Genie, la niña salvaje

En mis clases de CFGS Educación Infantil suelo utilizar la película de Truffaut “El Pequeño Salvaje”  para hablar de los “niños salvajes”.

Hoy quiero compartir este excelente artículo de Mª TERESA VALLEJO sobre otra niña salvaje: Genie

EL EXPERIMENTO PROHIBIDO. GENIE, LA NIÑA QUE VIVIÓ ATADA A UNA SILLA Y QUE GRITABA ¡YA NO MÁS!

 

¿Quién era Genie?

Genie (cuyo nombre de pila, raramente usado, es Susan M. Wiley) es el nombre que las autoridades del estado de California le dieron a una adolescente de tan solo 13 años descubierta en el suburbio angelino de Arcadia de manera fortuita el 4 de noviembre de 1970 en estado semisalvaje, una criatura incapaz de hablar después de haber pasado su vida encerrada en una habitación a oscuras y en condiciones infrahumanas.

Fue maltratada, y literalmente abandonada en un cuarto de su casa, por parte de sus padres. Sus progenitores, al creerla deficiente mental, se deshicieron de ella de la forma más terrible que existe, aislándola totalmente del mundo exterior. En su confinamiento aprendió, a base de palizas, que no debía hacer ruido, ni chillar ni jugar, debiendo guardar silencio total.

Cuando la policía descubrió el caso, la niña solo arañaba, olía y escupía, andaba de una forma muy particular, con las rodillas flexionadas hacia delante y los hombros caídos, parecía que nunca la hubieran enseñado a andar correctamente y hubiera tenido que aprender sola.

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Cuando los psicólogos evaluaron a la niña, presentaba los siguientes síntomas: subdesarrollo en todas las áreas, ausencia de lenguaje, malnutrición, evidentes síntomas de maltrato y abandono. Descubrieron que se comportaba como una criatura salvaje. No sabía hablar y apenas si razonaba como una persona. La niña tenía un vocabulario de veinte palabras, en su mayoría órdenes como “¡para!”, “no” o “¡ya no más!”.

Estaban ante un claro ejemplo de lo que en psicología se denomina niños ferales o salvajes, es decir, niños aislados, confinados o criados por animales que suelen tener un desarrollo cerebral diferente al de las demás personas. Su historia es terriblemente dramática y conmovedora.

Documental

El entorno familiar de Genie.

Su madre, al casarse, dice «mi vida ha muerto». Al padre de Genie no le gustaban los niños, los odiaba. Tras cinco años de matrimonio, su madre quedó embarazada y el padre intentó estrangularla. Nació el bebé y el padre la encerró en el garaje para no sentirla llorar. A los dos meses y medio el bebé moriría de neumonía. Al siguiente año, nacería otro niño, que murió tan sólo dos días después. Se alegó que tragó sus propias mucosidades. Tres años después, otro hijo nació también con los mismos problemas sanguíneos que el bebé anterior: un RH incompatible que, en este caso, se mantuvo en un aparente buen estado de salud con el paso de los días. Más adelante, el niño comenzó a manifestar problemas para aprender a andar, hablar o incluso ir al baño. La abuela paterna se lo llevó a su casa para criarlo, para volver más adelante con sus padres.

Tres años después, el 18 de abril de 1957, Genie (cuarto hijo) nacería con un RH incompatible y con la necesidad de una transfusión un día después de nacer. A los tres meses, el pediatra le diagnosticaba una dislocación congénita de la cadera y necesitaría de una prótesis para sostener ambas piernas. Necesitaba, por tanto, fisioterapia, pero el padre se negó a ello e incluso a que su madre la atendiese. A los catorce meses, con fuertes fiebres, le fue diagnosticada una neumonía. Todos estos problemas tuvieron nefastas consecuencias para Genie, ya que, antes de los veinte meses de edad, quedó encerrada en una pequeña habitación, atada de día a una silla y en una cuna cerrada con rejilla metálica de noche. Viviría en esta situación hasta los 13 años y siete meses. Genie se encargaría de llamar la atención por medio de ruidos que el padre paraba dando fuertes golpes contra la pared de la habitación e, incluso, llegó a imitar a un «perro salvaje», ladrando, sacando dientes y arañando para asustarla, pegándole después. Al principio, la madre intentaba pasar un rato con Genie cada día, pero fue perdiendo progresivamente la vista, siéndole difícil darle algún cuidado. Su hermano, entonces, sería su principal cuidador, pero el padre se lo prohibiría, obligándole a asustarla actuando, también, como un perro salvaje.

Desencadenante del encierro

Genie vivía con sus padres y su único hermano John. La pareja, formada por Irene y Clark Wiley, sufría de frecuentes desavenencias. Irene sufría de ceguera progresiva debido a las cataratas y a su desprendimiento de retina. Clark, por su parte, quien era 20 años mayor que Irene, sufría un cuadro depresivo agravado que se desencadenó a causa de un accidente de tráfico en el que murió su madre, y era un hombre que le propinaba frecuentes palizas a su esposa.

Genie nació con un peso normal respecto a la media, pero debido a la dislocación congénita de cadera que sufría la obligaba a llevar una tablilla en esa parte del cuerpo. Comenzó a hablar un poco tarde, a los 20 meses. Un médico familiar sugirió que la niña presentaba problemas de aprendizaje y que posiblemente también un retraso mental.

Clark tomó esta situación al extremo, llegando a creer que las autoridades le quitarían a su hija, o que sería llevada a una institución especializada, y que era su deber proporcionarle un tratamiento doméstico y protegerla de los peligros del mundo exterior.

El Encierro

A partir de ese momento, Genie comenzó a experimentar los efectos del aislamiento. Hasta los 13 años de edad, Genie no tuvo contacto con el mundo, ni con persona alguna, salvo su padre (según la reconstrucción de hechos). Se especula que pasaba los días encerrada en una habitación, ataviada únicamente con un pañal y atada a una silla-orinal (potty chair, silla entrenadora en inglés) con una especie de aparato doméstico para atar gente (Frank Linley, Sargento de Temple City y una de las primeras personas en conocer a Genie). Cuando era de noche, su padre la colocaba en una especie de bolsa de dormir, la ataba y la dejaba dentro de una jaula parecida a la de los pollos, hecha de alambre y madera. A veces se le olvidaba desatarla y la niña pasaba la noche en la silla, sin abrigo (de acuerdo al testimonio de su madre). Tenía prohibido emitir sonidos o hacer ruido. Si llegaba a hacerlo, su padre la golpeaba o le ladraba como un perro feroz para asustarla. Ni siquiera la enseñó a comer o a ir al baño por sí sola. Su alimentación, hasta los 13 años, consistió en comida de bebé, cereales y huevos cocidos, todos los cuales le eran proporcionados de mano, sin entrenamiento.

Su habitación era un cuarto sellado sin ningún adorno en las paredes. No tenía acceso a radio, televisión, ni a material didáctico. Lo único de lo que disponía (cuando no estaba atada) era de algunos envases de queso cottage, un par de impermeables de plástico, estambre y revistas viejas de TV Guide. Si acaso llegaba a oír palabras, éstas eran primitivas y agresivas. A la edad de 13 años, la niña sólo entendía 20 palabras, la mayor parte de las cuales eran cortas y negativas, como “stop it” (para ya), “no more” (ya no más) y “no”.

Los demás habitantes de la casa no vivían de manera muy diferente, pues debían permanecer cautivos (aunque a ellos se les permitía salir de vez en cuando). Cuando se les permitía salir, el padre se sentaba con una pistola cargada a observarlos. También les estaba terminantemente prohibido dirigir palabra alguna a Genie.

La casa estaba completamente a oscuras. Todas las ventanas estaban tapadas y no habían juguetes o indumentaria, nada que hiciera pensar que un niño de cualquier edad hubiese vivido ahí.

 

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Casa de la familia Wiley

En la habitación de Genie, a pesar de estar sellada y con las ventanas tapadas, había un pequeño hueco en la parte superior del cristal de éstas, con lo que Genie posiblemente haya escuchado la música de piano que un vecino solía poner y los aviones que pasaban por el lugar. Su vista del mundo se reducía a 5 centímetros de cielo y parte de la casa de dicho vecino.

