Más cosas sobre TDAH

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Seguro que me repito en algún artículo, pero me da igual: sigo creyendo que este trastorno es un camelo, y que niños movidos y traviesos siempre ha habido….  también despitados.

ARTÍCULO DE LA NUEVA TRIBUNA

DIAGNÓSTICO POR TDAH: ¿UNA FALACIA?

Psicofármacos para niños, una tendencia en alza

España se encuentra entre los mayores consumidores mundiales del fármaco ‘estrella’, el metilfenidato, una droga administrada a menores a los que se ha diagnosticado el conocido como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Julio. 12 años. Tiene una situación familiar y social muy difícil, con una madre en paro y que ha sido desahuciada de su casa por no poder pagar la hipoteca. Apenas tiene contacto con su padre. Tiene dificultades en el colegio para seguir el ritmo de los demás niños y ya ha sido etiquetado como problemático.

María. 8 años. Ha sufrido recientemente el divorcio de sus padres. Es muy inteligente y saca buenas notas en el colegio, pero es inquieta y no hace caso a los profesores y les reta y contesta a veces.

Eduardo. Es un niño adoptado. En su país de origen pasó situaciones de extrema dificultad. No se concentra en los estudios.

Laura. 7 años. Es una niña que vive en su mundo, un poco desconectada y no atiende en las clases. Sus padres apenas tienen tiempo para ayudarla en los estudios y se va quedando rezagada.

Pedro. 9 años. Sufrió un cambio de colegio y de barrio el último año y no se adaptó a su nuevo ambiente. Sufrió acoso escolar y fue marginado por sus compañeros. En el anterior colegio no tenía problemas.


Estos son algunos de los ejemplos de niños y niñas que han sido diagnosticados conTrastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Algunos padres y madres se han negado a medicarles, pero otros sí han aceptado ante la recomendación de médicos, profesores y psiquiatras.

El colectivo Humanistas de Carabanchel lleva meses investigando el TDAH, una patología de la infancia que se caracteriza por conductas de desatención, hiperactividad e impulsividad pero que sigue levantando mucha polémica ante el aumento de la prescripción de fármacos para menores que supuestamente la padecen.

 

El vídeo-documental ¿Estás atento?, la otra cara el TDAH, de 45 minutos de duración, fue presentado recientemente por Humanistas de Carabanchel y en él, médicos e investigadores cuestionan la existencia del trastorno, la validez de esta forma de diagnóstico y su tratamiento farmacológico. Muchos colectivos, psiquiatras, psicólogos, etc. coinciden en señalar que los síntomas que caracterizan el TDAH muy posiblemente pueden deberse a las circunstancias sociales y personales de los sujetos que los padecen, y que deberían revisarse los protocolos por los que se prescribe el consumo de psicofármacos a la población infantil. Asimismo, alertan de que los psicofármacos no curan los trastornos, solo enmascaran los síntomas y que los efectos secundarios de los medicamentos a largo plazo son muy perjudiciales.

EL PADRE QUE SE NEGÓ A MEDICAR A SU HIJO

En el documental destaca el testimonio de un padre, que relató a los presentes cómo su hijo fue diagnosticado y cómo a lo largo de su trayectoria escolar, le amenazaron con las terribles consecuencias que su hijo sufriría si no accedía a medicarlo, a lo que decidió negarse. El padre relató que siempre tuvo que pelear con la duda y el temor sobre si habría hecho lo correcto. Años después, su hijo, ya un adolescente que estudia en el instituto, es un chico normal que no ha tenido mayores problemas que los de cualquier otro chico de su edad. Esta ha sido una constante que muchas madres y padres han comentado en diversas presentaciones del documental.

“El chantaje sobre las consecuencias que puede tener no acceder a medicar a los niños es muy amplio y abarca desde las posibles consecuencias en la salud de los menores, al fracaso escolar, y a no tener acceso a ningún tipo de  ayudas que si tendría si acepta pasar por el aro”, denuncia este colectivo.

PSIQUIATRAS AMERICANOS, LOS PADRES DEL TDAH

A mediados de los años 60 un grupo de psiquiatras americanos empiezan a incluir nuevas “enfermedades” en su manual de trastornos mentales (DSM). Una de ellas es el TDAH, que fue definido como “trastorno” específico de la infancia. El diagnóstico se suele realizar al comenzar la educación primaria, cuando aparecen problemas en el rendimiento escolar (deberes incompletos, poco organizados y con errores), el niño se distrae fácilmente, habla impulsivamente, responde antes de acabar la pregunta, y se observa disfunción social (conducta desadaptada en el aula, dificultades para aceptar las normas, agresividad, interrumpe y se entromete en todo, etc.).

