Abuso sexual


Este es un tema que nos revuelve. Alguna vez en los colegios hemos detectado marcas y comportamientos que nos pueden hacer pensar que ha podido haber algún tipo de abuso. En este mismo blog, en la etiqueta “abuso” podéis encontrar indicadores y más información.

Hoy os dejo con una entrada que reúne tres sobre el tema del blog: http://www.elmundodelosasi.org/

Una película chilena sobre el tema:

La mujer de Iván2

Iván de 40 años y Natalia de 15 años están inmersos en una extraña y tensa cotidianidad, en la que se establece el status de cada uno, pero no queda claro su vínculo. Cuando la joven tiene su despertar sexual, la luz del sol se empieza a colar por las cortinas cerradas de la casa para derrumbar toda estructura impenetrable de represión y control que rige sus vidas. La casa se transforma en un campo de batalla abierto y claro, en el que Iván y Natalia van alcanzando un grado de intimidad condicionada por el aislamiento con el mundo, los límites del cautiverio, las ansias de libertad y por sobretodo, la extinción de la moral.

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Título original: La mujer de Iván

Año 2011

Duración 88 min.

País  Chile 

Directora: Francisca Silva

Guión: Francisca Silva

Música: Angelo Solari

Fotografía: Daniel Vivanco

Reparto: Marcelo Alonso, María de los Ángeles García, Aldo Parodi, Jaime Lorca

Productora: Escuela de Cine de Chile

Género Drama

Fuente: Filmafinitty

http://www.filmaffinity.com/es/film520387.html

Un artículo de la Revista Chilena de Pediatría:

Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.76 n.1 Santiago ene. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062005000100005

Rev Chil Pediatr 76 (1); 41-47, 2005

ARTÍCULO ORIGINAL

La experiencia de abuso en las madres: ¿Es un predictor de abuso sexual de sus hijos?

A history of abuse in mothers is a predictor of sexual abuse in children?

 

Ana Margarita Maida S.1, María Elisa Molina P.2, Carolina Basualto R.3, Carolina Bahamondes P.3, Ximena Leonvendagar B.3, Claudia Abarca C.3

1. Departamento de Pediatría Oriente, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.
2. Psicóloga clínica. Fundación de Prevención de Violencia Intrafamiliar, Hospital Luis Calvo Mackenna. En la actualidad cursando estudios de Doctorado en la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
3. Estudiante de Psicología en práctica profesional en la Unidad de Terapia Familiar, Hospital Luis Calvo Mackenna.

 


Resumen

Introducción: La madre de un niño que ha sufrido abuso sexual tiene un rol complejo tanto en el fenómeno del abuso del hijo como en la reparación psicológica posterior. Con el propósito de establecer la relación entre experiencias de abuso sexual infantil a través de las generaciones, se exploraron aspectos de las historias de madres que pueden estar asociados a la ocurrencia de abuso sexual de los hijos. Método: Se administró una encuesta a dos grupos de madres: uno cuyos hijos fueron abusados y otro con hijos no abusados. Resultados: Las madres de niños abusados sexualmente presentan más reportes de abuso sexual en la infancia, en comparación con el otro grupo. Conclusiones: Existe relación entre el abuso sexual de un hijo y el relato materno de experiencias abusivas en la infancia. Se requiere mayor investigación para explorar factores involucrados en esta relación y si éstos se asocian a capacidades parentales.

(Palabras clave: abuso sexual infantil, ciclo intergeneracional del abuso, adulto protector).

Introduction: Mothers of sexually abused children have a complex role both in the event of abuse and in its psychological treatment. Objective: to establish a relationship between childhood sexual abuse across the generations, we explored the key issues in the mother’s history and related it to the children. Method: A questionnaire was answered by two groups of mothers; those with sexually abused children and those not. The study describes the characteristics of abuse in both mother and child. Results: The mothers of sexually abused children had suffered abuse as children in comparison with mothers of non abused children. Conclusions: There exists a relation between mothers reportedly sexually abused during childhood and the abuse of their child. This need further investigation to explore factors involved in this relationship and the possible association with parental capacities.

(Key words: child sexual abuse, intergenerational cycle of abuse, non offending mother).


INTRODUCCIÓN

El abuso sexual infantil y las dinámicas de relación que este implica es un tipo de experiencia que transcurre en una familia. Algunos autores plantean que un posible factor en las relaciones abusivas familiares puede corresponder a un proceso de transmisión intergeneracional1,2.