Descubrimiento

En algún punto a mediados de 1970, cansada de los abusos y las palizas, Irene Oglesby logró escapar, llevándose a sus hijos y huyendo con su madre. Debido a que la situación económica era precaria, por decir lo menos, no disponía de dinero para operarse y recuperar la vista. Por tal motivo, el 4 de noviembre de 1970 acudió a una oficina de beneficencia en Temple City a buscar apoyo del Estado de California. La trabajadora social que la atendió notó de inmediato que la niña que iba con ella usaba pañales, miraba puntos indefinidos en el espacio y sostenía sus manos como si estuviera apoyada en una barandilla imaginaria, mientras hacía ruidos infantiles. Pensó que era autista, y que no tendría más de siete años de edad. Al descubrir que en realidad tenía trece, llamó a su supervisor, quien dio aviso a la Policía. Inmediatamente la niña fue puesta en custodia y los padres acusados de negligencia y maltrato infantil. Quedó claro, sin embargo, que Irene tendría más posibilidades de defensa considerando además el hecho de que era una víctima de violencia doméstica. Con esto en mente, poco antes de comenzar el juicio, Clark se suicidó, dejando una nota que decía que “el mundo nunca lo entendería”.

 

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Clak Wiley

 

Tratamiento

La niña fue llevada al Children’s Hospital de Los Ángeles. Se entrevistó a la madre, y lo que vieron y oyeron hizo que llamasen a la policía. Los informes de las entrevistas no eran fiables, ya que se descubrió que la madre a menudo contestaba en función de lo que ella pensaba que el entrevistador quería oír. Además, se contradecía a menudo de una entrevista para otra. Sólo a través de la observación del comportamiento de Genie podrían descubrir algunos detalles de su terrible pasado, motivo por el cual tomaron a Genie bajo su custodia.

Genie sería admitida en el hospital por su extrema malnutrición. Genie daba pena. Como casi nunca había llevado ropa, no reaccionaba a la temperatura, fuese frío o calor. Nunca había comido nada sólido, por lo que no sabía masticar y le costaba mucho tragar. Por haber estado tanto tiempo atada a la «silla-orinal», Genie no tenía fuerza en las piernas, por lo que no podía correr, subir escaleras, agacharse…, de hecho, sólo podía andar y con mucha dificultad. Como nunca había mirado a una distancia mayor de tres metros, tenía gran dificultad para enfocar a mayores distancias. Como le pegaban por hacer ruido, había aprendido a suprimir cualquier tipo de vocalización. Padecía enuresis y encopresis, tenía el pelo descuidado y estropeado, salivaba copiosamente y escupía sobre cualquier cosa que tuviese a mano. Genie utilizaba su cuerpo y objetos para hacer ruido y ayudarse a expresar su frenesí: arañaba el suelo con una silla, sus dedos rascaban los globos, volcaba los muebles, lanzaba objetos y los golpeaba, arrastraba los pies. Casi no emitía sonidos y se dedicaba a buscar objetos con los que intentaba masturbarse regularmente, sin importar el lugar donde se hallase o las personas que estuviesen a su alrededor.

Los especialistas que la estudiaban no estaban de acuerdo sobre los avances que se lograrían en el comportamiento y en el lenguaje de Genie. Unos médicos opinaban que el lenguaje no es producto de la civilización sino que es innato en el ser humano y que, por tanto, podría aprenderlo. Otros, sostenían que hay cierto umbral del desarrollo en que el cerebro puede aprender tareas como el lenguaje. Cuando se supera ese tiempo, no es posible enseñarlo. Carecía de socialización alguna, era primitiva y casi inhumana. Genie se vio enfrentada a la tarea de aprender a hablar. Aunque fuesen verdad las declaraciones de su madre de que había aprendido vocabulario siendo un bebé, era evidente que su entorno no le proporcionó suficientes signos lingüísticos. Sin embargo, era necesario determinar si su cerebro estaba dañado y tenía el necesario desarrollo cognitivo como para adquirir el lenguaje.

Dada su dificultad para hablar, al principio de su aprendizaje, usaba más a menudo expresiones faciales o corporales para comunicarse, inventando su propio repertorio de vocabulario gestual. En octubre de 1971, se evidenciaba que Genie empezaba a ser receptiva a las diversas situaciones lingüísticas de su entorno. En enero de 1972, Genie comenzó a utilizar el lenguaje por primera vez para referirse a un acontecimiento pasado. No obstante, no lograba vocalizar correctamente por haber estado tantos años reprimida de hacerlo. Genie progresaba física y mentalmente, sin embargo, su dominio del lenguaje nunca progresó más allá del de un niño de tres o cuatro años.

Sin embargo, cuando los médicos del hospital lograron enseñarle a vestirse por sí misma y a responder algunas preguntas comenzaron a tener mayor confianza en que la niña podría tener un nivel de desarrollo aceptable.

Los médicos, se dice, vieron la película L’Enfant Sauvage de François Truffaut, curiosamente estrenada ese mismo año de 1970, en la que se contaba el caso de Víctor de Aveyron, un niño hallado en estado salvaje a finales del siglo XVIII en Francia. En opinión de los primeros terapeutas, James Kent y Susan Curtiss, jamás se había dado un caso de abuso infantil de semejantes proporciones.

Los investigadores que trabajaron con Genie

Pero la pesadilla de la pequeña Genie aún no había terminado. Varios investigadores se interesaron por su caso y creyeron ver en ella una oportunidad para avanzar en sus estudios sobre el lenguaje y el cerebro humano.

Con esto en mente y dada la oportunidad de estudiar uno de los casos de niños salvajes más susceptibles de ser documentados y medidos, el gobierno de los Estados Unidos asignó recursos especiales a la investigación de Genie.

Durante largos meses Genie fue sometida a decenas de pruebas, con un valor más experimental que terapéutico, mientras los investigadores se peleaban por ver quién se quedaba con su caso.

 

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La Dra. Jeanne Butler fue la asignada para llevarse a Genie , casi por accidente, y, según su versión de los hechos, trató de brindarle a Genie un medio ambiente tan doméstico como le fuera posible, por lo que trató de llevar a cabo la investigación casi por su cuenta, y no permitía visitas de parte del equipo originalmente ocupado de Genie. La doctora Jeanne Butler presumía que aquel caso iba a hacerle famosa y en su propia casa, la grababa durante horas mientras realizaba con ella todo tipo de pruebas de dudoso valor científico. Las actitudes de la Dra. Butler han sido controvertidas hasta hoy. Sus detractores citan una frase que solía decir: «Voy a ser la próxima Anne Sullivan» (la mentora de Hellen Keller), para apoyar la tesis de que sólo era una buscadora de fama a costa de la niña. Ella se defiende argumentando que su interés por Genie era genuino. Como sea, su petición para adoptarla legalmente fue rechazada y la niña volvió al hospital. No mejoró de esta manera la situación de la pobre Genie, que volvió a estar rodeada de un equipo de terapeutas que la consideraban más un objeto de estudio que un ser humano.

David Rigler y su esposa Marilyn, otra pareja de científicos que siguieron con los experimentos. Se hicieron cargo de Genie, convirtiéndose en padres adoptivos. Los Rigler se enfocaron ante todo en enseñarle cosas prácticas más que la observación de sus hábitos. David Rigler, decia que Genie tenía una cualidad innata donde conectaba con la gente mediante la mirada .A pesar de que hubo algunos progresos, las pruebas incluían actividades contradictorias para la niña, como obligarle a recordar lo que le hacía su padre o permitir que se arañara la cara como forma de expresar su rabia. Después de comprobar las irregularidades, y la ausencia de un plan científico, la Asociación de Salud Mental de los Estados Unidos retiró el apoyo económico a la investigación y los Rigler perdieron el interés por la niña. Citan el caso de cuando Genie pudo hablar acerca de sus años de maltrato:

– Marilyn Rigler: ¿Dónde te quedabas cuando estabas en casa? ¿Dónde vivías? ¿Dónde dormías?

– Genie: Orinal

– Marilyn Rigler: ¿Dormías en el orinal?

– Genie: “Mmm, mmm orinal”.

