adolescencia

Suspenso en Educación

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Nadie se levantó de su asiento. Cuando el abuelo entró en el vagón del metro llevando en brazos un niño de pocos meses de edad, nadie hizo ademán de cederle el sitio.  Había chicos y chicas jóvenes, pero también personas de mediana edad, que fijaban la vista en el libro que llevaban entre las manos, que escuchaban música mirando al techo o que se hacían los despistados. Finalmente, un hombre de unos 50 años, que portaba varias bolsas, les ofreció su asiento. Y lo hizo recriminando en voz alta la actitud de quienes viajaban con él. ¿Cómo era posible que, siendo de las personas de mayor edad que viajaba en el vagón y estando cargado con bolsas, hubiera tenido que ser él quien se levantase? ¿Por qué nadie más tuvo la educación de hacerlo?

Se trata de una anécdota real que se repite con cierta frecuencia en nuestra sociedad, donde los comportamientos corteses y la atención para con los demás no son ya la regla sino la excepción.  El sociólogo Javier Elzo entiende que se trata de un tema recurrente que se manifiesta en las más diversas situaciones. Una  de las más frecuentes es la del uso del «tú»: “hemos llegado a un mal tuteo: no se trata del tuteo sueco, sino de una falta de respeto a los mayores. Y eso se nota especialmente con los profesores de primaria y de secundaria, a los que los alumnos tratan como si fueran un amiguete más”.

Vivimos, pues, ante una pérdida de los códigos de respeto intergeneracionales que Aquilino Polaino, catedrático de psicopatología del CEU, vincula muy directamente con una sociedad cada vez más individualista en la que “el compromiso entre personas es moneda de poca circulación, la palabra empeñada sirve de muy poco, hay una tendencia al hedonismo generalizada y  donde se reclaman los derechos y se olvidan los deberes”.

Elzo abunda en ese sentido al señalar cómo ese individualismo exacerbado ha fragilizado enormemente los lazos sociales. Y sin ellos, estas actitudes que desprecian las normas de educación acaban generalizándose. Elzo entiende que la primera responsabilidad, en este sentido, es de los medios de comunicación. “Cuando uno ve los programas que ocupan gran parte del horario televisivo, como son los de corazón, y se da cuenta lo de horteras y ordinarios que son, no puedes pretender que la gente se comporte de manera cortés en la vida cotidiana: simplemente están imitando lo que ven”.

Pero más allá de quiénes sean los causantes, y de que los programas televisivos influyan decisivamente o no en las prácticas sociales, lo cierto es que estamos inmersos, dicen los expertos, en una epidemia de preocupante individualismo que se caracteriza por su completo desinterés por los demás. Como dice Elzo, “la gente va a su bola (por utilizar los términos que ellos emplean) y le da igual quién tenga al lado”. Y, al final, el otro sólo es importante cuando nos sirve de algo. Así, asegura la psicóloga clínica y escritora Lola López Mondéjar “no vemos al otro como un semejante sino como alguien meramente funcional. El otro nos interesa en la medida en que nos es útil. En ese sentido, nos comportamos como si hubiéramos sustituido las normas éticas por las leyes mercantiles. Si vales algo, te respetan; si no, te conviertes en invisible”.

Polaino coincide en esta utilización instrumental de los demás como comportamiento en alza de de nuestra sociedad. “O se pasa de los demás o se les manipula para conseguir algo de ellos”. Y eso, que para el catedrático constituye la esencia del individualismo, da como resultado una comunidad “donde la relación entre las personas es cada día más liviana, y donde cada uno se blinda en su yo. Estamos en un mundo lleno de narcisismo, y así no hay manera de hacer sociedad”.

“O se pasa de los demás o se les manipula para conseguir algo de ellos. La relación entre las personas es cada día más liviana, y donde cada uno se blinda en su yo. Estamos en un mundo lleno de narcisismo, y así no hay manera de hacer sociedad” .

Una situación que sufren especialmente, avisa López Mondéjar, quienes no tienen nada que ofrecer en ese juego utilitario. Es decir, aquellos que están en situación de necesidad. “Este ideal igualitario que pretende hacernos tratarnos a todos del mismo modo es algo que no se puede consentir porque el débil siempre necesita más apoyo. Esa falta de cuidado que hoy percibimos con los ancianos, las mujeres etc., es señal de que hemos perdido importantes valores sociales”.  Algo que se deja sentir especialmente en contextos, como el de los negocios o el del trabajo, donde  ayudar a alguien que está pasando una mala época o que ha caído en desgracia es visto como un notable signo de debilidad. “Estamos en el mercado y tenemos que ser fuertes y competitivos, porque nadie quiere un producto defectuoso. Por eso, como se nos exige que tengamos la apariencia de un producto óptimo, alejamos de nosotros la debilidad: la negamos siempre que podemos”.

Y los jóvenes son el colectivo que más ha interiorizado esta ilusión de fortaleza. Como cuenta López Mondéjar, es muy llamativo que los jóvenes no sólo traten de aparentar rudeza y que, por tanto, no se atrevan a mostrarse en situaciones en las que quedan expuestos, sino que “ni siquiera se permiten hablar entre ellos de debilidad. El que lo hace es visto como un bicho raro”.

Para Polaino, estas actitudes de los jóvenes tienen que ver con la imitación de los comportamientos que ven en su vida cotidiana, pero avisa de que no es infrecuente que estos fenómenos circulen en doble dirección y que los adultos acaben por copiar actitudes adolescentes: “también los mayores imitan a los jóvenes y tratan de seguir su mismo itinerario. Del mismo modo que cada vez vemos más cuarentañeros que tienen su movida los viernes por la noche (solteros, casados, de todo), también vemos más adultos que no toman en cuenta las normas de educación. Cuando la insolidaridad se hace carne termina por afectar a todo el mundo”. Con consecuencias en todos los estratos sociales y en todas las capas de edad, por tanto: “hoy no se atiende a las personas de la tercera edad con la misma educación con que se las trataba en  buena parte del siglo XX pero tampoco los mayores saben dar a los jóvenes lo que necesitan.  Cuando a un joven se le concede tiempo y se le enseña, responde muy bien. Porque los jóvenes también tienen ganas de ser generosos de apoyarse en los demás y de crecer, y es algo que esta sociedad individualista no puede bloquear”.

Los jóvenes SÍ leen

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Por Rebeca Yanke, tomado de El Mundo, España

Si los jóvenes leen o no leen, qué leen y qué deberían leer es “la piedra de la locura” de todos aquellos que trabajan para que la literatura se convierta en parte del día a día de la juventud, soñando con que esto continúe en su edad adulta. Este curso pinta bien, porque España comienza a aproximarse a los parámetros de la Unión Europea.

