Libros de autoayuda… ¡para niños!

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El boom de los libros de autoayuda infantil
/ Visto en: La Nación Por Juan Carlos Ramírez

Podría ser el nuevo fenómeno de la literatura infantil. A medio camino entre la narrativa y la novela gráfica, con el mismo mensaje de los libros de Coelho, pero para los más chicos. ¿Peligrosos? ¿Edificantes? En Chile acaba de publicarse “El secreto de Milton”, la primera obra internacional de envergadura de esta corriente.

El boom de los libros de autoayuda infantil

Milton la pasa mal. En el colegio, un compañero mucho más grande que él lo molesta y zamarrea. Su gato fue mordido por el perro de enfrente. Y, para más remate, sólo su abuelo le toma el peso a la situación. Hasta que se duerme y tiene un extraño sueño donde un personaje con rasgos egipcios le explica que para vencer todas las desgracias que le suceden, debe vivir en el “ahora”. Un estado mental que está dentro de sí mismo.

Así comienza “El secreto de Milton” (Norma), el primer libro de autoayuda para niños que llega a Chile. Un subgénero novedoso y que aún no ha sido analizado en cuanto a impacto, positivo o negativo, en su público objetivo. Su subtítulo lo dice todo: “Una aventura hacia el descubrimiento del poder del ahora”

Si “Juan Salvador Gaviota” o “El Principito” tenían elementos metafóricos que apelaban al autodescubrimiento, acá el mensaje es explícito: las respuestas están dentro de uno. Sólo abriéndose a la conciencia se puede triunfar en la vida.

Su autor, el alemán Eckhart Tolle (62), ha sido definido como “maestro espiritual” y en cada entrevista aclara que toda su “doctrina” viene de una iluminación personal. ”Todo empezó una noche cuando experimenté una especie de transformación de la conciencia. Al día siguiente, me encontré de repente en un estado de paz interior que después ya nunca me ha dejado. Desde entonces, siempre he tenido en el fondo un estado de paz”, asegura.

Le acompaña en esta obra -mitad cuento, mitad ilustración- Robert S. Friedman, cofundador de la Editorial Hampton Roads, que publica libros de motivación empresarial. Completa el equipo el talentoso ilustrador Frank Riccio, que lejos de los monstruos-buenos o la ternura ondera de la gráfica infantil actual, optó por cosas más concretas: suburbios, piezas, gente rubia. Bien gringa.

El género, en todo caso, no es totalmente nuevo. Ya en 2003 se había publicado “¿Quién se ha llevado mi queso para niños”, del sicólogo y médico Spencer Johnson. Una versión más simple del clásico libro motivacional-empresarial. La historia de los ratones que ven sorprendidos cómo desaparece un queso gigante. Una metáfora de la felicidad, dice su autor.

La diferencia entre estos libros y las fábulas -que precisamente se basan en una “lección” o “enseñanza para la vida”- es que la autoayuda propone que las respuestas están “dentro del mismo protagonista”. Ya no es tan necesario “el otro”. Pero al mismo tiempo propone la autorrealización a través del trabajo personal, una visión de vida incrustada, vía protestantismo liberal, en la cultura anglosajona.

Eckhart insiste, de hecho: “Lo que uno experimenta como la vida exterior, las situaciones que uno encuentra, las cosas que pasan, las relaciones que tiene, es decir, el modo en que la persona experimenta la vida, es siempre un reflejo de su conciencia, de su estado interior, del estado de la mente. Si una persona, por ejemplo, siempre está rodeada de personas violentas, en cada situación encuentra violencia, y eso significa que hay algo dentro que es una fuerza violenta, agresiva”.

En el libro vemos al pequeño Milton siendo molestado, violentado y sufriendo en su entorno. Curiosamente, quien lo molesta es un muchacho moreno, mientras que él es rubio. Su casa es el idílico hogar grande y de arquitectura victoriana. Sin embargo, casi siempre está solo. Sólo Hernando, su abuelo, como decíamos, lo entiende y lo aproxima a este mundo mágico donde descubre el poder para vencer su infantil depresión.

El autor, por cierto, tiene una teoría bien clara: “Estamos aquí para que la conciencia pueda florecer a través de esta forma y entrar en el mundo de las formas para transformarlo. El propósito de la vida, en lo profundo, es ser como una puerta para la dimensión sin forma, que entonces convierte el mundo en algo que ya no es hostil”.

¿Pegará entre el público infantil nacional? Eso quisimos averiguar.