Durante los cuatro años que permaneció con el matrimonio, aprendió los fundamentos del lenguaje de señas, algunas frases cortas, aprendió a sonreír y, si no había otra forma de expresarse, hacía pequeños dibujos.

Susan Curtiss: Profesora de idiomas y lingüista. Su trabajo lo lleva a cabo de la siguiente manera, primero estudiando a la niña en base de su desarrollo gramatical y también estudiaba las razones de que la diferenciaban de un niño con un desarrollo normal.

James Kent: era el psicólogo responsable del proceso de adaptación de Genie. Creía que Genie mejoraría si se le permitía establecer relaciones y se le animaba al hacerlo. Poco a poco se dio cuenta de que Genie estaba sintiendo cariño hacia él y demostraba sus emociones. Estudiaba el desarrollo emocional. Según este, Genie mejoraría al permitirle adaptarse a las relaciones sociales, porque Genie no respondía a ningún saludo pero cuando el doctor se despidió, su expresión cambió sintiendo tristeza. Este fue el primer indicio donde se destacó que si podía entablar una relación. Sus primeras palabras fueron Doctor.

Jay Shurley: Es un psiquiatra que estudia principalmente a la gente que ha sido aislada de la sociedad. Evaluó mediante ondas sonoras el pasado de Genie, encontrando un llamado uso del sueño ¿realmente era retrasada o el cerebro estaba dañado por los abusos del padre?

Jen Butle: es una educadora diferencial y también profesora del hospital infantil de los Ángeles le enseño atar sus zapatos y la quiso adoptar y cuidar llevándola a su casa para alejarla de los especialistas, pero su petición fue rechazada.

Los años posteriores

Por si el desbarajuste era pequeño, un tribunal devolvió la custodia a la madre, que interpuso una demanda contra todo el equipo de investigación y el hospital infantil de Los Ángeles por haberla sometido a “excesivas e insoportables” pruebas. Finalmente, la madre después de unos meses se dio cuenta de que hacerse cargo de Genie era una tarea muy complicada, no siendo capaz de cuidar de Genie.

Debido a que los términos legales del juicio establecían que los médicos del equipo original de Genie no tenían derecho a acercársela, la mujer tomó las decisiones que creyó pertinentes, sin consultar a nadie. Eventualmente, Genie vivió en seis hogares adoptivos, en algunos de los cuales fue nuevamente maltratada y experimentó regresiones, sobre todo después de cierto incidente en uno de ellos, donde, después de ser severamente castigada (no se sabe exactamente de qué manera) por vomitar, adquirió nuevamente el miedo a abrir la boca, con lo que nuevamente dejó de hablar.

Genie en la actualidad

Debido a la orden judicial, se sabe poco de Genie en la actualidad de manera pública. Lo único que se sabe es que su madre falleció alrededor del año 2002, que su hermano John asistió a la preparatoria por lo menos un año, que sigue vivo y que ella, después de una vida miserable y sin haber superado ninguno de sus problemas, está en una institución de cuidados para adultos ubicada cerca de California llamada San Gabriel/Pomona Valleys Foundation, que se dedica al cuidado de adultos con retraso mental, autismo, parálisis cerebral o epilepsia. Jamás se sabrá el grado de desarrollo que hubiese podido alcanzar de haber seguido con su terapia cognitiva.

Sobre la dramática y triste historia de esta niña, Russ Rymer ha escrito tres libros titulados: “Genie: A Scientific Tragedy”, “Genie: An Abused Child’s Flight from Silence” y “Genie: Escape from a Silent Childhood”. Otro libro (“Savage Girls and Wild Boys: A History of Feral Children” de Michael Newton) dedicado a los niños ferales le dedica a Genie un capítulo.

También se hizo una película en 2001 llamada Mockingbird Don’t Sing basada en la historia de Genie (sin mencionar explícitamente su nombre, por temor a problemas legales), así como una canción del grupo indie Killjoy Confetti llamada Crooked Teeth.

PELÍCULA:

Procesos de aprendizaje de Genie

Genie constituye un claro ejemplo de los efectos del aislamiento severo en la fase de desarrollo. Una vez creado el grupo de investigación, los científicos integrantes comenzaron a instruirla y a aplicarle toda clase de pruebas relacionadas con el aprendizaje. Al tercer día de ser internada en el Hospital Infantil de Los Angeles comenzó a intentar vestirse sola y usar el servicio, y mostraba gran interés en nombrar los objetos que captaban su atención, a los que señalaba hasta que alguien pronunciaba su nombre.

Adquirió rápidamente un vocabulario de unos cientos de palabras, pero apenas hablaba, y cuando lo hacía emitía las palabras en tonos agudos y cortos, sin variación en el tono, de manera que resultaban difíciles de comprender. Ya que sus padres la castigaban cuando hacía ruido, era imposible determinar si su falta de expresión oral se debía a un retraso de nacimiento o al abuso y confinamiento sufridos, ya que a Genie no sólo se impidieron la formación de interacciones sociales, sino que los movimientos corporales estaban muy restringidos, en un entorno muy pobre en cuanto a estímulos nuevos se refiere.

Los niños aprenden a construir frases progresivamente, empezando con secuencias de palabras sin orden establecido hasta la formación de oraciones con sintaxis correcta, a través de escuchar a otros, de preguntar y ensayar. Es de destacar que este proceso ocurre sin una instrucción específica, por iniciativa del niño. En el caso de Genie, sin embargo, el proceso había quedado estancado en la primera fase; sólo era capaz de emitir palabras sin un orden lógico, pese a que estaba siendo expresamente educada para ello.

Los investigadores decidieron que no es posible desarrollar el lenguaje si no existían interacciones y lazos afectivos con otras personas, así que Genie fue hospedada en una casa de acogida con el jefe de investigación.

Procesos Cognitivos

Dejando a un lado la imposibilidad de Genie para desarrollar una sintaxis, la evaluación de los tests referentes a las demás habilidades eran muy satisfactorios. Cuando no era capaz de comunicar algo verbalmente, expresaba sus pensamientos y emociones a base de trazos sobre el papel, de una complejidad y expresividad notables.

También destacaba en tareas lógicas y discriminación de patrones a partir de muestras aparentemente caóticas. Los ejercicios de memoria espacial, como reconstruir estructuras con segmentos de diferentes colores de memoria, daban a Genie una puntuación normal en adultos.

Finalmente queda destacar que el comportamiento de Genie al explorar objetos nuevos era propio de los niños de 18 a 20 meses. Al estudiar un objeto, lo palpaba con los dedos, la boca y áreas adyacentes de la cara. Su vista no había adquirido la predominancia sobre los demás sentidos, como ocurre normalmente

Consideraciones Neurológicas.

Para aportar algo de luz a esta incógnita, se aplicaron pruebas neurológicas a Genie en las que era posible apreciar la actividad en la corteza cerebral. Habitualmente las personas utilizamos ambos hemisferios del cerebro al llevar a cabo una tarea, aunque más intensamente en un lado u otro según el tipo de procesamiento implicado. Por ejemplo, el hemisferio derecho está especializado en el procesamiento visuoespacial entre otros, y el izquierdo en el lenguaje, el análisis y la lógica.

En el caso de Genie se descubrió que el hemisferio izquierdo era casi inactivo, y los resultados en sus pruebas de habilidad eran las propias de una persona con el hemisferio izquierdo extirpado. Se desconoce si esta situación es producto de la falta de estimulación adecuada durante el desarrollo o bien de una deficiencia de nacimiento.

Adquisición del lenguaje

Se conoce que los niños de apenas cuatro semanas de edad, diferencian unas cuarenta consonantes. Esto se ha comprobado midiendo los cambios de ritmo de la succión y latidos de corazón al escuchar las consonantes, lo que refleja que el cerebro las diferencia de manera involuntaria. A los seis años de edad, la habilidad para diferenciar consonantes a las que no han sido expuestos se ha reducido enormemente. Estos datos casan perfectamente con el hecho indiscutible de que tras la pubertad no es posible aprender una segunda lengua de manera natural. La lengua materna es aprendida sin esfuerzo y se domina perfectamente, mientras que una segunda lengua requiere de mucho esfuerzo y no se pronuncia, ni siquiera con décadas de uso, de forma enteramente natural.