Durante 5 años, en un centro especializado en abuso infantil grave, se condujeron talleres a madres de niños víctimas de abuso sexual, surgiendo con frecuencia información relevante acerca de la historia personal de las madres. Muchos de esos relatos contenían experiencias de abuso sexual infantil, de familias de origen disfuncionales y relaciones conflictivas de pareja. Otro aspecto de los relatos de las madres que tendía a repetirse era un fuerte sentimiento de culpa por lo ocurrido a sus hijos y cierta ambivalencia en torno a la experiencia sufrida por los hijos. A partir de estas observaciones, se plantearon algunas interrogantes. ¿Qué consecuencias tienen las experiencias de abuso infantil? ¿Cómo impactan en el rol parental? Un tema recurrente entre las madres era el no haber distinguido claves que les permitieran sospechar el abuso que sufrían sus hijos. La percepción de si mismas, era haber sido “confiadas, ciegas y sordas” a las dinámicas abusivas, lo que las habría llevado a una especie de fracaso personal en el ejercicio del su rol como madres.

La información disponible del abuso sexual proviene fundamentalmente de encuestas realizadas en adultos, que revelan que la prevalencia es entre 10 a 50%25, dependiendo de la definición que utilicen los investigadores. En Chile, un estudio realizado en adolescentes6 reveló que un 9,3% de los encuestados refirieron haber sufrido abuso sexual.

El abuso sexual infantil constituye uno de los traumas psíquicos más intensos y sus consecuencias suelen ser destructivas para la estructuración de la personalidad7. Un alto porcentaje de mujeres con trastornos psiquiátricos tiene como antecedente el haber sufrido abuso sexual infantil8.

Las investigaciones que abordan esta línea temática no presentan aún un nivel amplio de desarrollo. Algunos autores, en sus prácticas clínicas, reportan una relación entre madres víctimas de abuso sexual e hijos que sufren esta misma experiencia3,9,10. Estudios extranjeros que se han abocado al tema de la transmisión intergeneracional del abuso sexual señalan que alrededor de un 50% de las mujeres víctimas de abuso sexual en su niñez reportaban abuso de uno o más hijos1113.

Glaser opina que la experiencia abusiva parece comportarse como una cadena intergeneracional de traspaso2. Se refiere a este fenómeno como “encadenamiento materno” del abuso sexual entre madres e hijas/os, aún cuando reconoce que quienes abusan suelen ser otras personas. Según la autora, las propias y urgentes necesidades no satisfechas de las madres combretirían con las intensas demandas de sus hijos, dificultando una actitud protectora hacia ellos2. Por otra parte, Perrone14 concordando con la tesis de un ambiente relacional que predispone a situaciones de riesgo de abuso en la infancia, ha identificado mecanismos psicológicos relacionales asociados al abuso sexual, que denomina “hechizo”. El hechizo sería la inducción a una relación de dominio por el perpetrador sope su víctima, que anula la conciencia y sus capacidades perceptuales. Este autor plantea que este fenómeno de hechizo parece no concluir una vez que ha terminado el abuso. De acuerdo a Glaser15, una consecuencia del abuso sexual en niños y niñas sería la predisposición a ser víctimas de otros abusadores. Bentovim describe en los niños hombrees una disposición a “externalizar” las consecuencias de su experiencia de abuso sexual, lo que se traduciría en la eventual presencia de conductas abusivas hacia otros. En contraste, se produciría en las niñas una “internalización” de las consecuencias del abuso, mostrando una tendencia a repetir el rol de víctima, lo que podría asociarse a una falla en combretencias básicas de la parentalidad. De esta manera, las víctimas femeninas de abuso sexual se convertirían en presas de hombrees que pueden continuar con el abuso en sus hijos16.

Otras investigaciones17 han estudiado la relación entre patrones interaccionales familiares y la ocurrencia de abuso sexual infantil, encontrando evidencia que familias en las que habría ocurrido situaciones de abuso sexual, mostraban una mayor tendencia a mantener sistemas de creencias rígidos, coalición parental disfuncional, incapacidad en permitir el desarrollo de autonomía en los hijos, no disponibilidad emocional de los padres que estaban más centrados en sus propias necesidades que en las de sus hijos. Tener una madre ausente o enferma también puede ser un predictor de abuso sexual2.