Según los datos que se desprenden del índice de lectura de libros, son precisamente los niños los que más leen: el 83% de los menores entre 10 y 13 años se declara lector. Pero son los que tienen entre 14 y 24 años los más enganchados a la letra. Eso sí, las mujeres más que los hombres.

Mientras, las editoriales especializadas en literatura juvenil insisten en lo de siempre: la importancia de fomentar la lectura en la edad temprana, aunque cada una tiene sus prioridades. Para Ofelia Grande y Michi Strausfeld, directora de la Editorial Siruela y del área infantil y juvenil respectivamente, es fundamental que “los chicos tengan libros para ellos y el mercado no esté orientado de una forma tan sesgada a las chicas cuyos índices de lectura son considerablemente superiores”.

Siruela, por ejemplo, acaba de publicar dos nuevos títulos en su Colección Escolar, una en la sección de Filosofía –El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad– y otra en la de Literatura –Historia de Aladino o la lámpara maravillosa, de Antoine Galland–. Los libros de este catálogo, además, incluyen una invitación a la lectura que sugiere a los profesores cómo vender el libro a los alumnos. “Es importante ofrecer libros de los cinco continentes, para globalizar las mentes e invitar a descubrir nuevos horizontes”, explican desde Siruela.

También en esta editorial se acaba de publicar una novela de Jordi Sierra i Fabra (mítico de la literatura juvenil): La isla del poeta. Mientras, en SM saca novela otro tótem: Care Santos. Esta vez se adentra no sólo en la unión de la literatura y la Música sino que también el argumento es valiente. El título es Bel, amor más allá de la muerte. “De la muerte conviene hablar siempre”, dice la autora. Y añade: “A los niños, a los jóvenes, a los adultos y a los ancianos, pero no de la misma manera, claro”.

Elsa Aguiar, responsable de las decisiones editoriales juveniles del Grupo SM, explica que tratan de “unir las aficiones” de los jóvenes. “La novela va acompañada de un CD con una canción del grupo Mc Fly, I`ll be OK“, añade.

Desde SM también corroboran que “son las chicas adolescentes el sector más lector de la sociedad”. “Son también los mayores consumidores de cine, música, deportes, y los que más navegan por internet, es decir, los jóvenes lectores son los más curiosos, los que tienen más interés por el mundo y por la cultura”.

La conclusión es una buena noticia: “Muy probablemente estos jóvenes lectores no van a dejar de serlo a medida que crezcan, así que podemos suponer que en los próximos años habrá un paulatino crecimiento de la tasa de lectura en España, como viene ocurriendo en los últimos años”.

Lo importante es que se puede decir, con la boca bien grande, que hay que “olvidar el tópico de que los jóvenes no leen”, afirma Elsa Aguiar. “El género estrella para los jóvenes es, sin duda, la novela, la narrativa. Según nuestros estudios las chicas declaran que su género favorito es la novela romántica y la de aventuras. Los chicos se decantan por las aventuras y el terror”.

Proyecto Herramientas para la participación Adolescente

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Proyecto Herramientas para la participación adolescente

En el 2003 UNICEF comenzó a trabajar en la promoción de la participación adolescente en Uruguay con el proyecto Promoción de una cultura de derechos en el sistema educativo 2003-2004, realizado en convenio con ANEP. Este proyecto permitió identificar algunas claves para pensar en producir un nuevo material, al comprobar que los adultos manifestaban no contar con herramientas para facilitar la participación adolescente.

 

Surgió entonces la idea de crear un material que brinde a los adultos que trabajan con adolescentes las herramientas necesarias para que puedan promover procesos de participación.

 

Desde la perspectiva de la participación, las herramientas abordan cinco áreas diferentes. Se elaboró un kit que contiene cinco guías impresas para el uso de los facilitadores y cinco cortometrajes (DVD o VHS) pensados especialmente para público adolescente.

 

Las guías brindan información y estrategias de trabajo para desarrollar con profundidad cada temática:

 

  • Adolescencia y participación – el derecho a la participación, la construcción positiva del concepto de adolescencia y la relación entre adultos y adolescentes.
  • Educación y participación adolescente – opinar y ser tenido en cuenta en el ámbito educativo. Esto implica que docentes y alumnos establezcan un vínculo basado en el respeto y escucha, como actores que conviven en un espacio de mutuo aprendizaje.
  • Salud y participación adolescente – desarrollar habilidades para la vida para poder decidir con conocimiento y conciencia. Para ello cabe abordar la información en temas de salud, el acceso a servicios apropiados para adolescentes y la desmitificación de temas considerados ‘tabúes’.
  • Justicia y participación adolescente – el mundo de la justicia en su más amplio espectro en relación con la adolescencia. Qué es la responsabilidad penal juvenil, el relacionamiento de los adolescentes con las autoridades (policiales y judiciales) y el imaginario social que difunden los medios de comunicación.
  • Cultura y participación adolescente – las vías de expresión de los adolescentes son universales, establecen sus propios códigos y lenguajes.

Los cortometrajes, realizados por jóvenes directores uruguayos, sirven para captar la atención de los adolescentes y conseguir involucrarlos en las actividades y discusiones sobre el tema que propone el facilitador. Buscan fomentar el aprendizaje del adolescente y la expresión de su opinión sobre temas que le conciernen. Cada película plantea una situación de la vida cotidiana con la que cualquier adolescente se puede identificar o reconocer. El estilo de los guiones permite desdramatizar aspectos que frecuentemente son concebidos como problemas y se evitan los juicios de valor que induzcan a resoluciones únicas. El fin de las películas es promover la discusión y el debate. Los 5 cortos que se produjeron son:

 

  • El ropero – Adolescencia y participación
  • El magma – Educación y participación adolescente
  • Deben ser los nervios – Salud y participación adolescente
  • Feliz domingo – Justicia y participación adolescente
  • No sé bien – Cultura y participación adolescente

Costo

Gratuito – disponible en línea

Idiomas

Español

Contacto

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Gladys Hauck

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Gladys Hauck
Centro de Documentación
UNICEF TACRO
Tel: (+507) 301 7433

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Fuente

Información enviada a La Iniciativa de Comunicación por UNICEF TACRO.

El galimatías de las “edades” de los menores

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No puedo por menos que dejaros un enlace a la opinión de Iñaki Gabilondo del día 19 de octubre en “noticias cuatro”.