Parece que el ser humano viene equipado de manera innata de la capacidad de distinguir un gran número de sonidos específicos para el habla, de los cuales sólo sobreviven y se desarrollan aquellos que son percibidos en el periodo preadolescente. Este periodo, llamado “período crítico”, es fundamental para el desarrollo de distintas capacidades cognitivas, entre las que se encuentra el lenguaje articulado, debido a la gran plasticidad sináptica del cerebro.

Gracias a la facilidad para la creación y destrucción de conexiones neuronales, aquellas vías que reciben estimulación adecuada son fortalecidas y “eliminan” a las que no resultan tan útiles. Este modelo de desarrollo cognitivo implica necesariamente la formación previa, anterior a toda experiencia, de unos circuitos neurales básicos sobre los que se realizará el “ahuecado” que dará lugar al sistema de procesamiento maduro.

Esto nos lleva a recordar a dos lingüistas del siglo XX que basan sus investigaciones en el principio de la base biológica del lenguaje humano.

Lenneberg : defendió la idea del periodo crítico para el desarrollo y adquisición del lenguaje, situándolo entre los dos años de edad y que terminaba en la pubertad debido a la terminación de la lateralización hemisférica y de la plasticidad cerebral. . Un periodo crítico es una fase en el ciclo de la vida cuando un organismo tiene un nivel más alto de sensibilidad a estímulos exógenos que son obligatorios para el desarrollo de una habilidad particular. Si el organismo no recibe el estímulo adecuado durante este “periodo crítico”, puede ser difícil o incluso imposible, desarrollar algunas de las funciones más adelante en la vida. Según él, antes el cerebro es demasiado inmaduro y después carece de la suficiente plasticidad. Según explica Lenneberg (1967:125-178) en un capítulo titulado “Language in the Context of Growth and Maturation”, desde el nacimiento, el hemisferio cerebral dominante se va especializando progresivamente en el lenguaje hasta que, en la pubertad, todas las funciones lingüísticas se concentran en esa parte del cerebro. Para Lenneberg, la falta de plasticidad cerebral que conlleva la lateralización hemisférica es responsable de las diferencias entre niños y adultos en la adquisición de una lengua extranjera. De esta teoría de condicionamiento biológico se infiere que el momento óptimo para aprender una lengua es la niñez, dada la plasticidad cerebral y la falta de especialización cortical que caracterizan esta etapa de la vida: a medida que maduramos y la organización del cerebro se hace más especializada, nuestra capacidad para aprender un idioma tiende a decrecer.

La teoría de Noam Chomsky es una teoría formal del lenguaje según la cual el lenguaje se genera a partir de unas estructuras innatas; por eso su teoría se conoce como “Gramática generativa”. Chomsky establece dos grandes principios. El principio de autonomía según el cual el lenguaje es independiente de otras funciones y los procesos del desarrollo del lenguaje también son independientes de otros procesos de desarrollo. El segundo principio es el principio de innatismo según el cual el lenguaje es un conjunto de elementos y reglas formales; es decir, es una gramática que no puede aprenderse asociativamente en virtud de la asociación de estímulo con respuesta, por lo tanto, es innato.

Noam Chomsky, consideraba la sintaxis como una función biológica del cerebro, innata más que aprendida de otras personas. Tal vez Genie había perdido la oportunidad de desarrollar dicha área del cerebro en el periodo adecuado (la infancia, hacia los 3 años). Está convencido de que la gramática del lenguaje articulado (la estructura lógica que permite establecer relaciones entre conceptos expresados verbalmente, y formar así enunciados complejos) está alojada en un área cerebral específica, que necesita de exposición estimular para desarrollarse. Esta área es independiente del resto de capacidades cognitivas y contradiciendo a Piaget, no emerge de ellas, sino de forma paralela. Actualmente se ha popularizado este enfoque, que además viene reforzado por numerosos descubrimientos.

Hemos visto anteriormente que la actividad de los hemisferios de Genie se limitaba en su mayor parte al derecho, encargado de la percepción espacial y visual fundamentalmente. Así, obtenía resultados excepcionales en la identificación de caras, entre otras pruebas visuales. También su lenguaje se veía inclinado hacia el aspecto visual: cuando la mayor parte de los niños emplean sus palabras para describir acciones y relaciones entre personas y objetos, Genie las utilizaba para recalcar aspectos visuales de objetos, como “zapato negro” y “mucho pan”. A causa de estas peculiaridades, Susan Curtiss, la investigadora que trabajó con Genie durante varios años, llegó a pensar que tal vez la especialización del hemisferio izquierdo sólo puede producirse con el del lenguaje.

Esta especialización está sin duda relacionada con el gran interés que mostraba por explorar el entorno durante sus paseos con sus cuidadores, así como con la falta de iniciativa para hacer preguntas por sí sola. Pese a que nunca ha aprendido a distinguir entre pronombres, ni utiliza oraciones compuestas, sorprendió más de una vez a sus interlocutores refiriéndose a una acción del pasado: “Padre pega brazo. Madera grande. Genie llora,”, o bien describiendo sus emociones: “Genie feliz”.

 

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El caso de Genie tiene una implicación directa con la hipótesis de la existencia de un «periodo crítico» para la adquisición del lenguaje. El «periodo crítico» para el desarrollo del lenguaje humano que va desde los dos años hasta la pubertad. Este periodo crítico necesita dos condiciones: tener un cerebro humano (lo que implica socialización, comunicación y afectividad desde el nacimiento) y una estimulación lingüística.

Como resumen de su historial en el Hospital, se puede decir que el equipo de investigación no consiguió definir una línea de investigación coherente para Genie, primando a Genie como objeto de investigación y no como ser humano (de hecho, algunos investigadores la adoptaron con fines partidistas). El caso acabó siendo denunciado, a través de la madre, las subvenciones a la investigación retiradas y todos los principales investigadores encausados.

En cualquier caso, los controvertidos experimentos de los investigadores, y pese a los avances realizados en la educación tardía de Genie, las grandes preguntas sobre el origen del lenguaje y su relación con el resto de capacidades cognitivas están aún abiertas

Fue imposible determinar si su falta de expresión oral se debía a un retraso de nacimiento o al abuso y confinamiento sufridos. ¿Poseía la niña una discapacidad mental o esta fue a causa de la poca estimulación que obtuvo desde pequeña (período crítico)?.

El desarrollo de Genie no llegó nunca a alcanzar la plenitud a la que puede llegar un individuo cuyo ambiente social y cognitivo sea el adecuado durante su crecimiento

En Genie estos tipos de abusos y abandonos fueron crónicos, viviendo con ellos hasta el inicio de la adolescencia en el contexto familiar, y posteriormente en alguna forma de abuso emocional activo en el hospital, con los miembros del equipo investigador, o, inclusive, en casa de alguno de ellos. El comportamiento poco ético de los científicos en el caso de Genie que solo se acercaban a ella para conseguir fama o algún tipo de reconocimiento científico, los que dieron prioridad al resultado de una investigación frente al bienestar de una niña de solo 13 años , me lleva a formular estas  preguntas: ¿Era necesario que Genie pasara por esto? ¿Tenían los investigadores derecho a investigar a costa de ella en beneficio de la ciencia?. Respóndanse ustedes mismos…..

María Teresa Vallejo Laso

 

Referencias Bibliográficas

Bronfenbrenner, U.: La Ecología del desarrollo humano. Paidós, Barcelona, 1979.

Curtiss, S.: ApsycholinguisticstudyofaModern-Day “WildChild. Academic Press, New York, 1977.

De Anda, D. & Becerra, R. (eds.): Violence. Diverse populations and communities. The Harworth Press, New York, 2000. 

De Paúl Ochotorena, J. (dir.): Maltrato y abandono infantil. Factores de riesgo. Servicio de Publicaciones del gobierno vasco, Vitoria-Gasteiz, 1988. 

Itard, J.: Memoria e informe sobre el niño salvaje del Aveyron. Comentarios de Rafael Sánchez Ferlosio. Alianza, Madrid, 1982.

About Learning. University of California, Berkeley CA 94720: Lawrence Hall of Science.

Rymer, Russ (1999). Genie: a Scientific Tragedy. Harper Paperbacks; Reprint edition (January 12, 1994).