“No se entiende bien”

Carlos tiene ocho años, es inquieto y sus papás (periodista y bibliotecaria) han intentado inculcarle amor por la lectura. En el céntrico departamento que arriendan hay dos anaqueles repletos de libros. La mitad es para él e incluye desde cuento a cómic.

“Es raro. La parte donde lo molesta el niño más grande está bien… pero cuando se pone fantástico todo, es un poco irreal”, opina. “Y no se entiende mucho eso del poder que está dentro suyo”, reflexiona.

El niño dice que no le gustó mucho, ni siquiera los dibujos. No sólo porque es muy “fantástico”, sino porque el protagonista no genera empatía. “El Milton no cae bien. Es medio pavo. Con razón lo tratan mal, si ni siquiera sabe defenderse”, dice.

Enseñanza bonita

Carolina tiene 10 años y ya ha leído “Crepúsculo”, la famosa novela de vampiros. Dice que el libro es muy distinto. “Parece que es para niños más chicos que yo, pero no es tan fácil”. Dice que es muy difícil que se entienda eso de que el control de la vida está dentro de uno. “Pero igual es bonita la enseñanza”.

Ella dice que tiene compañeros que son muy violentos o molestosos porque no saben relacionarse. “Y acá como que la respuesta es pacífica. Nadie le pega puñetes a nadie”.

“Raro”

Manuel tiene 12 años y está más interesado en el Mundial que en leer. Aunque no es del todo tan exacto, porque pasa mucho tiempo online leyendo.

“No me gustó tanto el libro. Es como deprimente. Y muy gringo. El protagonista es muy pasivo. Todos le pasan por encima y él anda lloriqueando. Eso de que el poder está en la mente no me gusta mucho. Yo creo que el poder es feo, es mejor ser buena persona. O jugar en equipo”.

No cree que la autoayuda sea muy adecuada para los niños. “Es más para viejas aburridas”. Y se ríe.

“Género para los niños”

Carlos Quiroga lleva más de dos décadas editando libros educacionales (a razón de uno al año). Es el célebre creador del método de lectura veloz en el país. Él es optimista: “El género de autoayuda funciona maravillosamente con los niños por varios motivos. El principal sea que los procesos de superación y autoauyuda -incluido adultos- se basan en la visualización y eso los niños lo hacen mil veces mejor que los grandes”.

Y agrega: “En segundo lugar, la superación personal cuanto antes es mejor. La mayoría de los médicos en el mundo decidieron serlo a eso de los siete años. ¿Conoces el arbolito de Washington? Cuando está grande, no se puede enderezar”.

Dice que en Chile no hay textos al respecto, lo que produce que a los niños les vaya mal “en el Simce y en la vida”.

De hecho, él podría considerarse un antecedente directo de esta tendencia que avanza con timidez: ha editado textos como “Cuentos con virtudes para formar niños felices con inteligencia emocional”; “Yo amo leer” o “El secreto de los duendes”, completamente dedicado a la superación y autoayuda para los niños.

Sin embargo, a diferencia de los libros estadounidenses, la base de Quiroga es eminentemente educacional y basada en criterios académicos. Nada de experiencias místicas ni maestros interiores.

“Muy estadounidense”

Cecilia Ramírez es profesora de la Universidad de Concepción, especializada en trabajo con niños con trastornos en el desarrollo de la personalidad. Dice que un libro que proponga el individualismo como doctrina de vida es peligroso. “Con mayor razón si es autoayuda para niños. Es la típica fantasía norteamericana de que vas a ser mejor persona si rompes todo vínculo de solidaridad. No es tan inofensivo como parece. Fíjate en sus dibujos: son todos rubios, todos con dinero. Los padres deberían cuidar no sólo lo que ven en la tele, sino lo que leen sus hijos. Si es que leen, lo que a estas alturas es un milagro. Aunque ahora al menos está internet”.

Ramírez recuerda que la autoayuda es un género eminentemente comercial que se aprovecha de los vacíos afectivos y que, a su vez, es funcional a una sociedad que necesita buenos funcionarios en lugar de personas. Es viejo el chiste, pero no debe olvidarse que al final, los únicos que se autoayudan son los autores de estos textos”. //LND

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3 comentarios sobre “Libros de autoayuda… ¡para niños!

    kathleen escribió:
    21 septiembre 2010 en 12:38

    hola

    anaid escribió:
    9 junio 2012 en 04:39

    qqqqqqqqqqqq mal este dia hubo temblor =(

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