No hay mucho más que decir, salvo pedir a aquellos que dicen representarnos que dejen de jugar a sacar votos, y sean consencuentes y lógicos:

Niños y antidepresivos

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Visto en http://www.consumer.es

Se usan con cierta frecuencia en pacientes de corta edad aunque no han demostrado ser seguros

Recientes estudios alertan de la incidencia negativa de los antidepresivos de última generación, los llamados ISRS, en pacientes de escasa edad. En ellos se demuestra que pueden fomentar conductas suicidas. Por ello, las autoridades sanitarias recomiendan que se descarte este tipo de medicamentos pese a que su efectividad parece contrastada y aunque voces de la clase médica acotan tal amenaza. La Agencia Sanitaria de Gran Bretaña ya ha prohibido la venta de estos fármacos al relacionarlos con suicidios y auto lesiones en los más pequeños.

Precaución en tratamientos para niños y adolescentes

Los fármacos antidepresivos de la familia del Prozac, conocidos en el ámbito farmacológico como ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina), pueden perjudicar el desarrollo del cerebro, sobre todo, en edades tempranas. Parece una afirmaciñon alarmista, pero así lo explican las conclusiones de un estudio presentado a finales de octubre de 2004 en la ciudad de San Diego, en el Estado norteamericano de California. Esta investigación, dada a conocer en el congreso de la Sociedad de Neurociencia de los Estados Unidos, basó sus hipótesis en los experimentos realizados sobre ratones. A éstos se les suministró los citados medicamentos entre 4 y 21 días después de nacer, lo que equivaldría, de haberse hecho sobre humanos, a niños con una edad máxima de 8 años. Los resultados de las pruebas realizadas con los roedores determinaron que los sujetos analizados desarrollaron al llegar a adultos un comportamiento propio de animales ansiosos y depresivos. Dado que no se ha investigado aún con profusión si los antidepresivos tienen el mismo efecto en el desarrollo del cerebro humano, los investigadores aconsejan no abusar de estos fármacos en mujeres embarazadas, lactantes y niños.

Al respecto han surgido diferentes voces que piden precaución y otras que acotan el alarmismo. Así, por ejemplo, desde el Instituto catalán de Farmacología se explica, en boca de su director Juan Ramón Laporte, que, hasta ahora, los antidepresivos “se toman con demasiada alegría”. Desde este foro no se descalifica la bondad terapéutica de estos fármacos, ya que los consideran eficaces para tratar, por ejemplo, episodios de depresión en adultos. Lo que ocurre es que, según sus explicaciones, se usan con cierta frecuencia en pacientes en franjas de edad en las que no han demostrado ser seguros y con el fin de intentar paliar problemas para los que aún no se ha avalado su efectividad. Por su parte, José Luis Pedreira, de la Asociación Española de Pediatría, explica que “la utilización de los psicofármacos -como los ISRS- en la infancia se hace de un modo empírico y se prescriben acompañados de psicoterapia”.

La fluoxetina, única permitida

En el Reino Unido las autoridades de Sanidad desaconsejaron en diciembre de 2003 el uso de los antidepresivos de última generación, los ISRS, en niños. Sus llamadas a la precaución alertaron de que la utilización de estos fármacos podía aumentar el riesgo de suicidio entre los más jóvenes. Al parecer, sólo la fluoxetina, uno de los medicamentos de la referida familia, está fuera de esa ‘lista negra’ porque ha sido testado con éxito en tratamientos de episodios de depresión en menores. Precisamente, dicho fármaco es el único autorizado en España por la Agencia del Medicamento para su uso en niños. Esta molécula tiene el plácet o la aprobación por parte del gobierno para su uso en tratamientos con los que remediar trastornos obsesivos. Así lo explica Iñigo Aizpurua, responsable del Centro Vasco de Información de Medicamentos.


Autor: Por CÉSAR MARTÍN PARA CONSUMER.ES

Menores y Violencia

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La violencia que afecta a menores debe abordarse como un problema de salud pública, según pediatras

ESTUDIO- RECOPILACIÓN POR Sociedades Médicas SEPEAP y AEPap
En España, sólo se detectan el 10-20% de los casos de maltrato infantil
El pediatra de AP es el profesional que mejor puede detectar, tratar o derivar los problemas de violencia con mayor efectividad
· Se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes

• El maltrato infantil en las CCAA de España oscila entre un 5 y un 15,19 por 10.000 menores
• El “bullying” o acoso escolar afecta al 17% de escolares
• El 60% de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años
• Algunos motivos desencadenantes: alcoholismo y otras drogodependencias
• Falsas creencias: “Todos lo hacen” – “La violencia en la calle ha sucedido siempre”

Madrid, 15 SEP 2009 (ACCESO)
Los problemas de violencia aparecen en los niños y adolescentes como burlas, amenazas, insultos, agresión, maltrato por el género, conductas delictivas,… Esta situación puede dañar a la víctima (miedo, deterioro psicológico, problemas de rendimiento escolar, laboral o social), al agresor (al potenciar sus conductas, disminuye la empatía y se refuerza la falta de tolerancia) y a los observadores (les parece normal la violencia).

Violencia entre padres e hijos
La violencia hacia los niños, o maltrato infantil (MTI) se define como cualquier acción, omisión o trato negligente, cometido por individuos, instituciones o por la sociedad, que prive al niño de sus derechos y libertad, o que interfiera en su ordenado desarrollo físico, psíquico y/o mental. En España la prevalencia estimada en las distintas CC.AA. oscila entre un 5 y un 15,19 por 10.000 menores.

En contrapartida, la existencia de límites conceptuales imprecisos da cabida a un espectro muy amplio de situaciones, permitiendo interpretaciones distintas de un mismo suceso. Esta constatación, “unido al hecho de que el MTI ocurra habitualmente en la privacidad del ámbito familiar, y los problemas en el diagnóstico e intervención en la práctica, son factores que influyen en la estimación de que solo se detecten un 10-20% de los casos, y también en las dificultades para conseguir datos epidemiológicos que reflejen la realidad”, explica la Dra. Carmen Martínez González, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
ASPASIEn este sentido, “la Atención Primaria de Salud (APS) es un observatorio privilegiado y un escenario normalizado para la detección precoz y la prevención de problemas que ocurren fundamentalmente en el ámbito familiar, como el maltrato”, apunta la pediatra.

El tipo de maltrato más frecuente es la negligencia, pero actualmente asistimos al auge de formas sutiles, sin violencia física, como el “síndrome de alienación parental”, que se podría incluir dentro del maltrato psicológico. A veces en este contexto, padres afectiva y funcionalmente normales, son denunciados por su pareja y convertidos en sospechosos de abusar de sus hijos ante el menor síntoma, como una leve irritación de la zona del pañal o la más mínima verbalización incluso de niños que apenas hablan. Para el manejo de estas situaciones no hay recetas ni protocolos, “pero poner en marcha toda la maquinaria legal para intervenir ante sospechas poco justificados puede ser tan dañino como dejar de intervenir en aquellos casos necesarios”, recomienda la Dra. Martínez.