Moñivas Lázaro, A.; San Carrión, C.; Rodríguez Fernández, M.C. Genie: La niña salvaje. El experimento prohibido (Un caso de maltrato familiar y Profesional).

 

 

Guías sobre Ciberbullying y Grooming

Guías SOS contra el ciberbullying y el grooming para padres y educadores
Infocop |

El Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO), organismo dependiente de Red.es y del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, ha puesto a disposición de padres y educadores tres nuevas guías sobre ciberbullying y grooming.

El acoso a los menores a través de las nuevas tecnologías se ha convertido en un problema muy frecuente hoy en día, debido a que los menores acceden cada vez a edades más tempranas a estos medios, sin recibir formación sobre los peligros y riesgos que supone el uso de las nuevas tecnologías.

En la protección y prevención de casos de ciberbullying (acoso a menores a través de los medios telemáticos) o grooming (acoso sexual a menores por parte de adultos utilizando medios tecnológicos), los padres y educadores juegan un papel esencial, de tal manera que pueden detectar posibles abusos de manera temprana y enseñar medidas de seguridad para navegar en la Red.

Las guías SOS elaboradas por INTECO pretenden servir de pautas de “primeros auxilios” en estos casos. Una de las guías está dedicada al ciberbullying para padres, otra para educadores y una tercera al grooming. A través de estas herramientas, se proporcionan las claves para detectar casos de posible abuso (a través de los síntomas más frecuentes que suelen mostrar los menores), y los pasos que pueden dar padres y educadores si se confirma la sospecha (dónde denunciar, qué tipo de pruebas aportar, etc.). Además, detallan las medidas que pueden adoptarse desde el hogar y la escuela para prevenir que ocurran estos casos, y cuya puesta en marcha es fundamental desde el momento en que los menores empiezan a tener acceso a las nuevas tecnologías.

Las Guías SOS contra el ciberbullying y contra el grooming, se acompañan de unos trípticos y pósters en formato cómic, que pueden resultar de utilidad como material de apoyo educativo para afianzar los conocimientos sobre seguridad en la Red.

Se pueden descargar las guías en los siguientes enlaces:

Guía SOS contra el Ciberbullying para padres

Guía SOS contra el Ciberbullying para educadores

Guía SOS contra el Grooming para padres y educadores

 

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Guías contra grroming (acoso sexual por internet)

Cómo evitar que los menores sufran grooming (acoso sexual por Internet)

06/11/2013

Internet puede entrañar riesgos para los jóvenes. Uno de ellos es el grooming, el acoso sobre un menor a través de la red con un objetivo sexual. Dales herramientas para que hagan un uso eficaz de Internet y eviten cualquier contacto con posibles acosadores.

¿Qué es el grooming?

El grooming es el conjunto de acciones que realiza una persona sobre un menor a través de las nuevas tecnologías con una finalidad sexual.

El objetivo puede ir desde la obtención de imágenes en situaciones sexuales hasta el intento de establecer un encuentro con el menor para abusar de él.

¿Quién puede sufrirlo?

Cualquier usuario de Internet puede sufrir acoso sexual, pero a más conocimiento sobre este tema y sobre cómo actuar mayor es la seguridad. Es importante concienciar a los menores sobre el riesgo que entraña compartir en Internet o enviar por móvil imágenes íntimas o comprometidas, ya que puede tener consecuencias no deseadas y dañinas y pueden llegar a difundirse entre los amigos, familiares, profesores, etc. y circular por Internet por mucho tiempo.

Tipos de acosadores:

  • Acosador directo. Participa en chats, foros y redes sociales para identificar a menores y establecer contacto. Cuando lo ha hecho, les realiza propuestas de “sexo virtual”, les pide imágenes o presiona para que conecten la cámara web.
  • Acosador oportunista. Elige a sus víctimas por las fotos con contenido sexual que encuentra a través de Internet y las convierte en su objeto de acoso. Realiza un fuerte chantaje sobre el menor, con la amenaza de difundir las imágenes o vídeos en la red o incluso con sus amigos y familiares.
  • Acosador específico. Su objetivo es obtener imágenes sexuales del menor y establecer contacto sexual con él. Se trata de un pedófilo que dedica tiempo a una primera fase de acercamiento, para ganarse progresivamente la confianza del menor.

Dado que los acosadores específicos son los más difíciles de identificar, a continuación se ofrece información sobre las fases que llevan a cabo para acosar a los menores (aunque hay que tener en cuenta que no todos los acosadores las siguen exactamente).

Fases del acoso:

  • Enganche: en esta primera fase el acosador hará preguntas sobre la edad y localización, e intentará conocer sus gustos para adaptarse a ellos y generar identificación (aportando información falsa sobre aficiones, edad, etc.). Su objetivo es ganarse la confianza del menor.
  • Fidelización: en esta fase el acosador querrá asegurarse que el menor quiere seguir hablando con él. Conversará sobre temas de interés de la víctima, intentará que ésta le hable de su situación familiar, relaciones… para convertirse en su “confidente”.
  • Seducción: el acosador utiliza toda la información para seducir y manipular. Aparecerá el sexo en las conversaciones, las fotos, la cámara web… Posiblemente enviará fotos de otros menores haciéndose pasar por ellos para provocar un sentimiento de culpa si el menor no hace lo mismo.
  • Acoso: el acosador ya dispone de información (gustos, preocupaciones, situación familiar, fotografías…) con la que chantajear, amenazar y manipular al menor para establecer una relación sexual (física o virtual).

El chantaje es común en todos los casos de acoso: cuando el acosador tenga imágenes comprometidas, amenazará y manipulará con su difusión para conseguir sus objetivos.

El Centro de Seguridad en Internet para los menores –integrado en el Safer Internet Program de la Comisión Europea-  ha creado la línea de ayuda “Que no te la den” para la prevención del acoso sexual de menores.

Consejos para prevenir el grooming

La organización PROTEGELES proporciona a las víctimas abogados y psicólogos para acompañarlas, ayudarlas y asesorarlas, y ha elaborado el siguiente decálogo de consejos para prevenir el grooming:

  1. Rechaza los mensajes de tipo sexual o pornográfico. Exige respeto.
  2. No debes publicar fotos tuyas o de tus amigos/as en sitios públicos.
  3. Utiliza perfiles privados en las redes sociales.
  4. Cuando subas una foto en tu red social asegúrate de que no tiene un componente sexual. Piensa si estás dispuesto/a a que esa foto pueda llegar a verla todo el mundo y para siempre.
  5. No aceptes en tu red social a personas que no hayas visto físicamente y a las que no conozcas bien. Si tienes 200, 300 o 500 amigos estás aceptando a personas que realmente no son amigos ni familiares tuyos.
  6. Respeta tus propios derechos y los de tus amigos/as. Tienes derecho a la privacidad de tus datos personales y de tu imagen: no los publiques ni hagas públicos los de otros.
  7. Mantén tu equipo seguro: utiliza programas para proteger tu ordenador contra el software malintencionado.
  8. Utiliza contraseñas realmente privadas y complejas. No incluyas en tus nicks e identificativos datos como tu edad, etc.
  9. Si se ha producido una situación de acoso guarda todas las pruebas que puedas: conversaciones, mensajes, capturas de pantalla…
  10. Si se ha producido una situación de acoso NO cedas ante el chantaje. Ponlo en conocimiento de tus padres, pide ayuda al Centro de Seguridad en Internet para los menores.

Referencia bibliográfica:

Que no te la den. Helpline para la prevención del grooming o acoso sexual”. Protegeles,2013. [acceso 15 de octubre de 2013].

Webs recomendadas

Manual

 
 

Guía de actuación contra el ciberacoso.  Padres y educadores

 
VV.AA.
 
Instituto Nacional de las Tecnologías de la Información. 

Ministerio de Industria, Energía y Turismo, 2013


 
Guía S.O.S contra el Grooming. Padres y educadores.
 
VV.AA.
 
Instituto Nacional de las Tecnologías de la Información. Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Abuso sexual

Este es un tema que nos revuelve. Alguna vez en los colegios hemos detectado marcas y comportamientos que nos pueden hacer pensar que ha podido haber algún tipo de abuso. En este mismo blog, en la etiqueta “abuso” podéis encontrar indicadores y más información.