Hacia 1980 se inicia un crecimiento sostenido de diagnósticos que adquiere carácter de incontrolable epidemia global a fines de siglo. Anteriormente a niños inatentos, inconsecuentes y muy movidos, particularmente si había dificultades específicas del aprendizaje como la dislexia, se les atribuía un “daño cerebral mínimo” (minimal brain damage) o “hiperactividad”, cuya frecuencia era baja.

Los psiquiatras calcularon que un porcentaje entre el 5 y el 15% de la población infantil padece TDAH y hoy día, uno de cada ocho niños estadounidenses toma metilfenidato, el fármaco más utilizado para tratar el TDAH.

Según datos del Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, una de las instituciones sanitarias estadounidenses más grandes, se ha diagnosticado con TDAH al 15% de los chicos que están en colegios e institutos y el número de niños con medicación para el trastorno se ha disparado hasta los 3,5 millones, en comparación con los 600.000 que había en 1990, el 80% de ellos son latinos, negros y chicanos, y que su expansión comenzó en los barrios más conflictivos como Harlem, Bronx, etc.

En España ha sucedido una situación similar, entre los años 1992 y 2001 el uso del metilfenidato se ha multiplicado por seis (Criado et al., 2003)21, un incremento inferior al experimentado en Estados Unidos. Ha vuelto a dispararse en 2004 coincidiendo con la comercialización del metilfenidato en liberación prolongada, el fármaco “estrella”. Hoy nos encontramos entre los mayores consumidores mundiales de esta droga y en crecimiento exponencial.

Opinión del psiquiatra español Mariano Almudévar

“El TDAH ha sido y es objeto de controversia pública en la sociedad angloamericana. Hay neurólogos (Baughman) y psiquiatras (Breggin) que llevan muchos años diciendo que es una falacia; otros piensan que es un cajón de sastre en el que se incluyen un número de conductas problemáticas y bajos rendimientos escolares, o simplemente niños “trasto” o despistados. Detrás del diagnóstico puede haber desde chavales inteligentes y curiosos que se aburren con las rutinas homogeneizadas del aula, a otros con dificultades específicas del aprendizaje; desde la expresión en el escenario es- colar de situaciones familiares complicadas o negligentes hasta aquellas en la que el niño no llega a las expectativas de los padres; desde maestros que por una razón u otra necesitan una tranquilidad regimentada en el aula, hasta psicólogos con escasa o nula conciencia de la diversidad o variabilidad en el ritmo del desarrollo humano. Solo una minoría de diagnosticados muestra hiperactividad en sesiones clínicas y a pesar de ser el más ampliamente estudiado de los trastornos psiquiátricos de la infancia, su diagnóstico se hace sobre la base de quejas y observaciones de maestros, a veces bajo amenazas de sanciones, y su frecuencia y la polémica siguen creciendo”.

Fuente: Partido Humanista de Carabanchel

 

ARTÍCULO EN EL ABC

«El TDAH no existe, y la medicación no es un tratamiento, sino un dopaje»

Día 20/10/2014 – 03.31h

El catedrático Marino Pérez, autor de «Volviendo a la normalidad», asegura que no hay biomarcador cerebral que justifique el Trastorno por Déficit de Atención

«No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje». Esta es la sentencia de Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, además de coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de «Volviendo a la normalidad», un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo tipo de referencias bibliográficas elTrastorno por Déficit de Atención con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar infantil. Lo que sí que existe, y es a su juicio muy preocupante, es el fenómeno de la «patologización de problemas normales de la infancia, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar».

—En «Volviendo a la normalidad», ustedes ponen el dedo en la llaga, al asegurar que el llamado Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH), no existe.

—El TDAH es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. Para empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si «a menudo» el niño se distrae y se mueve mucho. Más que nada, el diagnóstico es tautológico. Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque esdesatento e inquieto. Por lo demás, insisto, no existe ninguna condición neurobiológica ni genética indenficada, y sí muchas familias donde no se asume que la educación de los niños es más difícil de lo que se pensaba.

—¿Quiere decir que no hay ninguna prueba médica que lo demuestre?