Violencia entre niños y adolescentes

La violencia entre los niños y adolecentes es una forma de maltrato en sus formas extremas de acoso escolar, también conocido por el término “bullying”. No se consideran como tal las peleas entre iguales si no hay desequilibrio de poder. Los agresores tienen una personalidad dominante, impulsiva, con dificultades para controlar la ira. “Es importante el papel pasivo de los espectadores, que colaboran en el maltrato tanto si se inhiben como si apoyan al agresor”, apunta la pediatra.

La prevalencia en nuestro país está en torno al 17% de la población escolar; en Estados Unidos la violencia en jóvenes se considera como una epidemia para la salud pública y se estima que el maltrato entre iguales en la escuela afecta al 29,9% de los niños y jóvenes escolarizados.

Prevención de la violencia en la infancia y adolescencia

“La violencia que afecta a menores es un problema de salud pública que se puede prevenir y disminuir sus efectos; de la misma manera en que las medidas de salud pública han logrado prevenir y disminuir las enfermedades infecciosas en la infancia, es posible cambiar los factores que contribuyen a producir respuestas violentas, ya sea los dependientes de la actitud y el comportamiento o los relacionados con situaciones sociales, económicas, políticas y culturales más amplias”, comenta el Dr. Patricio José Ruiz Lázaro, pediatra de la de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).
• La comprensión de los factores que incrementan el riesgo de que los menores se conviertan en víctimas o perpetradores de actos violentos es esencial para formular políticas y programas eficaces de prevención de la violencia en menores

Según los expertos de SEPEAP y AEPap, existe un gran número de factores de riesgo que han sido implicados en el desencadenamiento de la violencia:

1. Asociados a los padres, familiares y amigos:
– Antecedentes de maltrato, desatención física o emocional severa
– Desestructuración familiar
– Carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades
– Deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos
– Aislamiento social
– Alcoholismo y otras drogodependencias
– Prostitución. Delincuencia
– Hijos no deseados. Padres adolescentes
– Modelos inadecuados de disciplina.
2. Asociados al niño y adolescente:
-Discapacidades, minusvalías psíquicas, defectos congénitos, problemas de salud crónicos
– Hiperactividad

3. Asociados al nivel socioeconómico y cultural:
– Desempleo, inestabilidad laboral, pobreza, hacinamiento
– Aprobación cultural de la violencia y el castigo físico.
– Alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente
– Exceso de vida social, de trabajo o competitividad.
La comprensión de los factores que incrementan el riesgo de que los menores se conviertan en víctimas o perpetradores de actos violentos “es esencial para formular políticas y programas eficaces de prevención de la violencia en menores”, apunta el Dr. Ruiz Lázaro.

Los adolescentes creen que la violencia es algo normal e inevitable

En una investigación cualitativa, que se está realizando mediante observación participante en Alcalá de Henares, en el marco del Programa JAMPA del proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino (http://adolescentes.blogia.com), en Alcalá de Henares, coordinado por el pediatra Dr. Patricio José Ruiz Lázaro, se están detectando en los adolescentes creencias erróneas y actitudes que no ayudan a prevenir la violencia y dificultan la convivencia. Ellos creen que:
– “La violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse”
– “Todos lo hacen”
– “Juntarse chavales de distintas tribus urbanas (raperos, pokeros, bakalas, heavys, …) es mal rollo seguro”
– “Las cosas de la calle se resuelven en la calle: a hostias”
– “Si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan, y si no te respetan no eres nadie”
– “A veces estoy nervioso, necesito descargar la tensión y pegar a alguien”
– “Los padres no se enteran de qué va la calle, no me pueden ayudar”
– “Lo que pasa en la calle es problema nuestro, no se cuenta a nadie… no somos chivatos”
– “El que provoca se merece un escarmiento”
– “La quiero tanto por eso soy tan celoso”
– “Los hombres que pegan a las mujeres son los que beben”
– “La coca te pone violento, los porros te relajan”
– “Hay chavales que se lo buscan, merecen que se les pegue, por pipas”
– “A mi nadie me toca, sólo me toca mi padre” (tocar = sacudir)
• La estrategia de intervención más exitosa, recomendada por la Organización Mundial de la Salud es hacerlo desde un modelo en cuatro niveles: individual, relacional, comunitario y social. Cada categoría del modelo representa un grado de riesgo y también puede concebirse como un punto clave para la intervención

Estrategias de intervención

La estrategia más exitosa, recomendada por la Organización Mundial de la Salud es intervenir desde un modelo en cuatro niveles: individual, relacional, comunitario y social. Cada categoría del modelo representa un grado de riesgo y también puede concebirse como un punto clave para la intervención.
La vida cotidiana del adolescente no está cargada de planificación sobre lo que se quiere hacer, sí de inmediatez, novedad, acción, experiencia en relación con lo hay a su alrededor. De ahí, “la dificultad de la aceptación por el adolescente de los mensajes preventivos si tratan de inocular valores inamovibles, mensajes unívocos referidos estrictamente a la salud y a la “no violencia” como valores” explica el Dr. Ruiz Lázaro.

La sociedad de consumo y la estructura social existente, que se concreta en contextos, servicios y mercados generadores de “carencias” (imposible conseguir todo lo que se oferta) y niveles de frustración bajos (siempre queremos más), ejerce una influencia sobre los adolescentes que los obliga a una manejo permanente de potenciales situaciones conflictivas. Por esto, “es fundamental ofrecer escenarios distintos a los existentes para generar en los adolescentes nuevas actitudes y comportamientos frente a la violencia”, finaliza el pediatra.
Recomendaciones de los pediatras de AP
En este sentido los pediatras de AP demandan:

1) La ampliación generalizada del horario de la utilización de infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables.
2) Ofertar alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, que amplíen la experiencia de relacionarse con otras personas de forma saludable (amistad e integración como prevención).

3) Iniciar en la comunidad un proceso de elaboración de estrategias que eviten el aislamiento y favorezcan la integración y cohesión social; y permitan superar situaciones de alto contenido de agresividad y violencia presentes en el ámbito comunitario (incluida la vida política española).
4) Generar espacios de reflexión e intercambio entre los distintos agentes sociales para:
a. Favorecer el análisis de situaciones en donde predominen conductas violentas.
b. Encontrar propuestas de cambios actitudinales en la vida pública (favorecer la capacidad de ponerse en el lugar del otro)
c. Instalar el diálogo para reestablecer valores como la igualdad y el respeto mutuo, así como rechazar sus obstáculos (el racismo, el sexismo)

5) Que las actividades de prevención de la violencia se realicen necesariamente con participación de jóvenes, como sucede en el proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino (http://adolescentes.blogia.com)
6) Fomentar una educación que desapruebe clara y explícitamente la violencia de cualquier tipo y promueva la igualdad de género desde que los niños son pequeños, tanto en el ámbito familiar como escolar.