Hoy os dejo con una entrada que reúne tres sobre el tema del blog: http://www.elmundodelosasi.org/

Una película chilena sobre el tema:

La mujer de Iván2

Iván de 40 años y Natalia de 15 años están inmersos en una extraña y tensa cotidianidad, en la que se establece el status de cada uno, pero no queda claro su vínculo. Cuando la joven tiene su despertar sexual, la luz del sol se empieza a colar por las cortinas cerradas de la casa para derrumbar toda estructura impenetrable de represión y control que rige sus vidas. La casa se transforma en un campo de batalla abierto y claro, en el que Iván y Natalia van alcanzando un grado de intimidad condicionada por el aislamiento con el mundo, los límites del cautiverio, las ansias de libertad y por sobretodo, la extinción de la moral.

<a href=”http://www.vimeo.com/37640600″ onclick=”javascript:_gaq.push([‘_trackEvent’,’outbound-article’,’http://www.vimeo.com/37640600′%5D);”>http://www.vimeo.com/37640600</a>

Título original: La mujer de Iván

Año 2011

Duración 88 min.

País  Chile 

Directora: Francisca Silva

Guión: Francisca Silva

Música: Angelo Solari

Fotografía: Daniel Vivanco

Reparto: Marcelo Alonso, María de los Ángeles García, Aldo Parodi, Jaime Lorca

Productora: Escuela de Cine de Chile

Género Drama

Fuente: Filmafinitty

http://www.filmaffinity.com/es/film520387.html

Un artículo de la Revista Chilena de Pediatría:

Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.76 n.1 Santiago ene. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062005000100005

Rev Chil Pediatr 76 (1); 41-47, 2005

ARTÍCULO ORIGINAL

La experiencia de abuso en las madres: ¿Es un predictor de abuso sexual de sus hijos?

A history of abuse in mothers is a predictor of sexual abuse in children?

 

Ana Margarita Maida S.1, María Elisa Molina P.2, Carolina Basualto R.3, Carolina Bahamondes P.3, Ximena Leonvendagar B.3, Claudia Abarca C.3

1. Departamento de Pediatría Oriente, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.
2. Psicóloga clínica. Fundación de Prevención de Violencia Intrafamiliar, Hospital Luis Calvo Mackenna. En la actualidad cursando estudios de Doctorado en la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
3. Estudiante de Psicología en práctica profesional en la Unidad de Terapia Familiar, Hospital Luis Calvo Mackenna.

 


Resumen

Introducción: La madre de un niño que ha sufrido abuso sexual tiene un rol complejo tanto en el fenómeno del abuso del hijo como en la reparación psicológica posterior. Con el propósito de establecer la relación entre experiencias de abuso sexual infantil a través de las generaciones, se exploraron aspectos de las historias de madres que pueden estar asociados a la ocurrencia de abuso sexual de los hijos. Método: Se administró una encuesta a dos grupos de madres: uno cuyos hijos fueron abusados y otro con hijos no abusados. Resultados: Las madres de niños abusados sexualmente presentan más reportes de abuso sexual en la infancia, en comparación con el otro grupo. Conclusiones: Existe relación entre el abuso sexual de un hijo y el relato materno de experiencias abusivas en la infancia. Se requiere mayor investigación para explorar factores involucrados en esta relación y si éstos se asocian a capacidades parentales.

(Palabras clave: abuso sexual infantil, ciclo intergeneracional del abuso, adulto protector).

Introduction: Mothers of sexually abused children have a complex role both in the event of abuse and in its psychological treatment. Objective: to establish a relationship between childhood sexual abuse across the generations, we explored the key issues in the mother’s history and related it to the children. Method: A questionnaire was answered by two groups of mothers; those with sexually abused children and those not. The study describes the characteristics of abuse in both mother and child. Results: The mothers of sexually abused children had suffered abuse as children in comparison with mothers of non abused children. Conclusions: There exists a relation between mothers reportedly sexually abused during childhood and the abuse of their child. This need further investigation to explore factors involved in this relationship and the possible association with parental capacities.

(Key words: child sexual abuse, intergenerational cycle of abuse, non offending mother).


INTRODUCCIÓN

El abuso sexual infantil y las dinámicas de relación que este implica es un tipo de experiencia que transcurre en una familia. Algunos autores plantean que un posible factor en las relaciones abusivas familiares puede corresponder a un proceso de transmisión intergeneracional1,2.

Durante 5 años, en un centro especializado en abuso infantil grave, se condujeron talleres a madres de niños víctimas de abuso sexual, surgiendo con frecuencia información relevante acerca de la historia personal de las madres. Muchos de esos relatos contenían experiencias de abuso sexual infantil, de familias de origen disfuncionales y relaciones conflictivas de pareja. Otro aspecto de los relatos de las madres que tendía a repetirse era un fuerte sentimiento de culpa por lo ocurrido a sus hijos y cierta ambivalencia en torno a la experiencia sufrida por los hijos. A partir de estas observaciones, se plantearon algunas interrogantes. ¿Qué consecuencias tienen las experiencias de abuso infantil? ¿Cómo impactan en el rol parental? Un tema recurrente entre las madres era el no haber distinguido claves que les permitieran sospechar el abuso que sufrían sus hijos. La percepción de si mismas, era haber sido “confiadas, ciegas y sordas” a las dinámicas abusivas, lo que las habría llevado a una especie de fracaso personal en el ejercicio del su rol como madres.

La información disponible del abuso sexual proviene fundamentalmente de encuestas realizadas en adultos, que revelan que la prevalencia es entre 10 a 50%25, dependiendo de la definición que utilicen los investigadores. En Chile, un estudio realizado en adolescentes6 reveló que un 9,3% de los encuestados refirieron haber sufrido abuso sexual.

El abuso sexual infantil constituye uno de los traumas psíquicos más intensos y sus consecuencias suelen ser destructivas para la estructuración de la personalidad7. Un alto porcentaje de mujeres con trastornos psiquiátricos tiene como antecedente el haber sufrido abuso sexual infantil8.

Las investigaciones que abordan esta línea temática no presentan aún un nivel amplio de desarrollo. Algunos autores, en sus prácticas clínicas, reportan una relación entre madres víctimas de abuso sexual e hijos que sufren esta misma experiencia3,9,10. Estudios extranjeros que se han abocado al tema de la transmisión intergeneracional del abuso sexual señalan que alrededor de un 50% de las mujeres víctimas de abuso sexual en su niñez reportaban abuso de uno o más hijos1113.

Glaser opina que la experiencia abusiva parece comportarse como una cadena intergeneracional de traspaso2. Se refiere a este fenómeno como “encadenamiento materno” del abuso sexual entre madres e hijas/os, aún cuando reconoce que quienes abusan suelen ser otras personas. Según la autora, las propias y urgentes necesidades no satisfechas de las madres combretirían con las intensas demandas de sus hijos, dificultando una actitud protectora hacia ellos2. Por otra parte, Perrone14 concordando con la tesis de un ambiente relacional que predispone a situaciones de riesgo de abuso en la infancia, ha identificado mecanismos psicológicos relacionales asociados al abuso sexual, que denomina “hechizo”. El hechizo sería la inducción a una relación de dominio por el perpetrador sope su víctima, que anula la conciencia y sus capacidades perceptuales. Este autor plantea que este fenómeno de hechizo parece no concluir una vez que ha terminado el abuso. De acuerdo a Glaser15, una consecuencia del abuso sexual en niños y niñas sería la predisposición a ser víctimas de otros abusadores. Bentovim describe en los niños hombrees una disposición a “externalizar” las consecuencias de su experiencia de abuso sexual, lo que se traduciría en la eventual presencia de conductas abusivas hacia otros. En contraste, se produciría en las niñas una “internalización” de las consecuencias del abuso, mostrando una tendencia a repetir el rol de víctima, lo que podría asociarse a una falla en combretencias básicas de la parentalidad. De esta manera, las víctimas femeninas de abuso sexual se convertirían en presas de hombrees que pueden continuar con el abuso en sus hijos16.