—No. No existen pruebas clínicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc) ni neurofisiológicas (EEG, ERP) o test psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico. Lo que nosotros decimos en esta obra, con toda seguridad, es que no hay ningún biomarcador que distinga a los niños TDAH. No se niega que tengan problemas, pero son niños, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse… A sentarse es algo que hay que aprender. No existe ninguna alteración en el cerebro.

—Pero los expertos en TDAH afirman que este trastorno mental/psiquiátrico del neurodesarrollo conlleva ciertas particularidades cerebrales, y niveles anormales de sustancias neurotransmisoras…

—Pudiera haber diferencias en el cerebro, como es distinto el cerebro de un músico al de otro que no lo es. Incluso el de un pianista a un violinista. Pero esa diferencia del cerebro no es la causa. El cerebro es plástico y puede variar su estructura y su funcionamiento dependiendo de las exigencias y condiciones de vida. Un ejemplo muy famoso es del hipocampo cerebral de los taxistas de Londres. Cuantos más años de profesionalidad, más alterada es esa estructura cerebral. ¿Por qué? Porque está relacionada con el recuerdo y la memoria espacial, como es requerido para ser taxista en una ciudad de 25.000 calles como Londres. Lo que se pueda observar diferencial en el cerebro de quien sea, en este caso de niños a los que se diagnostica TDAH, no explica que esa sea la causa del supuesto trastorno, si no que los niños sean más activos e inquietos. Pero algunos padres se agarran o podrían estar interesados en encontrar una diferencia cerebral en los niños que les justifique o exima de responsabilidad en lo que le pasa al niño. Insisto, no hay ningún clínico ni ninguna prueba de neuroimagen que pueda validar un diagnóstico, como no hay evidencia que demuestre que los niveles cerebrales de dopamina o noradrelina sean anormales en niños con este diagnóstico.

—Ustedes también recogen en su obra que muchos clínicos, y hasta laboratorios farmacéuticos, que reconocen que no hay biomarcadores específicos.

—Cualquiera que esté al tanto de las investigaciones no puede dejar de reconocer que en realidad no hay biomarcadores específicos por los que se pueda diagnosticar ese TDAH como una entidad clínica diferencia. En España hay multitud de expertos en el tema que después de defender que es un trastorno bioneurológico, reconocen que no hay bases neurológicas establecidas para el diagnóstico. Y sin embargo mantienen ese discurso. Casualmente, suelen ser personas con conflictos de intereses reconocidos y declarados, que han recibido y está recibiendo ayudas y subvenciones y todo tipo de privilegios de diversos laboratorios. Es decir, muy a menudo los defensores del TDAH mantienen esa retórica a pesar de que no hay evidencia, por un conflicto de intereses que les lleva a sesgar la información por el lado de lo que desean que hubiera en base a los intereses de hacer pasar el trastorno como si fuera una enfermedad que hubiera que medicar.

—La realidad es que el TDAH se acaba de reconocer en la flamente Ley orgánica para la mejora educativa (LOMCE).

—Las instancias políticas, empezando por el Parlamento Europeo, con su «libro blanco» sobre el TDAH, y terminando por su inclusión en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), puede que estén dando carta de naturaleza a algo cuya naturaleza, valga la redundancia, está por determinar y que, de hecho, es controvertida. Se está reclamando que se hagan las dotaciones adecuadas que contempla la ley como son ayudas, subvenciones, e incluso rebajas para la adquisición de los libros de texto, ventajas para acceder a becas, quien sabe si hasta para acceder a la Universidad. Mientras, los lobbies de la industria farmacéutica se estarán frotando las manos, viendo como los políticos «trabajan» a su favor. Los políticos creerán que han hecho lo políticamente correcto pero, de acuerdo con lo dicho, sería incorrecto científicamente.

—Usted augura que, a partir de este reconocimiento, habrá muchos interesados en que el niño reciba un diagnostico formal de TDAH.

—Si. Esto mismo que ha pasado en España, de que la Ley otorgue cobertura legal al TDAH, se vio con anterioridad en 1997 en Quebec (Canadá). Allí hicieron un estudio de seguimiento de diagnósticos durante los 14 años siguientes y se encontró que en esa provincia canadiense en concreto, y a diferencia del resto de Canadá, había aumentado exponencialmente el número de niños medicados. Un crecimiento que no se observó en otras enfermedades propiamente infantiles como el asma, donde el porcentaje se mantuvo el resto del tiempo. Además, los niños que tomaban medicación de forma continuada tenían un rendimiento más bajo a largo plazo. Y tenían a su vez otros comportamientos y otras alteraciones como ansiedad y depresión.