Así, se han descrito características psicológicas y patrones de interacción entre las personas involucradas en dinámicas abusivas16, sin embargo, las autoras de este estudio no encontraron cifras de prevalencia, ni nacionales ni en el extranjero, de abuso sexual en madres de hijos abusados sexualmente.

A partir de todo lo expuesto surgió el interés por conocer algunos aspectos de las historias de las madres que podrían operar como factores de riesgo y ser predictores de abuso sexual infantil de los hijos.

El objetivo planteado en este estudio es establecer la relación entre experiencias abusivas en la infancia de las madres y la ocurrencia de abuso sexual de los hijos.

MATERIAL Y MÉTODO

El estudio se llevó a cabo durante el año 2002, concentrándose el tiempo de administración del instrumento en los últimos 4 meses. Se diseñó un estudio de caso control de tipo retrospectivo que consideró la comparación de dos grupos de mujeres adultas. Para la selección de las participantes se utilizó un muestreo intencionado, no probabilístico. La población de interés estaba constituida por madres consultantes en dos servicios del Hospital pediátrico Luis Calvo Mackenna. El grupo en estudio estaba formado por madres de niños consultantes en PREVIF (Fundación de Prevención de Violencia Intrafamiliar) que habían sido víctimas de abuso sexual. El grupo control estaba conformado por madres de niños que consultaban en Neurología, por problemas médicos no asociados a abuso sexual.

Respondieron la encuesta 44 madres de PREVIF (grupo I) y 45 del grupo control (grupo II). Se excluyeron de la muestra aquellas madres que mostraron poca colaboración en el estudio.

Las madres de niños abusados sexualmente y las madres de niños no abusados tienen características similares en edad, con una mediana de 35 y 36 años, respectivamente y un rango de edad entre 20 y 59 años. El número de hijos por mujer fue de 2,3 en el grupo I y 2,2 en el grupo II. No había diferencias significativas en el nivel socioeconómico, educacional y laboral de las encuestadas entre los dos grupos. Tanto en el grupo en estudio como en el grupo control, los pacientes que consultan se encuentran en un rango de edad de 0 a 15 años. No se registró la edad de los niños en el momento de ser administrada la encuesta.

Se elaboró una encuesta para ser contestada en forma anónima, confidencial y voluntaria. Se desarrolló un proceso de construcción de este instrumento que se inició con la definición de los dominios a evaluar: las experiencias abusivas en la infancia de las madres, las experiencias abusivas en las relaciones adultas y el abuso sexual de los hijos. El instrumento resultante fue validado mediante la administración en un estudio piloto y por un comité de expertos con el objetivo de verificar el grado de comprensión de las preguntas y su capacidad de discriminación entre experiencias de abuso y no abuso. Después de las modificaciones correspondientes, la encuesta fue administrada a los dos grupos ya mencionados, previa firma de un consentimiento informado. La encuesta era entregada en un sope, para ser contestada al momento, en forma individual y devuelta en el sope sellado. Este procedimiento contó con la aprobación del Comité de Ética en investigación del Hospital Luis Calvo Mackenna.

El instrumento exploraba seis temas: a) demográficos; b) experiencias de abuso sexual infantil; c) otras experiencias infantiles abusivas; d) abuso sexual de los hijos; e) características de su relación de pareja y f) experiencias abusivas familiares en la edad adulta.

Se consignó como abuso sexual infantil de las madres las respuestas afirmativas a por lo menos una de las siguientes preguntas: a) haber sufrido abuso sexual en la infancia o adolescencia; b) no haber consentido en la primera relación sexual siendo menor de edad, y c) haber tenido una primera relación sexual en circunstancias de “engaño, forzada o violenta” siendo menor de edad.

Criterios de inclusión y exclusión:

Se consideró para el grupo en estudio a las madres de niños que habían sufrido abuso sexual, que reunieran dos criterios: 1) los niños presentaran evidencia médica de abuso sexual y/o proporcionaran un relato de abuso sexual coherente validado por un psicólogo especializado en el tema y 2) las participantes respondieran afirmativamente que sus hijos habían sufrido abuso sexual.