7) Animar a los padres a participar en actividades de educación para la salud que incrementen sus habilidades educativas y afectivas, como son la educación maternal preparto ó las escuelas de padres, y a los adolescentes en programas de educación sexual.
8) Mejorar la formación del personal sanitario y de los profesores para detectar situaciones de riesgo importante susceptibles de apoyo y seguimiento desde servicios sociales.

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), es una sociedad científica y profesional de ámbito nacional y de carácter no lucrativo, que se fundó en el año 1983 y cuenta en la actualidad con más de 2.400 socios. +info http://www.sepeap.org

Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) se constituyó como una Federación de Asociaciones de Pediatras que trabajan en Atención Primaria, de carácter científico y profesional y sin fines lucrativos, en la actualidad se encuentra asociados más de 2.500 pediatras de Atención Primaria de todo el Estado español. +info http://www.aepap.org

Para más información sobre este Estudio:
Javier Pérez-Mínguez
Berbés Asociados
Tel.: 91 563 23 00 – 637 824 877 javierperezminguez@berbes.com

By ACCESO
Un problema de salud pública, según los pediatras
Menos del 20% de casos de maltrato infantil salen a la luz y seis de cada diez acosadores escolares cometen un delito antes de los 24 años.
“Si enseñas que la persona que te quiere te puede pegar, perpetuas la violencia” apuntan expertos.

Madrid, 15 sep. (COLPISA, Miguel Lorenci).
“La violencia es un fenómeno cíclico y global, que se da en todos los niveles sociales y culturales, que se puede prevenir y que en lo que respecta a los menores se ha de abordar como un problema de salud pública”. Lo aseguran los pediatras Carmen Martínez y Patricio José Ruiz, miembros de la Sociedad Española de Pediatría y expertos en la violencia en la infancia y la adolescencia. Apuntan como “la mayoría de quienes la padecen en la infancia o la adolescencia, la ejercerán en algún momento de sus vidas” y como esta violencia “tiene múltiples manifestaciones, alcanza a toda la sociedad sin distinción de de nivel económico, social o educativo y muestra datos preocupantes en las fases más tempranas de la vida”.

Según los distintos estudios que manejan estos expertos, en España se detectan apenas un 20% de los casos de maltrato infantil, y, a pesar de que no repuntan, se dan cada vez más casos de negligencia; seis de cada diez menores que acosan a sus compañeros en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años; el 80% de los adolescentes que son denunciados por agredir a sus padres fueron a su vez víctimas de castigos físicos infringidos por sus progenitores y hay un “deterioro generalizado de todo tipo de autoridad”.
Ante este preocupante panorama la Asociación Española de Pediatría reitera la necesidad de abordarlo desde un prisma público. “La violencia que afecta a los menores es un problema de salud pública, como lo pude ser la gripe A; se puede prevenir alterando las pautas culturales y sociales que la abonan y la propician” apunta Patricio José Ruiz. “Antes de buscar culpables con cierta desesperación, seamos proactivos en la búsqueda de soluciones” propone. “Hemos de fomentar una educación que destierre al violencia como método de resolver conflictos. Si desde pequeños percibimos un absoluta intolerancias contra la violencia, estaremos en el buen camino”, señala.

“Ese 60% de acosadores en la escuela que acaba cometiendo delitos de cualquier tipo no hace otra cosa que perpetuar la violencia y trasladarla al ámbito laboral o al familiar. Si se valoran el castigo físico para corregir comportamiento y actitudes, se logra que la agresión se convierta en un valor para muchos adolescentes. Si trasmitimos el valor del castigo físico, si enseñas que la persona que te quiere te puede pegar, trasladas ese comportamiento al matrimonio y muchos ámbitos de la vida”, apunta Patricio José Ruiz. Insiste, con todo, este experto en el grave riesgo de generalizar y advierte que “los adolescentes que se involucran en situaciones violentas, no son necesariamente personas malas”.
Sin autoridad
Saben los expertos que la causa de la violencia radica en un complejo y diverso conjunto de circunstancias, pero los pediatras admiten que “hay un desprecio generalizado contra todo tipo de autoridad”. “Los hijos no reconocen esa autoridad a los padres ni a los profesores; los padres a menudo también ponen en duda la autoridad de profesores y médicos” dice la doctora Carmen Martínez. “Hemos de recuperar el sentido de la autoridad de padres, maestros, médicos y jueces, Que nuestros hijos sepan que hay límites que no se pueden traspasar”, propone.

“La amistad saludable y un vinculo emocional seguro son la mejor prevención contra la violencia ejercida por los adolescentes” apunta Patricio José Ruiz. Pero al tiempo destaca como la inseguridad de esos vínculos, en especial con respecto a los padres, está en la misma esencia de la adolescencia, de modo que “más del cincuenta por ciento de los adolescentes tienen vínculos inseguros con sus padres”.
Dejan muy claro los pediatras que “no hay un solo nivel socioeconómico que esté libre de violencia, que tampoco se detecta diferencias por el nivel educativo, económico o cultural en fenómenos como el acoso escolar o el maltrato infantil, “del que sólo salen a la luz entre 10 y un 20% de los casos” y que “además tendemos a estigmatizar al a clases sociales bajas, cuando se dan en todo los niveles” explica Carmen Martínez. Y eso que en ese ámbito se reconocen avances sustanciales. “Ahora conocemos más casos porque hay una red de alerta eficaz, pero lo cierto es que las agresiones infantiles van a menos y que se han desterrado hábitos sociales tan arraigados hasta hace poco como que la letra con sangre entra”.

La violencia hacia los niños o maltrato infantil es técnicamente “cualquier acción, omisión o trato negligente cometido por individuos, instituciones o por la sociedad que prive al niño de sus derechos y libertad o que interfiera en su ordenado desarrollo físico, psíquico o mental”. Según los datos manejados por los pediatras e España la prevalencia oscila entre las distintas comunidades entre un 5 y un 15,19 por cada 10.000 menores.
COLPISA

Estudio recopilatorio de dos sociedades médicas
Los pediatras avisan de que un 80% de casos de maltrato infantil pasan inadvertidos

MADRID, 15 Sep. (EUROPA PRESS) –
Ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

Así, los pediatras señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España “sólo” se detectan el 10 ó 20 por ciento de los casos de maltrato infantil, algo que, según la pediatra de AEPap, Carmen Martínez González, explica las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad”.

Por otro lado, según indicó, el 60 por ciento de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años, “perpetúan la violencia y la trasladan al ámbito laboral, familiar o vecinal”. Además, en España, la prevalencia estimada de maltrato infantil en las distintas CC.AA. oscila entre cinco y 15,19 casos por 10.000 menores. En el caso del ‘bullying’ o acoso escolar, la cifra, según sus cálculos, asciende al 17 por ciento.