Otras investigaciones17 han estudiado la relación entre patrones interaccionales familiares y la ocurrencia de abuso sexual infantil, encontrando evidencia que familias en las que habría ocurrido situaciones de abuso sexual, mostraban una mayor tendencia a mantener sistemas de creencias rígidos, coalición parental disfuncional, incapacidad en permitir el desarrollo de autonomía en los hijos, no disponibilidad emocional de los padres que estaban más centrados en sus propias necesidades que en las de sus hijos. Tener una madre ausente o enferma también puede ser un predictor de abuso sexual2.

Así, se han descrito características psicológicas y patrones de interacción entre las personas involucradas en dinámicas abusivas16, sin embargo, las autoras de este estudio no encontraron cifras de prevalencia, ni nacionales ni en el extranjero, de abuso sexual en madres de hijos abusados sexualmente.

A partir de todo lo expuesto surgió el interés por conocer algunos aspectos de las historias de las madres que podrían operar como factores de riesgo y ser predictores de abuso sexual infantil de los hijos.

El objetivo planteado en este estudio es establecer la relación entre experiencias abusivas en la infancia de las madres y la ocurrencia de abuso sexual de los hijos.

MATERIAL Y MÉTODO

El estudio se llevó a cabo durante el año 2002, concentrándose el tiempo de administración del instrumento en los últimos 4 meses. Se diseñó un estudio de caso control de tipo retrospectivo que consideró la comparación de dos grupos de mujeres adultas. Para la selección de las participantes se utilizó un muestreo intencionado, no probabilístico. La población de interés estaba constituida por madres consultantes en dos servicios del Hospital pediátrico Luis Calvo Mackenna. El grupo en estudio estaba formado por madres de niños consultantes en PREVIF (Fundación de Prevención de Violencia Intrafamiliar) que habían sido víctimas de abuso sexual. El grupo control estaba conformado por madres de niños que consultaban en Neurología, por problemas médicos no asociados a abuso sexual.

Respondieron la encuesta 44 madres de PREVIF (grupo I) y 45 del grupo control (grupo II). Se excluyeron de la muestra aquellas madres que mostraron poca colaboración en el estudio.

Las madres de niños abusados sexualmente y las madres de niños no abusados tienen características similares en edad, con una mediana de 35 y 36 años, respectivamente y un rango de edad entre 20 y 59 años. El número de hijos por mujer fue de 2,3 en el grupo I y 2,2 en el grupo II. No había diferencias significativas en el nivel socioeconómico, educacional y laboral de las encuestadas entre los dos grupos. Tanto en el grupo en estudio como en el grupo control, los pacientes que consultan se encuentran en un rango de edad de 0 a 15 años. No se registró la edad de los niños en el momento de ser administrada la encuesta.

Se elaboró una encuesta para ser contestada en forma anónima, confidencial y voluntaria. Se desarrolló un proceso de construcción de este instrumento que se inició con la definición de los dominios a evaluar: las experiencias abusivas en la infancia de las madres, las experiencias abusivas en las relaciones adultas y el abuso sexual de los hijos. El instrumento resultante fue validado mediante la administración en un estudio piloto y por un comité de expertos con el objetivo de verificar el grado de comprensión de las preguntas y su capacidad de discriminación entre experiencias de abuso y no abuso. Después de las modificaciones correspondientes, la encuesta fue administrada a los dos grupos ya mencionados, previa firma de un consentimiento informado. La encuesta era entregada en un sope, para ser contestada al momento, en forma individual y devuelta en el sope sellado. Este procedimiento contó con la aprobación del Comité de Ética en investigación del Hospital Luis Calvo Mackenna.

El instrumento exploraba seis temas: a) demográficos; b) experiencias de abuso sexual infantil; c) otras experiencias infantiles abusivas; d) abuso sexual de los hijos; e) características de su relación de pareja y f) experiencias abusivas familiares en la edad adulta.

Se consignó como abuso sexual infantil de las madres las respuestas afirmativas a por lo menos una de las siguientes preguntas: a) haber sufrido abuso sexual en la infancia o adolescencia; b) no haber consentido en la primera relación sexual siendo menor de edad, y c) haber tenido una primera relación sexual en circunstancias de “engaño, forzada o violenta” siendo menor de edad.

Criterios de inclusión y exclusión:

Se consideró para el grupo en estudio a las madres de niños que habían sufrido abuso sexual, que reunieran dos criterios: 1) los niños presentaran evidencia médica de abuso sexual y/o proporcionaran un relato de abuso sexual coherente validado por un psicólogo especializado en el tema y 2) las participantes respondieran afirmativamente que sus hijos habían sufrido abuso sexual.

Por ser el abuso infantil de difícil diagnóstico, era necesaria la conjunción de estos criterios. La existencia de evidencia médica o psicológica de abuso debía estar ratificada por un experto en el tema. El grupo control fue obtenido de la población general consultante al servicio de Neumología del hospital. En la conformación de este grupo no se realizó el proceso de diagnóstico descrito por razones éticas, prácticas y de recursos, por tratarse de procedimientos invasivos, desgastantes y estresantes para el niño y su familia.

RESULTADOS

En las 89 mujeres estudiadas, 39 reportaron haber sufrido abuso sexual en la infancia (43,8%). En un 97,4% de estos casos, los agresores fueron hombrees. La mediana de edad del agresor fue de 38 años (rango entre 8 y 70 años). Un 17,6% de los abusadores era menor de edad. El 93% de los agresores se sitúan en el entorno cercano de la víctima. El tipo de abuso sexual más reportado fue caricias indeseadas en zona genital o anal (44%). Otros tipos de abuso sexual consignados fueron incitación a realizar actos sexuales indeseados (23,7%), violación (21%), introducción de objetos, dedo o pene en vagina o ano (5,3%) y exposición involuntaria a pornografía (5,3%).

En cuanto a los hijos abusados, estos tenían una edad media de 7 años (con un rango de edades de 2 a 14 años). De un total de 45 niños abusados (había una pareja de hermanos), 75,5% era de sexo femenino, 15,5% de sexo masculino y 3 no contestaron. Los abusadores de sexo masculino constituían un 90,9%, de sexo femenino un 6,8% y en un caso se desconocía el sexo del agresor. Los agresores eran mayoritariamente conocidos por sus víctimas (93,2%), perteneciendo a su núcleo familiar en 70,4% de los casos. El padre biológico fue el más mencionado como agresor (31,8%). En el abuso sexual de los hijos se observó mayor frecuencia de lazos familiares con el agresor que en el abuso sexual de las madres.

Las madres de niños que sufrieron abuso sexual reportaron más antecedentes de abuso sexual en su infancia (61,4%) que las madres de niños no abusados (26,7%). De acuerdo con los datos, la probabilidad de reporte de abuso sexual en la infancia (Odds) en el grupo de casos es 1,59 mientras que en el grupo control es de 0,36 con un Odds Ratio de 4,37 (tabla 1).


Se consignó la presencia de los siguientes tipos de abuso en la infancia de las madres: a) maltrato físico (golpes, quemaduras, fracturas, heridas); b) maltrato psicológico (insultos, indiferencia, abandono, descalificaciones) y c) presenciar relaciones sexuales de adultos, considerando que esto podía representar una forma de trato abusivo por parte de los padres.

El 72,7% de las madres de niños abusados reportó haber sufrido abuso psicológico en la infancia, lo que presentó diferencias estadísticamente significativas con el grupo II, que reportó este tipo de abuso en 33,3%. El abuso psicológico en la infancia de las mujeres se correlacionó significativamente con sufrir abuso sexual infantil (tabla 2).


En ambos grupos el presenciar relaciones sexuales de los adultos fue un hecho frecuente, que no mostró diferencias significativas. Tampoco se apreció correlación entre haber sufrido abuso físico en la infancia y el abuso sexual de un hijo.

Las mujeres que refirieron abuso sexual infantil reportaron menor porcentaje de relaciones calificadas como positivas con sus madres (53,8%) que las del grupo control (78%).

En cuanto a la situación actual de pareja, un 51,1% de las madres del grupo I, tenía pareja estable, en comparación con el 82,2% del grupo II. Se observó correlación entre abuso sexual en la infancia de las madres y violencia conyugal (r = 0,228 con p < 0,05), entre abuso sexual en la infancia y maltrato de hijos por parte de la pareja (r = 0,251 con p < 0,05) y también entre violencia conyugal y la ocurrencia de abuso sexual en los hijos (r = 0,211 con p < 0,05).