Por ser el abuso infantil de difícil diagnóstico, era necesaria la conjunción de estos criterios. La existencia de evidencia médica o psicológica de abuso debía estar ratificada por un experto en el tema. El grupo control fue obtenido de la población general consultante al servicio de Neumología del hospital. En la conformación de este grupo no se realizó el proceso de diagnóstico descrito por razones éticas, prácticas y de recursos, por tratarse de procedimientos invasivos, desgastantes y estresantes para el niño y su familia.

RESULTADOS

En las 89 mujeres estudiadas, 39 reportaron haber sufrido abuso sexual en la infancia (43,8%). En un 97,4% de estos casos, los agresores fueron hombrees. La mediana de edad del agresor fue de 38 años (rango entre 8 y 70 años). Un 17,6% de los abusadores era menor de edad. El 93% de los agresores se sitúan en el entorno cercano de la víctima. El tipo de abuso sexual más reportado fue caricias indeseadas en zona genital o anal (44%). Otros tipos de abuso sexual consignados fueron incitación a realizar actos sexuales indeseados (23,7%), violación (21%), introducción de objetos, dedo o pene en vagina o ano (5,3%) y exposición involuntaria a pornografía (5,3%).

En cuanto a los hijos abusados, estos tenían una edad media de 7 años (con un rango de edades de 2 a 14 años). De un total de 45 niños abusados (había una pareja de hermanos), 75,5% era de sexo femenino, 15,5% de sexo masculino y 3 no contestaron. Los abusadores de sexo masculino constituían un 90,9%, de sexo femenino un 6,8% y en un caso se desconocía el sexo del agresor. Los agresores eran mayoritariamente conocidos por sus víctimas (93,2%), perteneciendo a su núcleo familiar en 70,4% de los casos. El padre biológico fue el más mencionado como agresor (31,8%). En el abuso sexual de los hijos se observó mayor frecuencia de lazos familiares con el agresor que en el abuso sexual de las madres.

Las madres de niños que sufrieron abuso sexual reportaron más antecedentes de abuso sexual en su infancia (61,4%) que las madres de niños no abusados (26,7%). De acuerdo con los datos, la probabilidad de reporte de abuso sexual en la infancia (Odds) en el grupo de casos es 1,59 mientras que en el grupo control es de 0,36 con un Odds Ratio de 4,37 (tabla 1).


Se consignó la presencia de los siguientes tipos de abuso en la infancia de las madres: a) maltrato físico (golpes, quemaduras, fracturas, heridas); b) maltrato psicológico (insultos, indiferencia, abandono, descalificaciones) y c) presenciar relaciones sexuales de adultos, considerando que esto podía representar una forma de trato abusivo por parte de los padres.

El 72,7% de las madres de niños abusados reportó haber sufrido abuso psicológico en la infancia, lo que presentó diferencias estadísticamente significativas con el grupo II, que reportó este tipo de abuso en 33,3%. El abuso psicológico en la infancia de las mujeres se correlacionó significativamente con sufrir abuso sexual infantil (tabla 2).


En ambos grupos el presenciar relaciones sexuales de los adultos fue un hecho frecuente, que no mostró diferencias significativas. Tampoco se apreció correlación entre haber sufrido abuso físico en la infancia y el abuso sexual de un hijo.

Las mujeres que refirieron abuso sexual infantil reportaron menor porcentaje de relaciones calificadas como positivas con sus madres (53,8%) que las del grupo control (78%).

En cuanto a la situación actual de pareja, un 51,1% de las madres del grupo I, tenía pareja estable, en comparación con el 82,2% del grupo II. Se observó correlación entre abuso sexual en la infancia de las madres y violencia conyugal (r = 0,228 con p < 0,05), entre abuso sexual en la infancia y maltrato de hijos por parte de la pareja (r = 0,251 con p < 0,05) y también entre violencia conyugal y la ocurrencia de abuso sexual en los hijos (r = 0,211 con p < 0,05).

DISCUSIÓN

Los resultados del presente estudio apuntan a una relación entre experiencias de abuso a través de las generaciones. Así, las madres de niños abusados sexualmente presentaron significativamente más experiencias de abuso sexual infantil que aquellas cuyos hijos no fueron abusados. Es difícil explicar que mujeres que han sufrido abuso sexual en su infancia estén más expuestas a que sus propios hijos sean víctimas. El sentido común apuntaría en dirección opuesta, sosteniendo la idea que quienes vivieron esta experiencia estarían más preparadas a anticipar el riesgo para sus hijos. Cabe preguntarse qué daños produjo el abuso sexual en ellas y si esto tiene relación con la forma en que desarrollan la capacidad de protección de sus hijos, pudiendo traducirse en un facilitador de la ocurrencia de abuso sexual en los hijos.