En cuanto a las causas que subyacen a la violencia dentro de las aulas, los expertos detectaron por parte de los padres, familiares y amigos desatención física o emocional severa (hacia el niño violento), desestructuración familiar, carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades por parte de los padres; deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos o aislamiento social.

También situaron como motivo “desencadenante” de una actitud de maltrato entre los compañeros el que los padres, familiares y amigos estén afectados por el alcoholismo y otras drogodependencias, la prostitución, la delincuencia, el que se trate de hijos no deseados o de padres adolescentes, así como los modelos “inadecuados” de disciplina.

En cuanto a los aspectos asociados al niño y adolescente, situaron las discapacidades, minusvalías psíquicas, los defectos congénitos y los problemas de salud crónicos, así como la hiperactividad. Por último, en lo que respecta a los motivos asociados al nivel socioeconómico y cultural, situaron al desempleo, la inestabilidad laboral, la pobreza, el hacinamiento, la aprobación cultural de la violencia y el castigo físico y la alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente o el exceso de vida social, de trabajo o competitividad.

En este sentido, el pediatra de SEPEAP, Patricio José Ruiz Lázaro, valoró que la violencia entre menores debe ser tomada como una “cuestión de salud pública, que se puede prevenir”. Además, aseguró que detrás de estos comportamientos hay “creencias y actitudes erróneas que favorecen la violencia” y que, a su entender, deben desterrarse.

FALSAS CREENCIAS: “TODOS LO HACEN”

De este modo, en una investigación cualitativa que estos profesionales han realizado en Alcalá de Henares –en el marco del Programa JAMPA del proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino–, detectaron en los adolescentes “creencias erróneas y actitudes que no ayudan a prevenir la violencia y dificultan la convivencia”.

“La violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse”, “Todos lo hacen”, “Juntarse chavales de distintas tribus urbanas es mal rollo seguro”, “Las cosas de la calle se resuelven en la calle: a hostias”, “Si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan y si no te respetan no eres nadie” o “A veces estoy nervioso, necesito descargar la tensión y pegar a alguien” son algunas de las “creencias erróneas” detectadas en el estudio coordinado por Ruiz Lázaro.

Ante esta situación, los pediatras recomiendan, por ejemplo, “la ampliación generalizada del horario de la utilización de infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables”. También llaman a “ofertar alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes”.

Además, solicitan que se inicie “un proceso de elaboración de estrategias que eviten el aislamiento y favorezcan la integración y cohesión social”. Asimismo invitan a crear “espacios de reflexión e intercambio entre los distintos agentes sociales” o que las actividades de prevención de la violencia se realicen “necesariamente” con participación de jóvenes.

Otras propuestas pasan por “fomentar una educación que desapruebe clara y explícitamente la violencia de cualquier tipo y promueva la igualdad de género desde que los niños son pequeños, tanto en el ámbito familiar como escolar” o animar a los padres a participar en actividades de educación para la salud que “incrementen sus habilidades educativas y afectivas”. También solicitan la mejora de la formación del personal sanitario y de los profesores para “detectar situaciones de riesgo importante susceptibles de apoyo y seguimiento desde servicios sociales”.
EP
Los menores violentos son un problema de salud pública, según los pediatras

La organizaciones de pediatría advierten de que se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes

EFE – Madrid – 15/09/2009
Varias organizaciones de pediatras han expuesto que la violencia de los menores es un problema de salud pública, que se puede prevenir, por lo que estiman necesario que se actúe para acabar con datos como el de que seis de cada diez menores que acosa en el colegio acaba delinquiendo antes de los 24 años. Tras la recopilación de diversos estudios, responsables de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) han advertido de que no hay nivel socioeconómico que esté libre de violencia vinculada a los menores y opinan que se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes.

Plantean la necesidad de que se refuercen los contextos sociales frente a la violencia, protegiendo a las víctimas y sancionando a los agresores. “Vemos que la consideración de la agresión como valor está extendida en los jóvenes” y también “la falsa sensación de que aquí no pasa nada”, explica el pediatra Patricio José Ruiz Lázaro, de la SEPEAP, que ha realizado un estudio con adolescentes, que detecta entre ellos actitudes que no ayudan a prevenir la violencia. Por ejemplo, muchos de ellos aseguran que “la violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse”, que “todos lo hacen”, que “si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan” o que “la persona que te ama te puede pegar”.

En España, el 17% de la población escolar sufre acoso escolar, es decir, al menos una agresión semanal durante más de seis meses, un fenómeno que suele comenzar a partir de los 6 años, que aumenta a los 8-14 años y disminuye en los últimos años de la adolescencia. Respecto a los casos de maltrato infantil, sólo se detectan entre el 10 y el 20 por ciento y la mayoría de ellos se cometen por negligencia, ha asegurado la doctora Carmen Martínez González, de la AEPap), aunque ha alertado de que están aumentando las situaciones de maltrato psicológico cometidos por uno de los padres, en procesos de separaciones.

Respeto a los padres y los profesionales

“Es importante detectar estas situaciones para no entrar en una espiral que judicialice al niño”, ha explicado la pediatra, quien ha reivindicado una mayor intervención de los servicios de atención primaria, sociales y educativos “ante cualquier sospecha para intentar contener el maltrato”. Además, estima necesario que se refuerce el respeto a la autoridad que deben ejercer profesionales, como los pediatras o los educadores, que deben intervenir ante este tipo de situaciones y que se mejore su formación para detectar las situaciones de riesgo.

“La violencia es un ciclo, hay que cortarla”, ha señalado el doctor Ruiz Lázaro, quien ha alertado de que el 80% de los menores agresores han recibido violencia por parte de sus padres y de que el 60% de los que acosan en el colegio cometen algún delito -la mayoría menores- antes de cumplir los 24 años. Para este experto, “no es esporádica la violencia vinculada a los jóvenes, es un problema de salud pública, que está ahí y sobre el que hay que intervenir”, de la misma manera que se hace para prevenir o disminuir enfermedades.

“Hay que hacer más cosas”, ha reclamado el doctor Ruiz Lázaro, quien asegura que “es posible cambiar los factores que contribuyen a producir respuestas violentas”. Entre las recomendaciones, proponen ofertas alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, ampliar el horario de las infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables y fomentar una educación que desapruebe explícitamente la violencia de cualquier tipo.
EL PAIS
La violencia se queda en familia
No es cuestión de ponerse melodramáticos. Pero tampoco se pueden minizar las cosas. Un día si y otro también aparecen en los medios de comunicación noticias sobre la espiral de violencia que vive nuestra sociedad. Los casos de violencia de género se multiplican. Los asesinatos también.