DISCUSIÓN

Los resultados del presente estudio apuntan a una relación entre experiencias de abuso a través de las generaciones. Así, las madres de niños abusados sexualmente presentaron significativamente más experiencias de abuso sexual infantil que aquellas cuyos hijos no fueron abusados. Es difícil explicar que mujeres que han sufrido abuso sexual en su infancia estén más expuestas a que sus propios hijos sean víctimas. El sentido común apuntaría en dirección opuesta, sosteniendo la idea que quienes vivieron esta experiencia estarían más preparadas a anticipar el riesgo para sus hijos. Cabe preguntarse qué daños produjo el abuso sexual en ellas y si esto tiene relación con la forma en que desarrollan la capacidad de protección de sus hijos, pudiendo traducirse en un facilitador de la ocurrencia de abuso sexual en los hijos.

El alto reporte de abuso sexual de las madres de niños abusados en el presente trabajo, lleva también a preguntarse acerca de cómo operan los mecanismos de recuperación e interpretación de la propia historia, cuando se tiene la experiencia de sufrir el abuso de un hijo. Habría que plantearse si una vivencia como esta puede llevar a recordar hechos olvidados y/o asignar el carácter de abuso a experiencias que de otro modo no habrían sido consideradas como tales, dando cuenta de un proceso personal de redefinición del concepto de abuso sexual. Esta idea puede originar otras líneas de investigación.

Otro resultado de interés apunta a la relación entre abuso psicológico en la infancia de las madres y abuso sexual de los hijos. Glaser e Intebbi2,7 señalan que el maltrato psicológico constituye un factor de riesgo para sufrir otras situaciones abusivas. En estudios realizados en agresores sexuales adultos, en que se les preguntó a estos cómo escogían a sus víctimas, ellos relataron que buscaban a niños aislados, pasivos, emocionalmente vulnerables, en que se anticipaba que no buscarían ayuda14. Las características mencionadas por los agresores corresponden a niños que sufren maltrato psicológico.

Por otra parte, explorando la relación entre experiencias de abuso sexual infantil de las mujeres y abuso en las relaciones adultas, las madres de niños abusados sexualmente tuvieron más situaciones de violencia conyugal con su pareja actual que las madres de niños no abusados. Es posible que estas mujeres hayan estado más concentradas en sortear sus propios problemas que en la protección de sus hijos.

Así el abuso sexual y psicológico sufrido en la infancia, podría llevar a experiencias como víctima de abuso en la edad adulta que afecten de un modo general a la conducta, dando cuenta entre otras dificultades de un menor desembreño de las habilidades parentales y protectoras de los hijos. Se podría hipotetizar que el abuso sexual y psicológico en la infancia tienen un efecto, mediado por la definición como víctima, en disminuir la capacidad protectora parental, constituyendo un factor de riesgo para abuso sexual de los hijos.

El abuso sexual infantil sigue siendo un tema difícil de estudiar. La mayor cantidad de datos de los que se dispone provienen de reportes retroactivos, los que, aunque de gran utilidad, presentan dificultades para estimar la veracidad del recuerdo y la correspondencia de los datos entregados con los hechos a los que se hace referencia. Sin embargo, en un tema como el abuso sexual, no existe la posibilidad de observación externa que proporcione un criterio objetivo18.

Un problema de difícil solución en este tipo de investigación tiene relación con el criterio de inclusión del grupo de madres de niños considerados “no abusados”, en el cual no se pudo seguir con el mismo rigor el procedimiento diagnóstico que en el grupo de niños “abusados”. Considerando el carácter secreto del abuso, sería posible que en el grupo considerado “no abusado” existieran casos que no hayan sido revelados19. La posibilidad de este sesgo y su interferencia con los resultados, es un tema que debe tenerse presente en este campo.

El instrumento utilizado en el presente estudio requiere aún de perfeccionamiento para mejorar la validez y continuar esta línea de investigación.

El conocimiento logrado en todo este proceso, puede servir de base para elaborar modelos de comprensión del abuso sexual y de las dinámicas de interacciones asociadas a éste que permitan proponer estrategias de intervención.

 

AGRADECIMIENTOS

Jorge Manzi, Psicólogo, Pontifica Universidad Católica de Chile; Andrés Jaramillo, Psicólogo y Metodólogo Pontifica Universidad Católica de Chile; María Teresa del Río, psicóloga clínica.

 

REFERENCIAS

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2.- Glaser D, Frosh S. Child Sexual Abuse. Second Edition. London. MacMillan Press 1993; 3-19: 50-7.         [ Links ]

3.- Baker A, Duncan S: Child Sexual Abuse: a study of prevalence in Great pitain. Child Abuse and Neglect 1985; 9: 457-67.         [ Links ]

4.- Mcfarlane K, Waterman J, Conerly S, Damon L, Durfee M, Long S: Sexual Abuse of Young Children. New York. The Guildford Press. 1986.         [ Links ]

5.- Finkelhor D: The dimensions of Child Sexual Abuse in Glaser D., Frosh S.: Child Sexual Abuse. Second Edition. London. MacMillan Press. 1993.         [ Links ]

6.- Florenzano R: Prevalencia de maltrato en la niñez en escolares adolescentes de Santiago, Chile, en Larraín S., Vega J., Delgado I.: Niños y niñas: la voz del maltrato infantil en la familia. Santiago. Publicaciones UNICEF, 1995.         [ Links ]

7.- Intebbi I: Abuso sexual infantil en las mejores familias. Buenos Aires. Granica. 1998: 105-72.         [ Links ]

8.- Coons PM, Bowman ES, Pellow TA, Schneider P: Post-traumatic aspects of the treatment of victims of abuse and incest. Psyc Cl North America 1989; 12: 325-35.         [ Links ]

9.- Hooper CA: Mothers surviving child sexual abuse. London. Routledge. 1992.         [ Links ]

10.- Barudy J: Maltrato infantil. Ecología social: Prevención y reparación. Santiago. Editorial Galdoc, 2000.         [ Links ]

11.- Collin-Vezina D, Cyr M. Current understanding about intergenerational transmission of child sexual abuse. Child Abuse Negl 2003; 27: 489-507.         [ Links ]

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14.- Perrone R, Nannini M. Violencia y abusos sexuales en la familia. Buenos Aires. Paidos 1997; 111: 124-42.         [ Links ]

15.- Glaser D: Conferencia “Abuso sexual en niños y adolescentes”, realizada en Santiago, Chile, diciembre 1995.         [ Links ]

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19.- Furniss T: The Multiprofesional Handbook of Child Sexual Abuse. London. Routledge 1991: 22-32.         [ Links ]

 


Mother & Child Maxine Noel 1

Un artículo de la revista: Subjetividad y Procesos Cognitivos

http://dspace.uces.edu.ar:8180/jspui/bitstream/123456789/503/1/Algo_le_va_a_pasar.pdf

Protocolo de Atencion a Familiares de abusadorers

 

Protocolo de Atención a Familiares de abusadores o dependientes de drogas u otras conductas adictivas

 

Visto en: SERVICIO EXTREMEÑO DE SALUD

ProtocoloAtencionaFamiliares.pdf (objeto application/pdf).

Abuso sexual

Cada vez va en aumento el interés por tutoras y especialistas en la detección del abuso sexual en nuestros alumnos y alumnas.

Nuestro trabajo consiste en asesorar en esa posible detección y ante la más mínima sospecha derivar a los servicios sociales y sanitarios.

Existen blogs especializados dónde encontrar información al respecto. Uno de ellos es EL MUNDO DE LOS A.S.I., que os recomiendo encarecidamente.

Hoy os dejo unos post extraídos de ese blog:

Qué hacer cuando se sospecha que un niño es abusado sexualmente por Comité de Salud Mental de la Sociedad Argentina de Pediatría. Grupo de Trabajo sobre Violencia Familiar

 

El Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil por Roland C. Summit, M.D.

 

Signos y síntomas urogenitales en niñas abusadas sexualmente por Dres. Cynthia DeLago, Esther Deblinger, Christine Schroeder and Martin A. Finkel