Huertos escolares

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Mi amigo JORGE ENDRINO es un maestro “de los de antes”: de los que viven en el barrio dónde trabaja, de los que educa a sus hijas en el colegio de ese barrio, de los que no tienen horarios ni para estudiar y mejorar su forma de dar clase ni para atender a las familias cuando éstas pueden.
¡Ah! El centro es el C.E.I.P. EMILIO PRADOS DE SEVILLA

Hace un par de días me llegó al wasapp una vídeo en el que explicaba ante un auditorio de una iniciativa de la  “Fundación Cruzcampo” y “SevillaISA” que se llama:
DESDE LAS AULAS UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA

Os dejo aquí el vídeo, con un montón de propuestas interesantísimas todas de compañeras y compeñeros docentes…. mi amigo Jorge sale del minuto 10 al 25:

¡Gracias Jorge! ¡Sigue adelante!

TRANSCRIPCIÓN:

Cuáles considero que son los aprendizajes más importantes que se derivan del huerto escolar.

Nos podría parecer que la principal ventaja de tener un huerto en la escuela es contar con un espacio de investigación y puesta en práctica de los contenidos de las asignaturas. Pero más allá de que aprendan botánica, ecología, matemáticas, plástica o lenguaje, la experiencia nos demuestra que los aprendizajes más importantes que se derivan son los siguientes:

·       Todo cambia, todo está sujeto a una profunda transformación que comienza con el nacimiento y culmina con la muerte. Esto en el huerto está muy conectado al cambio de las estaciones.
·       La vida atrae vida o cómo un ecosistema hortícola atrae una serie de visitantes que intervienen y se relacionan entre sí.
·       Yo puedo producir lo que como. El autoconsumo es una meta complicada de conseguir. Es una locura consumir vegetales que han sido recolectados a miles de quilómetros de aquí.
·       Aprendemos de nuestros aciertos y, sobretodo, de nuestros errores. En esta aventura acompañamos a nuestros alumnos y, como nuestra formación en agroecología aún continúa, son muchos los errores que se cometen. El año pasado, donde había que poner tres semillas de lechuga pusimos treinta y gracias a eso descubrimos la gran resistencia de esta planta al trasplante. También aprovechamos para que los niños y niñas del colegio se llevaran una lechuguita a casa. Seiscientas lechugas en seiscientas casas sirvieron para que entre ellos compartieran cómo las estaban cuidando y qué grado de éxito tuvo cada uno en esta labor. Este año hemos plantado nada más que quince por cada sección.
·       El último de los grandes aprendizajes que se dan en el huerto escolar es que el producto del esfuerzo colectivo es más poderoso que el individual. En el huerto todos somos indispensables, todos tenemos una función y no se deja a nadie afuera.

Por qué un huerto escolar es integrador.
Nuestro proyecto es fruto de la conjunción de varias energías.
Se ha logrado gracias a la ayuda de las familias que han colaborado ayudándonos con las tareas que no podíamos hacer con los niños y niñas del cole, como colocar el sistema de riego o fabricar las jardineras. Además, de las familias también han surgido voluntarios que según su capacidad nos han ayudado de una u otra forma.
La AMPA del centro también nos ha apoyado dando difusión a las actividades que hacemos y aprovechando el espacio de huerto para algunas actividades que han hecho con los niños como un cuentacuentos.
La asociación de amigos del parque donde está instalado han protegido el espacio donde tenemos nuestros cultivos cuando alguien se ha saltado o pidiendo al distrito que suban la valla.
Gracias a WWF pudimos empezar el proyecto porque como ya he dicho al principio no teníamos mucha idea de cómo organizarnos.
Parques y Jardines nos proveen del espacio y del agua que usamos para regarlo. Además, cuando lo hemos necesitado nos han cedido maquinaria para trabajar la tierra.

Por último, pero no menos importante el equipo directivo siempre ha favorecido esta actividad.
Mi único mérito aquí ha sido el de cohesionar todos estos esfuerzos y gracias a ellos nuestras alumnas y alumnos pueden disponer de huerto escolar. Esto supone el primer nivel de integración.
Muchos de los voluntarios que han participado eran personas en paro a los que entrar en la dinámica del huerto les ha servido para mantener su ánimo mientras buscaban trabajo y esto también es integración.
Uno de los hechos que más me gusta de nuestra experiencia es que, al estar situado en la vía pública, se presta a que la gente se pare a observar y a comentar el progreso del huerto; esto hace que el proyecto trascienda al barrio. No es extraño encontrar a abuelos que les explican a sus nietos qué hay plantado y lo mejor es que cada vez hay más nietos, alumnos del colegio, que les explican a sus abuelos cómo han plantado ahí.
El curso pasado tuvimos un problemilla al respecto, unos niños saltaron durante el fin de semana e intentaron sacar las patatas que teníamos plantadas. Rompieron más plantas de las que sacaron. El tejido social del barrio se puso en marcha para identificarlos hasta que ellos mismos confesaron. Resultaron ser alumnos del colegio. La medida que se tomó fue pedirles que nos ayudaran a reparar los daños causados. Desde entonces no ha vuelto a haber actos vandálicos en el huerto, puede ser porque tenemos vigilantes nuevos. Y esto es integración.
Uno de los grandes aprendizajes es el de la soberanía alimentaria. Esto hace que nuestros niños y niñas pasen de consumidores a productores y tengan las habilidades necesarias para generar alimento sea cual sea su situación económica. De hecho, el auge de la agricultura urbana se debe en gran medida a esto. Dotar a las personas de herramientas como esta también es integración.
La agricultura conecta con una especie de cultura colectiva. Gracias a ella pudimos asentarnos y a lo largo de 14.000 años ha significado la supervivencia para el ser humano. No en vano el 90% de lo que usa el ser humano para alimentarse es vegetal. Esto nos une a todos y encontrar y disfrutar de lo que nos une es integración.
En el Emilio Prados tenemos la suerte de contar por número de alumnos y por estar situado entre varios barrios diferentes con una amplia diversidad en el alumnado. Esto hace que podamos contar con muchas formas distintas de ver una misma realidad. Pero si limitamos la vida escolar a realizar actividades individuales matamos esa oportunidad de aprendizaje y eso no es integración.
El huerto escolar por su propia naturaleza es una actividad integradora, vemos que hay niños que prefieren pasar su rato de recreo en el huerto y muchas veces animamos a nenes que por su carácter tienen conflictos a participar porque sabemos que éstos no se reproducen en nuestro espacio.Al ser práctica y al aire libre a los niños les sirve para romper la rutina y normalmente están muy motivados.

No sucede todavía pero cada vez son más los colegios que tienen huerto y la formación en agroecología que nuestros alumnos obtienen puede ser compartida en ferias o encuentros locales. Poder compartir experiencias similares con otros niños y niñas de background distinto favorecerá también la integración.

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