El principio de Peter

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El principio de Peter y su aplicación al colectivo docente

Posted by on feb 14, 2012

l Principio de Peter, también conocido como el principio de la incompetencia de Peter afirma que “las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia”.

Por tanto y, aplicando dicha máxima a la situación de los funcionarios docentes, nos encontramos con situaciones que hacen tambalear el propio sistema educativo. Docentes que, base a méritos más o menos objetivables, ascienden a determinados cargos educativos (considerar el de los cargos unipersonales de Dirección de los centros educativos puede ser cuestionable, a excepción que consideremos los mismos como perennes e indefinidos a efectos de la máxima del principio -cosa que sucede “de forma encubierta” en muchas CC.AA. y “de forma pseudolegal” en Cataluña mediante unas acreditaciones que les permitirán ocupar el cargo sine die-) y, se encuentran sujetos a los siguientes corolarios del propio principio:

  • Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones
  • El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su sistema de incompetencia

Nos encontraríamos así, con la teorización de los comportamientos que se observan en muchos docentes que, promovidos a diferentes cargos educativos y, en los cuales llevan un largo período de tiempo, donde se percibe una cierta pérdida de la realidad de las aulas. ¿Ello es bueno para el propio sistema? ¿El alejamiento de, en otra época docentes de aula, durante largos periodos de tiempo promovidos a diferentes cargos es positivo? Me genera mis dudas el afirmarlo ya que, por motivos de la experiencia adquirida en los mismos, hace que su facilidad de manejo a la nueva realidad laboral pueda realizarse de forma más efectiva y sencilla. Aunque, quizás sería lógico tener en cuenta el aforismo de Ortega y Gasset cuando, en referencia a los empleados públicos comentó que “todos los empleados públicos debían descender a su grado inmediatamente inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”.

¿Qué hacemos? ¿Mantenemos los ascensos o realizamos un vaivén del sistema? ¿Devolvemos a los docentes que estaban ocupando cargos de responsabilidad al aula, con la experiencia adquirida en esos años, antes que, según el propio Principio se vuelvan indolentes e incapaces, o ninguneamos la aplicabilidad del mismo al sector docente considerando que la incapacidad, en caso de producirse, sea transitoria?

Este Principio tiene una connotación interesante (más allá de la creencia o no en el mismo): la necesidad de establecer un sistema de promoción profesional docente, por escalones y, en condiciones. Que primen más las capacidades y méritos objetivos que cualquier elemento externo y, que permitan ser subidos o bajados los escalones de dicha profesión de forma flexible y sencilla. Si alguien no sirve en escalones superiores, y ha demostrado su incapacidad de una forma manifiesta, que baje hasta donde sea útil para el sistema. Si alguien promociona y es válido en su nuevo estado, mantenerlo. Es algo a analizar, más allá de utilizar este principio de forma totalmente demagógica en uno u otro sentido.

Si se ha de establecer un sistema de promoción, que el mismo se abra a todos. Que todos los docentes de este país puedan acceder en igualdad de condiciones y que se primen los sistemas de objetividad y equidad en esas promociones. No es lógico ni razonable, en un sistema como el actual, donde una parte de la culpa del fracaso escolar recae en una mala gestión de sus recursos humanos, que se puedan blindar plazas de promoción a docentes por motivos extraprofesionales.

Aparte de lo anterior, quizás sería bueno establecer, tal como se nos comenta en algunas revisiones neoliberales del propio Principio, que he ido leyendo en diferentes lugares, la posibilidad de realizar un intercambio de estadios de promoción nominales por cantidades económicas. Podría ser que alguien no quiera ascender porque en ese estadio nuevo de promoción iría ligado el mismo a un desligamiento progresivo del aula. Por tanto, ¿por qué no “vender” ese ascenso a la propia Administración a cambio de algún tipo de prebendas? ¿Sería posible establecer ascensos sin necesidad de abandonar el aula y manteniendo las retribuciones económicas que supondrían los mismos? ¿Sería factible renunciar a esas retribuciones económicas con el fin de ascender? Mucho que hablar para, en base a un Principio más o menos creíble, establecer una carrera profesional docente en condiciones.

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