Victor Fernandez/Deminorias
Se nos advierte del aumento de la violencia contra los hijos cuando son pequeños. De los hijos hacia los padres cuando crecen. Los alumnos con los profesores. De los padres de los alumnos contra los profesores, violencia, violencia, violencia…

Y, además, se trata de una violencia encubierta. El último datros es de la Fiscalia de menores que habla de la violencia de los adolescentes contra sus padres. Y no menciona cifras. Tampoco se dan cifras en el caso de la violencia de los padres o madres contra sus hijos. Tan sólo que ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

Así, los pediatras señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España “sólo” se detectan el 10 ó 20 por ciento de los casos de maltrato infantil, algo que, según la pediatra de AEPap, Carmen Martínez González, explica las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad”.

Ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Así, los pediatras señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España “sólo” se detectan el 10 ó 20 por ciento de los casos de maltrato infantil, algo que, según la pediatra de AEPap, Carmen Martínez González, explica las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad”.

Por otro lado, según indicó, el 60 por ciento de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años, “perpetúan la violencia y la trasladan al ámbito laboral, familiar o vecinal”. Además, en España, la prevalencia estimada de maltrato infantil en las distintas CC.AA. oscila entre cinco y 15,19 casos por 10.000 menores. En el caso del ‘bullying’ o acoso escolar, la cifra, según sus cálculos, asciende al 17 por ciento.

En cuanto a las causas que subyacen a la violencia dentro de las aulas, los expertos detectaron por parte de los padres, familiares y amigos desatención física o emocional severa (hacia el niño violento), desestructuración familiar, carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades por parte de los padres; deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos o aislamiento social.

También situaron como motivo “desencadenante” de una actitud de maltrato entre los compañeros el que los padres, familiares y amigos estén afectados por el alcoholismo y otras drogodependencias, la prostitución, la delincuencia, el que se trate de hijos no deseados o de padres adolescentes, así como los modelos “inadecuados” de disciplina.

En cuanto a los aspectos asociados al niño y adolescente, situaron las discapacidades, minusvalías psíquicas, los defectos congénitos y los problemas de salud crónicos, así como la hiperactividad. Por último, en lo que respecta a los motivos asociados al nivel socioeconómico y cultural, situaron al desempleo, la inestabilidad laboral, la pobreza, el hacinamiento, la aprobación cultural de la violencia y el castigo físico y la alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente o el exceso de vida social, de trabajo o competitividad.
DMINORIAS
Niños que apuntan maneras
M. ASENJO | MADRID
El 60 por ciento de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de cumplir los 24 años, según el informe realizado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap).

Estas organizaciones sostienen que la violencia que afecta a los menores es un problema de salud pública, que se puede prevenir. En este sentido, consideran que el pediatra de Atención Primaria es el profesional de la salud que mejor conoce al niño, al adolescente y a su familia y, por tanto, puede detectar, tratar o derivar los problemas de violencia con una mayor efectividad.

Tras analizar diversos estudios, la doctora Carmen martínez González (Aepap) y el doctro Patricio José Ruiz Lázaro (Sepeap)alertan de que no hay nivel socioeconómico que esté libre de violencia vinculada a los menores y de que se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes. Asimismo, consideran necesario reforzar los contextos sociales frente a la violencia, protegiendo a las víctimas y sancionando a los agresores.

El informe destaca que, de acuedo con la mayoría de los estudios, el 17% de la población escolar sufre acoso, es decir, al menos una agresión semanal durante más de seis meses, un fenómeno que suele comenzar a partir de los 6 años, que aumenta entre los 8 y los 14 y disminuye al término de la adolescencia.

Respecto a los casos de maltrato infantil, sólo se detectan entre el 10 y el 20% y la mayoría de ellos se cometen por negligencia, asegura Carmen Martínez González, de la Aepap), aunque indica que están aumentando las situaciones de maltrato psicológico cometido por uno de los padres, en procesos de separaciones. «Es importante detectar estas situaciones para no entrar en una espiral que judicialice al niño», explica la pediatra.

«La violencia es un ciclo, hay que cortarla», sostiene por su parte Ruiz Lázaro, al tiempo que resalta que el 80% de los menores agresores han recibido violencia por parte de sus padres y en el mencionado índice (60%) la perpetuan y la trasladan al trabajo o a la familia.
Ofertas de ocio
Entre las propuestas que presentan para erradicar este fenómeno destacan ofrecer alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, ampliar el horario de las infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables y fomentar una educación que desapruebe explícitamente la violencia.
ABC

Generación replicante

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Excelente artículo publicado en El País. 21 de septiembre de 2009 por Carles Feixa.
Carles Feixa es profesor de antropología social en la Universidad de Lleida y visiting fellow en la de Newcastle (Reino Unido). Ha publicado De jóvenes, bandas y tribus (Ariel, 4ª edición 2008).

Generación replicante

* Como los androides de ‘Blade Runner’, los jóvenes occidentales del siglo XXI tienen todo el mundo a su alcance, pero no son amos de sus destinos
* Las redes de Internet o el ‘botellón’ son sus paraísos artificiales

El significado histórico de los estudiantes y la universidad, la forma en que los unos y la otra existen en el presente, puede describirse como una metáfora, como una reproducción en miniatura de un estado histórico más elevado, metafísico. (Walter Benjamin, 1915)

En 1968 -cuando la juventud buscaba la playa bajo los adoquines- Philip K. Dick publicó una novela de ciencia-ficción con un título inquietante (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), en la que Ridley Scott inspiraría en 1982 su película Blade Runner. El relato gira en torno a un grupo de androides, virtualmente idénticos al ser humano, a los que llamó replicantes, superiores en fuerza e iguales en inteligencia a los ingenieros genéticos que los habían creado, pero utilizados como esclavos en la peligrosa colonización de otros planetas. Tras un motín en Marte, los replicantes buscan refugio en la Tierra, donde son declarados ilegales y perseguidos por patrullas policiales especiales, las unidades blade runner. La descripción que la novela hace del líder de la revuelta es sintomática: Roy “tiene un aire agresivo y decidido”, “indujo al grupo a intentar la fuga”, “robó diversos psicofármacos y experimentó con ellos”, y busca “una experiencia de grupo”.

Si cambiamos Marte por el espacio escolar, la Tierra por el espacio público, los psicofármacos por combinados etílicos, los replicantes por jóvenes al borde de la mayoría de edad, y los blade runners por adultos al borde de un ataque de nervios, quizá podamos encontrar alguna analogía con el moderno botellón.