El alto reporte de abuso sexual de las madres de niños abusados en el presente trabajo, lleva también a preguntarse acerca de cómo operan los mecanismos de recuperación e interpretación de la propia historia, cuando se tiene la experiencia de sufrir el abuso de un hijo. Habría que plantearse si una vivencia como esta puede llevar a recordar hechos olvidados y/o asignar el carácter de abuso a experiencias que de otro modo no habrían sido consideradas como tales, dando cuenta de un proceso personal de redefinición del concepto de abuso sexual. Esta idea puede originar otras líneas de investigación.

Otro resultado de interés apunta a la relación entre abuso psicológico en la infancia de las madres y abuso sexual de los hijos. Glaser e Intebbi2,7 señalan que el maltrato psicológico constituye un factor de riesgo para sufrir otras situaciones abusivas. En estudios realizados en agresores sexuales adultos, en que se les preguntó a estos cómo escogían a sus víctimas, ellos relataron que buscaban a niños aislados, pasivos, emocionalmente vulnerables, en que se anticipaba que no buscarían ayuda14. Las características mencionadas por los agresores corresponden a niños que sufren maltrato psicológico.

Por otra parte, explorando la relación entre experiencias de abuso sexual infantil de las mujeres y abuso en las relaciones adultas, las madres de niños abusados sexualmente tuvieron más situaciones de violencia conyugal con su pareja actual que las madres de niños no abusados. Es posible que estas mujeres hayan estado más concentradas en sortear sus propios problemas que en la protección de sus hijos.

Así el abuso sexual y psicológico sufrido en la infancia, podría llevar a experiencias como víctima de abuso en la edad adulta que afecten de un modo general a la conducta, dando cuenta entre otras dificultades de un menor desembreño de las habilidades parentales y protectoras de los hijos. Se podría hipotetizar que el abuso sexual y psicológico en la infancia tienen un efecto, mediado por la definición como víctima, en disminuir la capacidad protectora parental, constituyendo un factor de riesgo para abuso sexual de los hijos.

El abuso sexual infantil sigue siendo un tema difícil de estudiar. La mayor cantidad de datos de los que se dispone provienen de reportes retroactivos, los que, aunque de gran utilidad, presentan dificultades para estimar la veracidad del recuerdo y la correspondencia de los datos entregados con los hechos a los que se hace referencia. Sin embargo, en un tema como el abuso sexual, no existe la posibilidad de observación externa que proporcione un criterio objetivo18.

Un problema de difícil solución en este tipo de investigación tiene relación con el criterio de inclusión del grupo de madres de niños considerados “no abusados”, en el cual no se pudo seguir con el mismo rigor el procedimiento diagnóstico que en el grupo de niños “abusados”. Considerando el carácter secreto del abuso, sería posible que en el grupo considerado “no abusado” existieran casos que no hayan sido revelados19. La posibilidad de este sesgo y su interferencia con los resultados, es un tema que debe tenerse presente en este campo.

El instrumento utilizado en el presente estudio requiere aún de perfeccionamiento para mejorar la validez y continuar esta línea de investigación.

El conocimiento logrado en todo este proceso, puede servir de base para elaborar modelos de comprensión del abuso sexual y de las dinámicas de interacciones asociadas a éste que permitan proponer estrategias de intervención.

 

AGRADECIMIENTOS

Jorge Manzi, Psicólogo, Pontifica Universidad Católica de Chile; Andrés Jaramillo, Psicólogo y Metodólogo Pontifica Universidad Católica de Chile; María Teresa del Río, psicóloga clínica.

 

REFERENCIAS

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19.- Furniss T: The Multiprofesional Handbook of Child Sexual Abuse. London. Routledge 1991: 22-32.         [ Links ]

 


Mother & Child Maxine Noel 1

Un artículo de la revista: Subjetividad y Procesos Cognitivos

http://dspace.uces.edu.ar:8180/jspui/bitstream/123456789/503/1/Algo_le_va_a_pasar.pdf

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Autor: victormcoach

Profesor. Coach. Asesor Editorial

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