurrido ya bastantes miles de años, y a medida que el espacio de lo sagrado adquiriera un estatuto más o menos reglado y distinguible de lo meramente profano.

El filósofo keniata Henry Odera Oruka y sus colegas han propuesto una “descolonización conceptual” de la filosofía africana, recuperando la reflexión crítica presente en los pueblos tradicionales no europeos. Sin embargo, sigue siendo controvertido establecer qué parte de esta elaborada filosofía sapiencial (“African sage philosophy“) es una genuina herencia indígena y qué parte procede del entrenamiento académico de los propios profesores africanos.

Las críticas al eurocentrismo han sido ampliadas recientemente por profesores occidentales como Martin Bernal, Martin West o Avner Grief. El propio materialismo histórico, por cierto, ya concebía (Ardjitsev, La materia como categoría filosófica) lo que llamaban “materialismo dialéctico espontáneo” de la filosofía antigua, incluyendo a los Vedas, la filosofía Charvaka o Lokayata de la India y el taoísmo chino.

En contraste, la visión heredada sobre el origen de la filosofía ha destacado siempre su filiación esencialmente griega. Frederick Copleston:

Se ha de recordar que Jonia era, por así decirlo, la encrucijada en que venían a encontrarse el Occidente y el Oriente, de tal modo que se puede plantear la cuestión de si la filosofía griega debió o no su origen a influencias orientales, de si, por ejemplo, fue oriunda de Babilonia o de Egipto. Tal opinión ha sido mantenida, pero ha habido que desecharla. Los filósofos y escritores griegos nada saben de ella -ni siquiera Herodoto, que tan decididamente sostiene su teoría predilecta de los orígenes egipcios de la religión y la civilización griegas. La teoría del origen oriental se debe sobre todo a los escritores alejandrinos, de quienes la tomaron los apologistas cristianos. (…) La ciencia y el pensamiento, en cuanto distintos del cálculo meramente práctico y del saber astrológico, fueron productos del genio de Grecia, y no se debieron ni a los egipcios ni a los babilonios. Por lo tanto, los griegos surgen indiscutiblemente como los primeros pensadores y científicos de Europa.

De hecho, este comentario da en el clavo al destacar la excepcional originalidad de la ciencia griega con respecto a los saberes protocientíficos de las primeras civilizaciones agrarias asiáticas y de las sociedades tradicionales africanas. Lo que distingue al “genio de Grecia” es un naturalismo formalizador que inaugura una genuina “ruptura occidental” de la que no tenemos ninguna constancia documental en otros lugares del mundo. No existe, que sepamos, un “Tucídides keniata”, o un “Platón mesopotámico”.

En resumidas cuentas, el origen clásico de la filosofía no es una conspiración de profesores blancos occidentales o de conservadores con ideas peligrosas. La filosofía y la ciencia natural tienen sin duda una historia muy profunda, pero el naturalismo griego (la primera revolución científica, según Ernst Mayr) que alimenta al progreso científico desde hace por lo menos 2.500 años es probablemente un sub-producto de la evolución cultural y un accidente histórico no esperado: Sócrates fue griego.