La palabra “diversión” tiene una doble filiación latina: la más conocida viene de distractione, que significa fiesta y pasatiempo, pero también remonta a diversione, que significa divergencia y contestación. Ambos significados confluyen en los sucesos de Pozuelo de Alarcón, en los que el botellón, más que como la causa (de todos los males de la juventud actual) o la consecuencia (de todos los pecados de la sociedad adulta), aparece como un síntoma, como una metáfora de la generación que entra ahora en la universidad. Pues, como ya intuyese Walter Benjamin en su tiempo, los estudiantes suelen reproducir en miniatura -en forma de comedia o de tragedia- las esperanzas y los miedos de cada momento presente.

Así como los sueños de la razón producen monstruos, el súbito despertar de una juventud aparentemente dormida suele invocar nuestros propios fantasmas familiares. Adolescentes acomodados rebelándose por el derecho a consumir alcohol en el espacio público, universitarios protestando contra Bolonia, mileuristas hiperformados condenados a la precariedad laboral, bandas urbanas provocando pánicos morales: son las múltiples caras de una generación inquieta, que suscita, sin términos medios, compasión o condena, ya sea en forma de prédica parental o de carta al director. Pero si queremos ir más allá del botellón, quizá debiéramos preguntarnos si lo que está cambiando no es el propio concepto de juventud como fase más o menos prolongada de transición a la vida adulta. Me explicaré con un símil literario, que alude a tres modelos distintos de juventud: Tarzán, Peter Pan y Blade Runner.

El modelo tradicional de juventud se basa en lo que podemos denominar el “síndrome de Tarzán”. Fue inventado por Rousseau a finales del siglo XVIII y perduró hasta mediados del siglo XX. Se basa en el eterno debate entre naturaleza y cultura: ¿puede todo menor ser “encauzado” mediante buenas prácticas de crianza o de socialización? El adolescente aparece como el buen salvaje que inevitablemente tiene que ser civilizado, un ser que contiene todos los potenciales de la especie humana, que aún no ha desarrollado porque se mantiene puro e incorrupto. La rápida transición del juego al trabajo, la temprana inserción profesional y matrimonial, la participación en ritos de paso como el servicio militar, serían rasgos característicos de un modelo de adolescencia basado en una inserción “orgánica” en la sociedad. Se trata de un relato de juventud que narra el paso de la cultura oral a la cultura escrita, de la galaxia Homero a la galaxia Gutenberg.

El modelo moderno de juventud se basa en lo que podemos denominar el “síndrome de Peter Pan”. Lo asumieron los felices teenagers de posguerra y fue teorizado por los ideólogos de la contracultura (como Theodore Roszak), así como por algunas estrellas del rock (como The Who y los Beatles). En el mundo occidental este modelo se convirtió en hegemónico durante la segunda mitad del siglo XX, con el telón de fondo de la sociedad de consumo y aquel capitalismo maduro que había proclamado como lema el Forever Young. El adolescente aparece como el nuevo sujeto revolucionario -o el nuevo héroe consumista- que se rebela contra la sociedad adulta y se resiste a formar parte de su estructura, al menos temporalmente. Ello se consigue alargando el periodo de escolaridad y creando espacios-tiempo de ocio en los que los jóvenes puedan vivir su particular País de Nunca Jamás (aunque algún día, como Wendy, acaben por regresar al mundo real). Las lentas transiciones a la edad adulta, el alargamiento del periodo formativo, la emergencia de “tribus” y de subculturas juveniles, serían los rasgos característicos de un modelo de inserción “mecánica” en la sociedad. Se trata de un relato de juventud que narra el paso de la cultura escrita a la cultura visual, de la galaxia Gutenberg a la galaxia McLuhan.

El modelo posmoderno de juventud se basa en lo que podemos denominar el “síndrome de Blade Runner”. Emerge a finales del siglo XX y está llamado a convertirse en hegemónico en el siglo XXI. Sus teóricos son los ideólogos de la sociedad red -tanto los oficiales como los hackers alternativos- que preconizan la fusión entre trabajo y ocio, entre inteligencia artificial y experimentación social, e intentan exportar al mundo adolescente sus sueños de expansión mental, tecnologías humanizadas y autoaprendizaje. Los adolescentes serían seres artificiales, medio robots y medio humanos, escindidos entre la obediencia a los adultos que los han engendrado y la voluntad de emanciparse. Como no tienen “memoria”, todavía no tienen “conciencia”, y por lo tanto no son plenamente libres para construir su futuro. En cambio, han estado programados para utilizar todas las potencialidades de las nuevas tecnologías, por lo que son los mejor preparados para adaptarse a los cambios, para afrontar el futuro sin los prejuicios de sus progenitores. Pero su rebelión está condenada al fracaso: sólo pueden protagonizar revueltas episódicas y estériles, esperando adquirir algún día la “conciencia” que los hará adultos. Como los replicantes, tienen todo el mundo a su alcance, pero no son amos de sus destinos. Y como blade runners, los adultos sienten hacia ellos una mezcla de fascinación y de miedo.

El resultado es un modelo híbrido y ambivalente de adolescencia, a caballo entre una creciente infantilización social, que se traduce en dependencia económica y falta de espacios de responsabilidad, y una creciente versatilidad intelectual, que se expresa en el acceso privilegiado a las nuevas tecnologías, corrientes estéticas e ideológicas. Las transiciones discontinuas hacia la edad adulta, el retraso en el acceso al trabajo y a la residencia, la configuración de redes adolescentes a escala planetaria, la emergencia de paraísos artificiales como las comunidades de Internet o el propio botellón -en el que vivir cada semana cierta experiencia de comunidad, de aquel “divino social” teorizado por Michel Maffesoli- serían los rasgos característicos de un modelo de inserción “virtual” en la sociedad. Se trata de un relato de juventud que narra el paso de la cultura visual al hipertexto, de la galaxia McLuhan a la galaxia Gates.

Tarzán, Peter Pan y Blade Runner no constituyen modelos excluyentes, sino más bien variantes de la experiencia juvenil que pueden convivir en el momento presente. Hoy siguen existiendo instituciones en las que predomina el modelo de transición a la vida adulta simbolizado por Tarzán, otras en las que persiste el modelo de resistencia a hacerse adulto caracterizado por Peter Pan, y otras en las que emerge el modelo yo-yo representado por la figura del replicante. Si la juventud ha dejado de ser un rito de paso para convertirse en una ritualización del impasse (un sueño del que cuesta despertar), el botellón aparece como una especie de limbo, un espacio liminar entre el infierno mileurista y el paraíso yuppy. Entre la represión indiscriminada del botellón y la promoción del vinum et circenses a cargo de las administraciones públicas, quizá exista una tercera vía que trate a los jóvenes, no como replicantes, sino como ciudadanos capaces de inventarse como actores sociales.