—Los efectos secundarios de la medicación es algo que ustedes también citan en esta obra, al señalar que los padres no son muy conscientes de los mismos.

—La utilidad de la medicación, hasta donde lo es, no se debe a que esté corrigiendo supuestos desequilibrios neuroquímicos causantes del problema, como se da a entender, sino a que el propio efecto psicoactivo de la droga estimulante puede aumentar la atención o concentración, como también lo hacen el café o las bebidas tipo Red Bull. La medicación para el TDAH no es, en rigor, un tratamiento específico, sino un dopaje: es la administración de fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento. En cuanto a la salud, estas anfetaminas lo que producen es un efecto inmediato (si es continuado) de aumento de la presión sanguínea y cardiaca, que les puede llevar a tener a la larga más riesgos cardiovasculares. Tampoco les debería sorprender su efecto sobre el retraso del crecimiento. La cuestión es saber que pasa tras años de medicación.

—Si el TDAH no es un cuadro clínico, pero sí un problema de conducta, ¿qué pueden hacer los padres afectados?

—Lo dificil hoy en día es que los padres puedan tener una atención más continuada y sosegada con los niños. Pero la atención y la actividad se pueden aprender, y mejorar. Hay estudios hechos y publicados en la versión americana de Mente y Cerebro con niños pequeños abocados o candidatos a recibir el diagnóstico. Se les enseñaba a los padres a realizar diversas tareas con esos pequeños, con el objeto de educar la atención y su impulsividad. Y se ha comprobado que con estas actividades consistentes en juegos tipo «Simon dice», donde uno tiene que esperar a responder cuando se le pide algo, se ha logrado que los niños mejoren y controlen la impulsividad o los comportamientos que les abocaba al TDAH.

—Mientras tanto, usted señala que las asociaciones de afectados tienen publicidad en sus webs de los laboratorios farmacéuticos implicados en la fabricación de los medicamentos.

—Si usted echa un vistazo a alguna de ellas lo podrá comprobar por usted misma. En mi opinión, las asociaciones de padres y afectados por el TDAH, si no quieren hacerle el juego a otros intereses, debieran tener prohibido en sus estatutos recibir financiación de los fabricantes de medicación, y utilizar como divulgación sus explicaciones y panfletos. Es como si ponemos al lobo a cuidar de las ovejas. Aunque los laboratorios reciban cuantiosas multas por la inapropiada promoción de sus preparados y afirmaciones engañosas acerca de su eficacia, como los 56.5 millones de dólares que tendrá que pagar el principal fabricante de medicamentos para el TDAH, no será nada comparado con los 1.200 millones de dólares que tiene previsto ganar en 2017 con uno de ellos. De estas cosas también hay que hablar cuando se habla de TDAH.

—¿Recomendaría usted alguna lectura a padres preocupados?

El descubridor del déficit de atención confesó antes de morir que es un trastorno ficticio

Siete meses antes de morir, el famoso psiquiatra estadounidense Leon Eisenberg, que descubrió el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), afirmó que se trata de “un ejemplo de enfermedad ficticia”.

Esta afirmación, hecha por el destacado médico, fue publicada por el semanario alemán ‘Der Spiegel’.

Los primeros intentos de explicar la existencia de este trastorno fueron llevados a cabo en los años 30. En aquel momento, los médicos que trataban a niños con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse les diagnosticaban el síndrome posencefálico, pese a que la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.

Fue precisamente Leon Eisenberg quien en los años 60 volvió a hablar de dicho trastorno. En el año 1968 incluyó la enfermedad en el ‘Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales’.

harvard.edu

Uno de los principales logros de Eisenberg fue conseguir que la gente creyera que el TDAH tiene causas genéticas. El sentimiento de culpa de los padres desaparece de esa forma al pensar que el niño ha nacido así y el tratamiento con medicamentos es menos cuestionable. Sin embargo, pocos meses antes de su muerte, confesó que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de establecer las razones psicosociales que pueden provocar determinadas conductas, un proceso que lleva tiempo por lo que “prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido”.

Después de estas revelaciones se puede mencionar otro estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove. Según esta profesional, de los 170 miembros del grupo que trabaja con el ‘Manual de los trastornos mentales’, el 56% tenía una o más relaciones financieras con empresas de la industria farmacéutica.

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